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YUGOESLAVIA. LA EXPERIENCIA DE LA AUTOGESTION. EXPERIENCIAS DE SOCIALISMO

Las experiencias históricas de transición al socialismo
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LA EXPERIENCIA DE LA AUTOGESTIÓN EN
YUGOSLAVIA
En los siguientes tres casos que se van a analizar se pretende prestar mayor
atención a las características particulares que les diferenciaron del modelo soviético,
dando por supuesto que gran parte de los problemas sociales, políticos y económicos del
socialismo eurosoviético anteriormente analizados son extensibles a estos otros casos,
en los que, sin embargo, sus peculiaridades distintivas originaron desarrollos diferentes
con resultados finales en un caso similar a los del modelo eurosoviético (el hundimiento
de la Yugoslavia autogestionaria), y en los otros dos diferentes (China y Cuba).
Aunque el sistema socialista yugoslavo se hundió en la misma etapa histórica
que el resto del socialismo eurosoviético, con unas consecuencias mucho más
dramáticas que las de aquellos dada la desmembración de Yugoslavia como unidad
política unitaria en medio de una serie de guerras civiles, su experiencia fue diferente
de los países que copiaron el modelo soviético más o menos fielmente. Después de su
ruptura con Stalin, en 1948, Yugoslavia inició una práctica diferente de la gestión de su
economía, abandonando el hipercentralismo planificador, que caracterizaba al resto de
los países del socialismo real en aquellos momentos, dando lugar a una nueva práctica
basada en la autogestión. Por estas razones se la puede considerar cronológicamente la
segunda experiencia diferente del intento de construir una sociedad socialista. Como
todas las que estamos analizando, estas experiencias, que tuvieron la posibilidad de
intentar poner en práctica los postulados socialistas durante un tiempo amplio, se
reclaman del tronco común del pensamiento marxista, pero su desarrollo práctico tuvo
características diferentes a pesar de sus elementos comunes (acceso al poder tras una
victoria revolucionaria después de un período de guerra, monopolio político del partido
comunista, etc).
Como es conocido el sistema socialista se implantó en Yugoslavia como
consecuencia de la victoria obtenida sobre los ocupantes nazis en la II Guerra Mundial.
Al contrario del resto de los países del socialismo real en Europa oriental, cuya
liberación de la ocupación nazi y la posterior implantación del socialismo fue
conseguida gracias al avance del ejército soviético, la liberación yugoslava fue una
gesta autónoma que permitió a Tito y los dirigentes comunistas yugoslavos plantear una
política independiente frente a los dictados de Stalin, lo que terminó llevando a la
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ruptura en 1948 y a la excomunión de Yugoslavia dentro del movimiento comunista.
Dando su justa importancia a esta gesta autónoma, la victoria política de los comunistas
yugoslavos al final de la guerra fue conseguida a la vez contra los invasores nazis,
contra los chetniks favorables al Rey, contra los aliados occidentales que sostenían al
gobierno en el exilio y contra los dirigentes de la URSS, cuyo desacuerdo con la línea
seguida por los comunistas yugoslavos era explícito.
La estrategia autónoma seguida por los comunistas yugoslavos frente al invasor
nazi tuvo profundas consecuencias como recuerda Georges Guezennec69, pues esta
diferente estrategia de los comunistas yugoslavos, consistente en liberar por sus propias
fuerzas a su país, con relación al resto de las resistencias de los países europeos
ocupados − basada en debilitar a las fuerzas hitlerianas mediante la guerrilla, esperando
la derrota de los ejércitos alemanes por las fuerzas aliadas − explica el resultado de la
posguerra, los yugoslavos decidieron ellos mismos su destino, el del resto fue decidido
en Yalta.
Más tarde vendría el enfrentamiento chino-soviético que acabaría
definitivamente con la pretensión de Moscú de actuar como el centro definidor de las
políticas de todo el movimiento comunista. También se produciría después de la muerte
de Stalin una reconciliación parcial de los yugoslavos con los soviéticos, pero ahora lo
que interesa destacar es que la ruptura de 1948 es el hecho la que permite un desarrollo
diferente del socialismo yugoslavo.
Como el resto de las democracias populares, Yugoslavia adoptó inicialmente el
modelo soviético basado en el monopolio político del partido comunista, las
colectivizaciones y la economía centralmente planificada. De estas tres características,
la primera se mantendría inamovible, la segunda sería modificada, pero sería la tercera
la que conocería más cambios al implantarse el sistema autogestionario.
Las razones que llevaron a los dirigentes yugoslavos a modificar su modelo de
construcción del socialismo inclinándose por la autogestión son controvertidas. Hay
autores70 que señalan la voluntad de implantar un sistema de democracia directa basado
en los consejos obreros que acabase con el burocratismo. Efectivamente, Tito interpretó
el hegemonismo stalinista como una consecuencia exterior del dominio del
burocratismo con apoyos en la burocracia interior. Estos autores también reconocen que
69 Guezennec, Georges, La Yougoslavie autogestionnaire. Bilan critique de une époque prestigieuse. Editions Créer, Francia, 1991,
pág. 29
70 Droz, Jacques (coord..), Historia general del socialismo. De 1945 a nuestros días, Ediciones Destinolibro, Barcelona, 1986, págs.
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no fue una decisión compartida por todos los dirigentes, pues una parte siguió
apostando por un modelo centralizado y planificador – el ministro de la policía
Rankovich apoyado por los serbios, frente a los partidarios de la autogestión inspirada
por Kardelj -, solo a partir de 1966 se terminó por imponer definitivamente esta última
opción. Para otros autores71, sin embargo, es este conflicto interior entre los dirigentes
yugoslavos, reflejo del enfrentamiento exterior con Stalin, lo que lleva a la dirección
titoísta a implantar el sistema de consejos obreros como manera de obtener el apoyo de
las masas frente a la burocracia interna aliada del stalinismo, por ello mismo, el cambio
no afecta al papel dirigente del partido, ni a su monopolio del poder político.
Catherine Samary72 sitúa las causas de la ruptura de los comunistas yugoslavos
con la URSS en el rechazo de los primeros al intento de los soviéticos de explotar en su
provecho económicamente a Yugoslavia, ruptura que los yugoslavos intentaron evitar
llegando incluso, en 1950, a adoptar la colectivización de la tierra con el objeto de
complacer a Stalin. Esta autora también considera la adopción de la autogestión como
una consecuencia de la ruptura con Stalin en 1948, buscando formas más flexibles de
organización de la sociedad que permitiesen al régimen consolidar sus raíces populares.
En un contexto de aislamiento y de bloqueo económico por parte de los países
hermanos, era decisivo reforzar la base social del poder. Esta será la función de la
adopción de la autogestión, lo mismo que la descolectivización de la tierra a partir de
1953.
La interpretación de Georges Guezennec73 pretende rebajar la importancia de
este enfrentamiento en el cambio de modelo en Yugoslavia. Si este país había adoptado
inicialmente un modelo copiado del soviético no se debía únicamente a la influencia del
dogmatismo stalinista entre los propios comunistas yugoslavos, sino también a la
existencia de factores objetivos, el rol dirigente del Estado en la organización
económica fue una necesidad tanto por la situación de destrucción en que quedó
Yugoslavia al finalizar la II Guerra Mundial, como por la falta de preparación de los
obreros para gestionar las empresas.
El modelo autogestionario implantado en Yugoslavia a partir de 1950 fue
cambiando a lo largo del tiempo. Podemos distinguir tres periodizaciones para seguir su
71 Ivo, La autogestión en Yugoslavia, , http://www.cellfrancescsabat.org/…/07. Art. Ivo. La autogestion en yugoslavia.pdf. págs. 2-3
72 Samary, Catherine, Le marché contre l’autogestion. La experience yougoslave, Publisud / La Brêche, París, 1988, págs. 69-72
73 Guezennec, Georges, op. cit., págs. 50-51
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evolución, la primera es la que utiliza Claudio Nascimento74 y que describe en cinco
etapas: En la primera, entre 1949-53 se producen los primeros cambios en el sistema
económico de administración centralizada, formándose los consejos obreros en las
empresas, los comités populares para el autogobierno local y una segunda cámara
representativa a nivel de distrito y comuna elegida por los trabajadores autogestionados.
En la segunda etapa, entre 1953-63, se asiste a una extensión de la autogestión a nuevos
sectores, incluidas las actividades extraeconómicas como la educación, la sanidad o los
servicios sociales; se produce una profundización de las relaciones autogestionarias y de
la democratización, se refuerza la autonomía de las empresas en su gestión, y se amplia
el autogobierno local, pasando a ser competencia de las comunas la mayor parte de las
competencias que permanecían en manos del Estado. El sistema socioeconómico
yugoslavo adquiere un carácter dual, de un lado aparece la autogestión en las empresas
y servicios sociales, pero de otra, los medios para la reproducción ampliada de la
sociedad permanecían en manos del Estado. Cuando en 1961 aparecen tendencias
negativas económicas, se acusa de esta situación al control de esas competencias por el
Estado. Por ello, en la tercera etapa que discurre entre 1963-74 los fondos de inversión
que gestionaba el Estado pasaron a manos de los bancos autogestionados; sin embargo,
este poder de los bancos se volvió contra los trabajadores pues en la práctica estaban
sometidos a los funcionarios estatales y a los directores de las grandes empresas,
formándose así un tipo de capital financiero sin control social, “Así, el poder arbitrario
de los grandes bancos, junto con otros factores, minaban las relaciones de autogestión.”
En esta etapa aumentaron las diferencias de desarrollo entre las regiones a la vez que
creció el peso de la tecnoestructura, que usurpaba los derechos autogestionarios. En la
cuarta etapa entre 1974-8 se realizan esfuerzos por viabilizar estratégicamente el
sistema de autogestión, esfuerzos que habían sido contrarrestados por el poder reforzado
de la tecnocracia. Consecuencia de esta lucha es el nacimiento del concepto de
Organización de Base del Trabajo Asociado cuyos organismos dirigentes se constituyen
en base al principio de delegación. El nuevo sistema político-social se basa no en el
ciudadano que como elector transfiere su derecho de decisión a los representantes, sino
sobre el trabajador-autogestor que elige delegados en diversos niveles y organizaciones.
Ahora bien, continua este autor, en un país como Yugoslavia con altas cotas de
descentralización administrativa, política y económica, la Liga de los Comunistas y
74 Nascimento, Claudio, Do “BECO dos SAPOS” aos CANAVIAIS de CATENDE,
http://www.mte.gov.br/ecosolidaria/prog_becosapos.pdf. págs. 73-79.
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otras instituciones socio-políticas como los sindicatos o la Alianza Socialista estaban
fuertemente centralizadas. En el caso concreto de la LCY estaba presente a través de sus
miembros en todas partes y aseguraba la cohesión; por esta razón, a la vez que el
desenvolvimiento de la autogestión fue impulsado el papel dirigente de la LCY. Partido
próximo al modelo leninista clásico, su situación de partido centralizado y único, en una
sociedad descentralizada, reforzaba su papel de centralizador político.
Georges Geuzennec que, como veremos, atribuye un papel esencial a la crisis
económica mundial desatada en los años 70 en el fracaso del experimento yugoslavo,
considera que el proceso autogestionario debe relacionarse con los tres grandes períodos
económicos conocidos por Yugoslavia entre el final de la II Guerra Mundial y el inicio
de su desintegración: En el primero, que se extiende hasta 1970, Yugoslavia realiza un
importante crecimiento sin endeudamiento exterior. A partir de 1970 aparece la crisis
mundial que lleva al endeudamiento del país balcánico. En el tercer período, a partir de
1980, la crisis y el endeudamiento se agravan, con un hundimiento del crecimiento
económico y del nivel de vida.
Las etapas del desarrollo de la autogestión fueron jalonadas por un cierto
número de medidas legislativas. La primera ley sobre consejos obreros data de junio de
1950, se trata de una autogestión incompleta donde la mayor parte de las prerrogativas
económicas (salarios, precios, nombramientos, inversiones) siguen manteniéndose en
manos del Estado. Entre 1957 y 1960 se produce una ampliación de la autogestión. Pero
es en 1963 cuando la nueva Constitución viene a reconocer la autogestión como un
derecho, y un poco más adelante, con la reforma de 1965 los fondos de inversión dejan
de estar en manos del Estado. La Constitución de 1963 sería posteriormente mejorada
en el sentido de un reforzamiento de la autogestión en 1968, 1969 y 1971. Como muy
bien reconoce este autor, con la reforma de 1965 lo que se establece en Yugoslavia es
una economía de mercado socialista alimentada por empresas autogestionarias, que, en
su opinión, es fundamentalmente diferente de la economía de mercado capitalista. Pero,
se puede apostillar a la vista de la evolución del ejemplo yugoslavo a partir de 1965, que
dicha economía actuó como antesala del retorno al capitalismo. Siendo esto último
innegable, la polémica se centra en torno a las causas que empujaron en dicha
evolución.
El texto jurídico más acabado alcanzado por el sistema autogestionario es la ley
de 1976 sobre el trabajo asociado, donde se instituía “la propiedad social que era una
noción jurídica particular a Yugoslavia. Los medios de producción colectivos no
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pertenecían ni a los particulares, ni al Estado, ni a los grupos. Pertenecían a la sociedad
entera.”75
Esta ley sobre el trabajo asociado será abolida en 1989 con una nueva ley –
impuesta por el FMI para permitir las inversiones extranjeras – que pone la propiedad de
las empresas autogestionadas en manos de los trabajadores de la empresa, abriendo, así,
la vía a las relaciones sociales capitalistas.
Los teóricos de la autogestión yugoslava, especialmente Edouard Kardelj, la
concibieron como un sistema que debiera abarcar todas esferas de la vida social y
política y que liberase al hombre de toda alineación, pero, reconoce Geuzennec, desde
su inicio encontró importantes resistencias tanto en la burocracia del Estado, como en
cuadros del propio PCY. Este autor cree que en Yugoslavia se sentaron las bases de una
democracia autogestionaria, pero sus objetivos no fueron más que imperfectamente
alcanzados.
Geuzzenec realiza un interesante balance crítico de esta experiencia, pero
creemos que no acierta en situar las causas últimas de su derrota debido a su intento por
desligar el destino del sistema de socialismo de mercado del desastre final sufrido por la
experiencia concreta yugoslava.
Diferencia tres tipos distintos de dificultades encontradas por la experiencia
Yugoslava: Las de carácter histórico, originadas en la complejidad del Estado yugoslavo
con sus numerosas naciones, lenguas, religiones, culturas y antagonismos, con los
mismos problemas en su interior, dice, que los existentes entre el Norte y el Sur a nivel
mundial. Las que tienen su origen en el entorno internacional desfavorable para los
países en vías de desarrollo que les impiden cerrar la brecha de retraso respecto a los
países desarrollados y soportar su concurrencia. Las debidas a los errores cometidos por
los propios yugoslavos a partir, sobretodo, de la crisis mundial desatada en los años 70.
Yugoslavia tenía una parte más desarrollada, en la que despuntaba Eslovenia, y
otra meridional más retrasada, especialmente Kosovo, Bosnia, Montenegro y
Macedonia. A pesar de la transferencia de ayuda económica entre las repúblicas ricas y
las pobres, las diferencias entre ellas no dejaron de aumentar, y las más desarrolladas
comenzaron a quejarse por la falta de control de los fondos de ayuda que aportaban. La
discusión por el control de estos fondos se convirtió en el factor de exacerbación
nacionalista más importante. Para este autor la diferencia de nivel cultural y económico
entre las repúblicas fue decisiva en el desarrollo económico y de la autogestión. Los
75 Guezennec, Georges, op. cit., págs. 53
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conflictos nacionalistas es un problema que afecta a muchas partes del mundo, en
absoluto exclusivo de la Yugoslavia socialista, pero en ésta fue aprovechado por las
fuerzas antisocialistas para liquidar el socialismo mediante la vía de la ruptura del
Estado yugoslavo. Para Geuzennec uno de los más graves fracasos de los países
socialistas fue el de no haber extirpado las raíces del nacionalismo, por lo que han
pagado una factura muy cara.
Sin embargo, este autor insiste en que la causa principal y última del fracaso de
la autogestión en Yugoslavia debe imputarse a la crisis económica mundial desatada en
los años 70, para lo que emplea un argumento bastante superficial: antes de dicha crisis
Yugoslavia conoció un gran crecimiento económico sin apenas endeudamiento exterior,
situación que se invirtió a partir de la crisis. Es dicha crisis la que deforma los
resultados de la reforma adoptada en 1965, que en otras condiciones mundiales hubiese
permitido el éxito del sistema de mercado socialista. Es cierto, como él dice, que
Yugoslavia no podía vivir en la autarquía, y que según avanzaba en su desarrollo
necesitaba abrirse cada vez más al mundo, pero no profundiza en esta problemática, la
de la coexistencia de países en transición al socialismo con países capitalistas a los que
no se consigue superar en desarrollo económico, con o sin crisis mundial de por medio.
¿Sin teoría del derrumbe del capitalismo no hay posibilidad de socialismo?.
La crisis económica mundial de los años 70 con sus secuelas de endeudamiento,
deterioro de las relaciones de intercambio, caída del nivel de vida, inflación desbocada,
etc., va a coincidir en el tiempo con la puesta en práctica del socialismo de mercado,
implementado con la reforma de 1965, y las resistencias burocráticas a esta reforma. En
medio de la crisis, y con la ampliación de la actuación de las empresas, éstas se
dedicaron a repartir rentas sin acumular fondos propios y acudieron al endeudamiento.
El aumento inicial del nivel de vida no se correspondía al del producto social y se
importaba para consumir en momentos de crisis. Finalmente la crisis se hace sentir con
toda crudeza y entre 1977 y 1986 los yugoslavos sufren un retroceso de 20 años en su
nivel de vida. El efecto es, de un lado, la perdida de confianza de los trabajadores en el
sistema autogestionario, desilusión que aprovechan los sectores burocráticos contrarios
a este sistema para atacarlo en profundidad. Pero, además, las empresas extranjeras van
a utilizar el endeudamiento exterior para acceder a las empresas yugoslavas
(transformando la deuda en acciones) previa imposición por parte del FMI de la
reestructuración del sistema económico yugoslavo para permitir las inversiones
extranjeras.
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Este comportamiento tan irresponsable e irracional de gran parte de los
trabajadores, de los cuadros políticos y económicos y de las élites intelectuales, que
denota el ascenso de los nacionalismos excluyentes o el apego a valores consumistas sin
tener en cuenta las consecuencias, apunta a fracasos más profundos, algunos de los
cuales son evocados por Gauzennec.
La calidad de la autogestión, reconoce el autor, no depende solo de las leyes y de
las estructuras, sino, sobretodo, del valor moral del hombre, de su sentido cívico, de su
cultura. Los principales retos en Yugoslavia fueron el desarrollo de una cultura de
masas, sin la cual no podía esperarse que creciera, y el de acabar con la alineación en el
trabajo. Sin embargo, la Yugoslavia autogestionaria se encontró muy lejos de alcanzar
este último objetivo de la desalienación. El retraso era de siglos y no se llegó a alcanzar
el cambio cualitativo cultural necesario para crear un hombre nuevo. Señala,
acertadamente, que una sociedad que se encuentre escindida entre la clase obrera y una
inteligencia encargada de educar seguirá conduciendo a la alineación. En este sentido
hay claramente dos problemas planteados: el de cómo liberar tiempo social para la
educación y el cultivo cultural de todos los ciudadanos, y el de cómo articular el trabajo
para evitar la insostenible situación de personas cultas con trabajos alienantes. Al
primero de estos problemas si se refiere Gauzennec cuando apunta a una relación
estrecha entre el progreso tecnológico (que permite liberar tiempo para el ocio), el
desarrollo cultural (solo posible si se dispone de tiempo liberado del trabajo necesario) y
la autogestión (el único sistema adaptado a una sociedad de personas cultas, y
necesitadas de ellas para poder funcionar). Justamente por esta razón es por la que este
autor señala que donde mayores progresos realizó el sistema autogestionario (y el
socialismo de mercado) fue en Eslovenia, al ser la república más desarrollada
económicamente y donde se mantuvo, junto a los grandes medios de producción
autogestionados, la pequeña producción individual. Pero también fue la primera
república que, en 1990, expresó su deseo de alejarse del socialismo y conseguir la
independencia.
El segundo de los problemas evocados solo es tocado de pasada por este autor al
hilo del planteamiento de las dificultades de las empresas autogestionadas para competir
con las capitalistas en el mercado mundial, pues señala que si las empresas
autogestionadas respetan los imperativos humanitarios y ecológicos del socialismo no
serán competitivas en el mercado mundial.
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Siguiendo con este serio problema y planteado desde otro ángulo, Gauzennec
alude a la tensión no resuelta en la Yugoslavia autogestionaria entre la responsabilidad y
la solidaridad, pues un trabajador con garantía permanente de trabajo, si su ingreso
procedente de la repartición de la renta común de la empresa era poco importante, su
interés en la marcha de la empresa en la que trabaja era débil. La autogestión, recuerda,
necesita de una actitud responsable, y ésta, a su vez, de la democracia. Y con ello
entramos en otro de los graves problemas de las experiencias del socialismo real,
incluida Yugoslavia.
En los textos de los principales teóricos de la autogestión yugoslava y en la
práctica inicial de ésta parece alcanzarse un alto grado de democracia y participación.
Gauzennec describe el funcionamiento del sistema de delegaciones existente en todos
los niveles de la vida activa en el interior y exterior de la empresa, “concebido para
hacer participar al mayor número de ciudadanos en la vida del país y para evitar en la
máximo posible la formación de políticos profesionales que hagan de pantallas entre el
ciudadano y el Estado”. La propia estructura de la Asamblea Comunal estaba diseñada
para “asegurar la primacía de los trabajadores, la gestión de los asuntos comunales y el
pluralismo”. 76 En teoría, los delegados en todas las asambleas, desde la base a la
cumbre del Estado, estaban obligados a rendir cuentas ante sus electores, quienes podían
revocar su mandato en todo momento, lo que representaba el aspecto más democrático
del sistema político yugoslavo.
Existían cuatro organizaciones sociopolíticas – la LCY, la Unión de Jóvenes
Socialistas, la Federación de Antiguos Partisanos y la Alianza Socialista – que
designaban los delegados que formaban el Consejo socio-político de las asambleas
comunales. La transformación del PCY en LCY debería haber supuesto su cambio de
rol – pasando de ser un órgano de poder a una fuerza subjetiva, ya que “el poder debía
pertenecer al pueblo, bajo la forma de la autogestión” – lo mismo que las otras
organizaciones socio-políticas, que “debían ser las inspiradoras y las guardianas del
socialismo autogestionario sin, por esto, alienar el poder de los ciudadanos de gestionar
el Estado”.77
En el esquema teórico de Kardelj no solo se contemplaba la separación del
partido y el Estado, sino incluso que el partido mismo languideciese, en la medida en
que se afirmase la democracia autogestionaria.
76 Ibídem, pág. 66
77 Ibídem, pág. 73
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Gauzennec se muestra muy crítico con el stalinismo y reconoce las graves
secuelas que persistieron en Yugoslavia aún después de su ruptura con la URSS en
1948, aludiendo claramente a dos de ellas, al burocratismo obstaculizador de la
autogestión, y a la persistencia de la fusión entre la LCY y el Estado que, entre otras
cosas, llevaba a la necesidad de la afiliación para todo aquel que quisiera hacer carrera
profesional. Es, pues, para este autor la persistencia de fuerzas burocráticas heredadas
del stalinismo las responsables de la frustración en la práctica de este esquema teórico
de democracia autogestionaria. Este argumento le evita tener que profundizar en un
problema común a todas las experiencias de partidos comunistas que toman el poder del
Estado, el que se refiere a su persistente fusión con el Estado, a su control de la sociedad
civil, al sofocamiento de toda auténtica democracia.
La tercera periodización, más compleja, es la utilizada por Catherine Samary78.
Para esta autora en 40 años, Yugoslavia conoció cuatro sistemas distintos de producción
y de intercambio – cuatro modalidades diferentes de articulación del plan, del mercado
y, a partir de los años 50, de la autogestión, combinados con relaciones diferentes con el
mercado mundial. Pero, antes de describir estas cuatro fases hace una distinción sobre
las maneras de articulación entre el plan y el mercado distinguiendo tres grandes
sistemas: “Los sistemas en los que la planificación esta esencialmente fundada sobre las
elecciones en naturaleza de índices físicos y donde las categorías monetarias juegan un
rol subordinado, esencialmente contable, no activo (…)las pérdidas y beneficios son
globalmente planificados y los precios no son indicadores de rareza influyendo sobre las
elecciones de las empresas y permitiendo a todos autonomía de compras (…)Tal sería el
caso del primer sistema yugoslavo de posguerra según el modelo soviético.
Los modos de planificación mal denominados descentralizados (en realidad las
palancas de mando de la acumulación quedan centralizadas, sólo la gestión operacional,
cotidiana se descentraliza, ampliando los márgenes de responsabilidad de las empresas):
allí, ciertas funciones del mercado pueden extenderse según los dominios; las categorías
de mercado devienen más activas en su seno y orientan de verdad elecciones
microeconómicas, pero se trata en lo esencial de instrumentos económicos de los
planificadores (reemplazando a las órdenes directas) (…)Pero en sustancia, el plan
continúa orientando las grandes elecciones estratégicas de inversiones, especialmente
por la vía del sistema de crédito que es un instrumento de aplicación de objetivos
78 A este respecto utilizaremos dos trabajos de esta autora, el primero es su obra principal ya mencionada: El mercado contra la
autogestión; el segundo es su artículo titulado: Los fines y los medios: ¿Qué proyecto autogestionario socialista?
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planificados. (…)El mercado, la ley del valor ejercían presiones conflictivas con un tal
sistema, que no dominan hoy. Tal fue el modelo de planificación yugoslavo en el
segundo período estudiado, en el curso de los años cincuenta, hasta 1964. (…)
En fin, un sistema que intenta hacer del mercado socialista el regulador (…)El
plan no tienen más que una función indicativa o secundaria en relación a los
mecanismos mercantiles. Tal era, teóricamente, la orientación de la reforma mercantil
de 1965 en Yugoslavia, implicando un efectivo desmantelamiento de los instrumentos
de planificación (modificación de los precios, del sistema bancario, de los fondos
inversión) y una apertura a la competencia mundial.
Estos tres grandes tipos de sistemas experimentados admiten variantes (bajo el
ángulo de la autogestión, del sistema político y de la más o menos grande apertura al
mercado mundial). Pero la tercera concepción (el socialismo de mercado) no ha sido
verdaderamente experimentado más que en Yugoslavia”79
La primera fase de la experiencia yugoslava es la que se desarrolla entre 1945 y
1953, donde un primer sistema de planificación centralizada se encuadra dentro de las
coordenadas políticas de ruptura primero con el capitalismo, después con Stalin y,
finalmente, en 1953, finalizando la colectivización forzosa.
Antes de pasar a describir las otras tres fases hay que señalar un punto
importante que va a pesar en los subsiguientes desarrollos, es la ruptura de 1948 con
Stalin y el aislamiento y bloqueo económico de Yugoslavia por el conjunto de países
socialistas que la rodean. Fuerzas militares soviéticas se concentran en su frontera con
innumerables incidentes fronterizos, lo que se añade al intento de desestabilización
interior. Esta situación va a imponer a Yugoslavia la necesidad de una apertura mayor
hacia los países capitalistas y el mercado mundial, aunque ello no impedirá que la
economía yugoslava quedase, en lo esencial, orientada por los objetivos del plan hasta
la reforma de 1965.
A la segunda fase, que discurre entre 1953-64, Samary la denomina “la
autogestión sofocada por el plan”, produciéndose la articulación del plan, el mercado y
la autogestión en el seno de un nuevo sistema de planificación, de una variante (con
autogestión) del modo de planificación denominado descentralizado; Hungría al final de
los años sesenta (sin autogestión) y los proyectos de medio término en la Unión
Soviética (1987) reenvían a variantes de este modelo. Con la introducción de la
autogestión, la planificación del periodo anterior va a ser desmantelada. Pero esto no
79 Samary, Catherine, Le marché contre l’autogestion. L’experience yougoslave, op. cit., págs. 36-7
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significa la supresión de toda planificación. Se trata de ampliar los márgenes de
responsabilidad de las empresas en la gestión operacional subordinando sus elecciones a
las grandes opciones estratégicas planificadas. Los instrumentos económicos (precios,
crédito, fiscalidad) de transmisión de las preferencias de los planificadores debían
reemplazar las ordenes administrativas. Este período va a desembocar en una puesta en
causa radical de la planificación, en 1965, con la experiencia del “socialismo de
mercado”. A esta etapa se la reconocen dos importantes características positivas, la
primera es que se ensayan por primera vez una amplia experiencia de mecanismos e
instituciones nuevas; la segunda es la consecución de un rápido y armonioso desarrollo
económico que la hace aparecer como un salto adelante con una duplicación del
producto social. No obstante, Samary apunta a sus debilidades, pues si bien la
modificación institucional se realizó a favor de la ampliación de los derechos de la
autogestión y las repúblicas, el modo de planificación se mantuvo dominado por un
Estado-partido que no cede el poder central ni a la autogestión, ni a las repúblicas, con
oscilaciones y conflictos que reflejan las dificultades del Estado para hacer aplicar las
opciones macroeconómicas determinadas administrativamente por el centro. La autora
interpreta las oscilaciones de este período de manera global, reflejando la tensión entre
el contenido social de la producción planificada (especialmente sus aspectos
redistributivos igualitarios) y la exterioridad de la autogestión y de las repúblicas con
relación al plan. Esta tensión se traduciría por la combinación de aprietes y desaprietes
de los diferentes elementos del proyecto socialista.
La fase que se desarrolla entre 1965-71 la va a denominar como “la autogestión
sofocada por el mercado”. Con la reforma liberal de mercado que caracteriza a este
período, dice la autora, se va a ensayar por primera vez la hipótesis de una apropiación
socialista de las virtudes supuestas del mercado como regulador80. Previamente a la
reforma de 1965 se habían venido enfrentando dos grandes corrientes de pensamiento.
Los partidarios de un dominio del plan sobre el mercado estimaban que la distribución
de rentas y las inversiones no podían ser dejadas al mercado. Una tal concepción no
implicaba un centralismo político de tipo estalinista. Los defensores de la planificación
eran generalmente también liberales en el plano político − como será el caso,
especialmente, de los filósofos marxistas colaboradores de la revista Praxis. Pero,
continúa diciendo Samary, un nuevo lenguaje se desarrollaba, el del liberalismo
80 Samary aclara que utiliza el término regulador en el sentido amplio (sin ligarlo a ninguna escuela) de mecanismos (conscientes o
no) que aseguran la reproducción del sistema; distinguiendo el mercado concebido como regulador del conjunto, y la utilización
parcial de mecanismos de mercado subordinados a diferentes formas posibles de planificación.
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económico, que será el defensor de una despolitización de las decisiones económicas
por la extensión de la racionalidad del mercado. La fuerza ascendente de esta corriente
se nutrirá del rechazo estalinista, de la identificación creciente de la autogestión con un
sistema descentralizado y, posiblemente, del interés de los cuadros del régimen por
introducir más mercado. De hecho, el IX congreso de la LCY, en 1969, se inclina
decididamente por una producción socialista de mercado, el objetivo proclamado es
claro: la dominación del mercado es necesaria para el desarrollo racional de las fuerzas
productivas y el pleno expansión de las relaciones de producción autogestionarias. Las
relaciones de mercado socialista no son una contradicción en los términos: el mercado,
extendiéndose permitirá el desarrollo de los elementos socialistas de la sociedad.
Con la reforma de 1965 el Estado perdió su rol económico en favor del sistema
bancario. El autofinanciamiento y los créditos bancarios debían ser la regla para las
inversiones y las empresas. El primer año de aplicación de la reforma se salda con una
brutal recesión. Se inicia, igualmente, el fenómeno de la emigración masiva, aumentan
los abusos y la dilapidación de los fondos sociales. Y el resultado de la competición
impuesta a las empresas autogestionadas orientadas por criterios de gestión
microeconómica produce, por razones eminentemente sociales, el efecto inverso del
esperado, una bajada de la eficacia en el conjunto del sistema y el desarrollo de efectos
socioeconómicos opuestos a sus objetivos.
La cuarta fase cubre el período 1971-88 (momento en que acaba la obra de
Samary); a mediados de los años 70 se vuelve a introducir importantes innovaciones en
el sistema de planificación, se trata de “una tentativa original de planificación por
contratos que se opone a la vez al plan estatal y al mercado, pero el contexto político
interior y el impacto de la crisis mundial sobre el sistema abierto al exterior, en orden
disperso, van a conducir al más grave fracasó de la historia de la posguerra. La crisis
está a partir de ese momento marcada por un endeudamiento exterior que somete al país
a las presiones del Fondo Monetario Internacional sin que haya cohesión interna”81. La
reforma yugoslava, dice Samary, fue muy radical en la extensión de los mecanismos de
mercado porque amplió los derechos de la autogestión y de las repúblicas; pero fue
bloqueada por esos mismos mecanismos de mercado poniendo en causa la autogestión y
agudizando los conflictos nacionales. Un nuevo giro se imponía porque el sistema se
encontraba amenazado por las tensiones sociales y nacionales crecientes.
81 Ibídem, pág. 46
Jesús Sánchez Rodríguez
67
Si entre 1965-74 había aumentado la competencia entre las empresas en el
mercado y el poder de los bancos provocando un incremento de las desigualdades entre
empresas y entre regiones y, como consecuencia, un movimiento de protestas en la
sociedad que demandaba una planificación autogestionaria y un recorte del poder de la
tecnoburocracia; entre 1974-80, las protestas de la izquierda y de los nacionalistas
liberales primero fueron reprimidas y luego algunas de sus reivindicaciones fueron
recogidas en la reforma constitucional de 1974: de un lado se limitó al mercado con
formas de planificación contractual y se amplio los derechos de autogestión, de otro se
amplió la descentralización económica.
Son los mismos dirigentes históricos que han hecho fracasar la reforma. Son los
mismos que habían conducido la revolución, después asumido la ruptura con Stalin, e
introducido la autogestión. La legitimidad de su poder se había reforzado en cada una de
estas etapas: una vuelta hacia atrás no era posible. Actuaron como árbitros en relación a
los conflictos nacidos en las reformas para encontrar nuevos compromisos con los
actores sociales – trabajadores, repúblicas – de lo que dependía en primer lugar la
estabilidad del poder.
Los cambios institucionales registran y estimulan una nueva configuración de
equilibrios sociopolíticos derivados de la crisis de 1971. La reforma de los años 50
había introducido la autogestión sometiéndola del plan. La de 1965 había ampliado los
derechos de la autogestión sometiéndolos al mercado. El sistema introducido en el
decenio 70 pretende crear por primera vez en la historia un sistema de autogestión
integrado que controlase a la vez el plan y el mercado.
De un lado, las instituciones bancarias y comerciales ven reducida su autonomía
y son restringidas en sus funciones; de otro lado, las empresas son desmanteladas en
unidades más pequeñas, las Organizaciones de Base de Trabajo Asociado (OBTA), con
el objeto de quebrar el poder de los tecnócratas y permitir, así, a la autogestión ejercerlo
de manera menos formal. La planificación por contratos entre OBTAs, poniendo en
común su trabajo y sus recursos, debía a la vez impedir la atomización del mercado y la
dominación estatal. Nunca antes – y tampoco después – los derechos de las células
autogestionarias han sido más amplios. Pero, puntualiza Samary, en la práctica, se abrió
un abismo gigantesco entre el derecho y la realidad, y una eficacia decreciente de los
mecanismos que debían asegurar la coherencia de sistema en su conjunto.
Los equipos de gestión de las empresas se profesionalizaron cada vez más
desplazando a los nombramientos políticos, la tecnocracia desplazaba a la politocracia.
Las experiencias históricas de transición al socialismo
68
La asamblea general de los trabajadores se vaciaba de sus poderes en beneficio de los
órganos de gestión. La dimensión de las empresas, los procesos de fusión y absorción
en este periodo, han favorecido la emancipación de los equipos de dirección. Los
nuevos comités de negocios no han sido compuestos más que por directores y cuadros.
Una nueva ideología acompañó a este proceso, según la cual, la autogestión habría sido
esencial en un período de despegue económico, pero el socialismo de mercado
avanzado exigiría más espíritu de empresa, más competencias profesionales y
adaptación rápida al mercado – dicho de otra manera, menos sumisión a los
trabajadores.
El nuevo sistema institucional elaborado en el curso del decenio de 1970
concluyó con un fracaso − y un nuevo giro de orientación en los años 80. Al final del
decenio de los 70 todo el sistema funcionaba de manera contraria a como debería de ser
en socialismo autogestionario. Yugoslavia conoció después de 1979 la más grave crisis
económica, política y moral de su historia post revolucionaria.
En la década de los 80 la economía yugoslava entró en una grave crisis, la deuda
exterior alcanzó la cifra de 20 millones de dólares, fundamentalmente debido al fuerte
endeudamiento de las empresas yugoslavas con los bancos accidentales en los años 70,
en medio de una hiperinflación desbocada y un alto nivel de paro. En esas difíciles
condiciones el FMI impuso entre otras medidas para renovar la deuda el
desmantelamiento del sistema autogestionario.
Es difícil caracterizar en general la naturaleza del sistema híbrido que se
estableció en Yugoslavia entre 1950 y 1980, de un lado el poder político era
monopolizado por el partido comunista, de otro lado las empresas eran gestionadas por
los propios trabajadores, si bien paulatinamente fue imponiéndose el poder de los
gerentes y los tecnócratas − los expertos − sobre los trabajadores, finalmente las
empresas funcionaban en un contexto mercantil, competían entre ellas para obtener
mayores cuotas de mercado y aumentar sus ganancias. Pero, al menos en teoría, se
afirmaba que se buscaba construir el socialismo.
No obstante, como hemos visto, tampoco esta fue una vía exitosa de alcanzar el
socialismo. Vamos a terminar recogiendo algunas críticas suplementarias realizadas
sobre esta experiencia que llegó a alcanzar en algún momento un alto nivel de atracción
sobre partidos y movimientos heterodoxos dentro del universo socialista.
Jesús Sánchez Rodríguez
69
Empecemos por ver los elementos positivos que Michael A. Lebowitz82 la
reconoce. En primer lugar se encuentran las altas tasas de crecimiento económico
alcanzadas con la implantación de este sistema, especialmente en los primeros años, las
altas tasas de inversión conseguidas y su contribución a la industrialización del país;
después destaca la alta participación de los trabajadores en sus empresas; este hecho
contribuyó al tercer aspecto positivo, el aumento de la disciplina laboral.
Después, en el mismo documento este autor desmenuza los aspectos negativos
de la experiencia. Las empresas autogestionadas mantenían a sus trabajadores, pero no
creaban mucho empleo, lo que unido a la emigración del campo a la ciudad originó un
aumento del desempleo y la emigración a Europa occidental83. Se produjo una tendencia
al incremento de las desigualdades entre los ingresos de los trabajadores de diferentes
empresas. Un efecto de esta situación fue la práctica empleada por las empresas más
pobres de endeudarse para invertir, ya que el ingreso de sus trabajadores era superior a
lo que realmente convenía a la situación de la empresa. También se asistió a una pérdida
del sentido de la solidaridad en la sociedad, pues de un lado se impuso el interés
colectivo de los trabajadores de cada empresa marginando los intereses de la sociedad y,
de otro, las repúblicas más ricas querían independizarse de las más pobres. Finalmente
nos encontramos con el paulatino dominio de los tecnócratas y expertos sobre el resto
de los trabajadores en la empresa.
Catherine Samary plantea los serios problemas a los que se enfrenta un proyecto
socialista y que son puestos en evidencia en la autogestión yugoslava de manera más
clara que en otras experiencias porque allí se ensayaron más alternativas sin éxito. El
proceso yugoslavo tropezó “con tres grandes dificultades portando cada una problemas
teóricos que el marxismo había estado lejos de tener resueltos: las relaciones con el
mercado mundial dominado por un capitalismo desarrollado; la relaciones entre sector
planificado y el sector privado interior; la naturaleza y orientación de la planificación.
Detrás estos problemas se encontraba evidentemente planteado el de la ley del valor y,
más ampliamente, la cuestión de las nuevas relaciones sociales.”84 Por ello mismo, una
primera conclusión se impone para esta autora, “No se puede decir que sea la
‘limitación exterior’ del mercado mundial lo que explica la crisis yugoslava, sino la
82 Lebowitz, Michael A., Lecciones de la autogestión yugoslava, Ponencia presentada en el panel cerca del movimiento sindical en
el Encuentro Mundial de Solidaridad con la Revolución Bolivariana en Caracas, Venezuela, 14 de abril de 2004.
http://www.nodo50.org/cubasigloXXI/taller/lebowitz_310505.pdf. Págs. 6-8
83 En 1970 se contabilizaban 320.000 desempleados y más de 800.000 emigrantes. Recogido en Nascimento, Claudio, Do “BECO
dos SAPOS” aos CANAVIAIS de CATENDE, pág. 81.
84 Samary, Catherine, Le marché contre l’autogestion, op. cit., pág. 84
Las experiencias históricas de transición al socialismo
70
ausencia del respeto a una ‘limitación interior’, esencial desde un punto de vista
socialista: la necesidad de una elección previa, explicita de ‘relaciones de los hombres
entre ellos’, de relaciones de comunidades entre ellas. Dicho de otra manera, la
subordinación de la producción y los intercambios (interiores y mundiales) a la política,
a la elección de sociedad.”85 El fracaso yugoslavo encuentra sus razones en los
problemas internos, actuando el modo de inserción en el mercado mundial como un
factor agravante de la crisis. En su balance, concluye que es la propia lógica de las
reformas de los mercados autogestionarios la que llevó finalmente a la supresión de la
autogestión obrera. Para esta autora la alternativa sería que la autogestión, que fue
sofocada por el Estado, hubiese asumido el poder, socializarle efectivamente, y ser
representada en el plano de la federación y de las repúblicas en el cuadro que una
cámara específica. La unificación necesaria de los criterios de gestión y de distribución
podría emanar de ella, a este nivel. Era necesario realmente mejorar la eficacia de la
gestión, reducir los costos y aumentar la productividad. Pero se debían encontrar
soluciones compatibles con la profundización de la autogestión. Sin embargo, éste no
fue el camino, se mantuvo una concepción y una práctica de la autogestión ante todo
local, sometida a los criterios de mercado, pero sobre todo a las decisiones centrales,
necesariamente estatistas. Es verdad, continua la autora, que la autogestión tenía el
derecho a extenderse, pero la experiencia, los estímulos y las instituciones no incitaban
a ello.
Resumiendo las causas que estuvieron detrás del fracaso de esta experiencia,
Samary apunta en primer lugar a lo que es el núcleo del problema, el poder político
levantado entre 1945-50 fue calcado del de la URSS y, cuando en 1948 se produzca la
ruptura con el stalinismo, habrá un punto en que permanezca intacto, la cuestión del
sistema político. Jamás una forma de autoorganización espontánea o de reagrupamiento
político dentro o fuera de la LCY será tolerada. Además, señala que, contrariamente al
origen de los soviéts en Rusia nacidos espontáneamente, la autogestión yugoslava fue
introducida desde la altura y bajo la tutela de los dirigentes yugoslavos. Critica que no
se permitiese nunca por la dirección comunista la posibilidad de un debate abierto sobre
los fines y los medios y que, por tanto, las reformas de las tres fases del sistema de
autogestión fueran implementadas primero y suprimidas después desde arriba. Tampoco
se permitió ninguna forma de representación global de los consejos obreros en el plano
federal. La Liga de los Comunistas nunca toleró el pluralismo político; y la acumulación
85 Ibídem, pág. 20
Jesús Sánchez Rodríguez
71
de represión, cambios de orientación y reformas terminaron desacreditando al proyecto
socialista, con el giro final al liberalismo y al nacionalismo y con la transformación de
las burocracias en nuevas burguesías. Su resumen final es que “la autogestión yugoslava
no se dotó de instituciones que le diesen una coherencia global y adecuada a las
aspiraciones espontáneas de los trabajadores (seguridad en el empleo, responsabilidad,
mejora solidaria de los niveles de vida y libertades)”86 pero también rechaza que este
sistema sea inviable, “La crisis de la autogestión yugoslava ‘prueba’ únicamente que la
autogestión no estaba dotada de instituciones adecuadas a la coherencia y aspiraciones
de los defensores de la autogestión”87
En un sentido similar se expresa el economista y dirigente trotskista Ernest
Mandel. En primer lugar lamentando que el entorno económico mercantil en que se
desarrolló la experiencia autogestionaria la llevase al fracaso, “Las dificultades, por no
decir la tragedia, de la autogestión obrera en Yugoslavia durante su mejor período de
funcionamiento, residían precisamente en su imbricación demasiado estrecha con la
economía de mercado. Una vez que el mercado fijó las grandes líneas del desarrollo
económico, las empresas pueden ser obligadas a cerrar debido a una falta de
rentabilidad.”88 En segundo lugar reafirmándose sobre la viabilidad práctica de un
sistema autogestionario en las condiciones de lo que él denomina “tercer modelo”.
En su prefacio a la obra de Samary89, Mandel hace un resumen sucinto de las
razones del fracaso de la experiencia yugoslava apuntando a dos causas fundamentales y
orgánicamente ligadas: un recurso excesivo al mecanismo de mercado y el
mantenimiento de monopolio del poder político en las manos de la burocracia. Y
aprovecha para desmontar una idea difundida en su momento en los países donde
dominaba la planificación burocrática según la cual el único medio de batir de manera
decisiva la empresa paralizante de la burocracia es la extensión del mercado. La
aspiración a la autogestión ha reforzado este punto de vista. Pero, concluye el
economista belga, la experiencia yugoslava demuestra más allá de toda duda que el
despotismo burocrático es perfectamente compatible con la economía de mercado.
Yugoslavia pagó caro la introducción del “socialismo de mercado”.
86 Samary, Catherine, Los fines y los medios: ¿Qué proyecto autogestionario socialista?,
http://www.cellfrancescsabat.org/CELL/seccions/Analisis Estudis Econòmics/(2) Teoría Económica de la Autogestión/Art. Samary,
Catherine. Que proyecto autogestionario socialista.doc op. cit., pág. 3
87 Ibídem, pág. 1
88 Mandel, Ernest, Plan ou marché: la troisième voie, pág. 9, http://www.ernestmandel.org/fr/ecrits/txt/1991/plan_ou_marche.htm
89 Samary, Catherine, Le marché contre l’autogestion, op. cit., págs. 7-8
Las experiencias históricas de transición al socialismo
72
Romero Ramírez90 es otro de los autores que considera que el modelo yugoslavo
nunca terminó de madurar en la autogestión, a pesar del ordenamiento legal y de los
mecanismos creados para su implantación. Demuestra con cifras como “en contra del
espíritu de la Constitución de 1953 y de sus propios estatutos, el PCY modificó
simplemente su forma de ejercer el poder y, en lugar de imponerlo directamente desde
arriba, trató de hacerlo indirectamente, mediante el control que representaban sus
miembros apostados en los puestos claves de la estructura social”. Su balance es que
terminó reproduciéndose una nueva clase dominante formada por la tecnocracia, al nivel
de las empresas, y la burocracia, a nivel del partido y las estructuras políticas de poder,
con un mismo objetivo, el de acaparar y mantenerse en el poder. Y su conclusión es la
de que “La construcción de una sociedad autogestionaria no podría descansar, única y
exclusivamente, en la propiedad social de los medios de producción, ni en un
ordenamiento legal que confiriese a los trabajadores el estatus y la responsabilidad de
regir la vida social y económica, sin atajar antes todos los factores que conducen a la
desigualdad y a la consagración de las jerarquías. Lo que, como hemos visto, condujo
inevitablemente a la formación de elitocracias”.
Lebowitz se encuentra entre el grupo de autores que se muestran optimistas
sobre la viabilidad del modelo autogestionario, como recoge en el documento antes
citado y en otro complementario posterior91 en los que señala algunos de los aspectos
negativos a superar y deja planteados interrogantes respecto a otros. Así, deja claro de
que es peligroso tener en cuenta sólo el interés colectivo de los trabajadores de cada
empresa y no desarrollar instituciones de solidaridad social, y que, por lo tanto, no se
puede dejar todo el poder a las empresas individuales, siendo necesario el Estado para
tomar en cuenta las necesidades de toda la sociedad. También advierte que la
autogestión no resuelve por sí misma todos los problemas (por ejemplo, el de superar
las diferencias existentes de niveles educativos) y que un prerrequisito de su
funcionamiento es la autonomía económica que impida su mediatización por
instituciones económicas antagónicas.
Los problemas detectados en la experiencia yugoslava que deja abiertos son los
siguientes: La superación de la brecha entre obreros de un lado y gerentes y expertos de
otro, que tiene su origen en la división de trabajo y la parte monótona y agotadora de
90 Romero Ramírez, Antonio José, Yugoslavia: de las repúblicas de los consejos obreros a la guerra entre repúblicas, Papers, 44,
1994, págs. 19-27
91 Lebowitz, Michael A., Siete preguntas difíciles: Problemas de la autogestión yugoslava.
http://www.cellfrancescsabat.org/CELL/seccions/Analisis Estudis Econòmics/B(1) Historia Económica Anarquista y de la
Autogestión/07.Art Lebowitz, Michael A. Siete preguntas difíciles, problemas de la autogestion Yugoslava.pdf.
Jesús Sánchez Rodríguez
73
éste que corresponde al obrero. La solución a situaciones de empresas que bajan su
actividad y se encuentran con un excedente de empleo. La corrección de las tendencias
a la desigualdad entre empresas; y otra serie de ellos que en definitiva remiten al
problema de la relación entre una empresa autogestionada y la sociedad tomada
globalmente.
Entre estos autores hay una diferencia clara en torno a los dos problemas
fundamentales que atraviesan todas las experiencias socialistas que estamos analizando,
entre ellas la yugoslava; son los referidos a la utilización o no del mercado en el
socialismo y a la concepción de la democracia, o dicho de otra manera, a la posición en
torno al monopolio o no del poder político por un solo partido político.
Catherine Samary es más explicita en ambas cuestiones, pues por una parte
considera como la principal causa responsable de la crisis de los países del socialismo
real la existencia del burocratismo y de la dictadura del partido único y considera que la
democracia autogestionaria necesita del pluralismo de los partidos políticos; y, por otra
parte, rechaza el mercado de trabajo y el de capital, pero no el papel de la moneda, el
mercado de bienes y servicios, y la pequeña producción mercantil; proponiendo una
socialización a la vez del mercado y del plan. Lebowitz parece más explícito en los
referente al mercado, pues considera que el aumento experimentado por las
desigualdades entre industrias y regiones y la pérdida de la influencia de los
trabajadores dentro de las empresas en beneficio de los expertos fueron consecuencias
negativas de las reformas hacía una economía de mercado llevadas a cabo en los años
60. Sin embargo no emite ninguna crítica sobre el monopolio político de la Liga de los
Comunistas.
Finalmente, la valoración que realiza otro autor trotskista como Pierre Naville92
de la autogestión, tal y como se plasmó en Yugoslavia, no es muy positiva: reconoce
que los centros de decisión primarios autogestionados son órganos de decisión
autónomos, pero a estos se superponen otros de naturaleza regional o federal que tienen
el control del poder del Estado bajo la forma de mecanismos económicos centrales,
instituciones políticas y organismos de seguridad, además del poder del partido. Y
termina concluyendo que en esas condiciones la explotación subsiste, pero bajo una
forma nueva que denomina explotación mutua.
92 Recogido en Nascimento, Claudio, op. cit., pág. 81.

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LA DEBACLE DEL COMUNISMO EUROSOVIETICO… EXPERIENCIAS SOCIALISTAS

LA DEBACLE DEL SOCIALISMO EUROSOVIÉTICO

Tomado de: http://www.archivochile.com/Ideas_Autores/sanchezrj/sanchezrj0003.pdf

Para nuestro acercamiento a este acontecimiento iniciado en 1989 lo más
importante es distinguir dentro de la multitud de causas concurrentes dos tipos
diferentes: las de origen interno, es decir, aquellas originadas en los fundamentos del
proyecto de socialismo o en su desenvolvimiento concretó en la URSS; y las de origen
externo, originadas en las presiones externas a las que si vio sometida desde sus
orígenes esta experiencia.
En el plano temporal, la secuencia que lleva finalmente al derrumbe seguiría el
siguiente guión: primeramente, la revolución se lleva a cabo en un país, en realidad
imperio, donde no existían condiciones de carácter económico, político y cultural para
el socialismo. Lograda la conquista del poder y fracasada la revolución en occidente que
viniera a completar la ruptura anticapitalista en Rusia, se opta por un camino no
contemplado en los esquemas de los clásicos del marxismo, la construcción del
socialismo en un solo país, por añadidura no desarrollado. A partir de aquí se produce
un desarrollo ambivalente, en el exterior la Unión Soviética es acosada y agredida,
sometida a enormes dificultades y desafíos como fueron la invasión nazi o la guerra fría,
pero también consigue extender su área de influencia y rodearse de países con
regímenes similares, aunque con alguno de ellos mantuviese agudos conflictos, como
fue el caso de Yugoslavia o China. En el plano interior consigue un inicial despegue
económico e industrial que da la sensación de poder superar al capitalismo occidental,
pero luego se estanca y se agrava su situación económica final. En lo político no hay
ambivalencia, es una situación totalmente negativa: descabezamiento de la vieja guardia
bolchevique, represión interior, ausencia de democracia y libertades para los ciudadanos
y los pueblos, bloqueo ideológico y cultural.
Manuel Morán Rufino7 divide en tres tipos distintos las críticas vertidas desde la
óptica marxista al socialismo real: En primer lugar se encontrarían quienes niegan que
en dichos países se hubiera producido una auténtica transformación revolucionaria y les
7 Morán Rufino, Manuel, Estado y burocracia en el “Socialismo Real” de Polonia, Iztapalapa, Nº 7, 1982, págs. 295-310
Jesús Sánchez Rodríguez
13
catalogan como formas de capitalismo de Estado donde la burocracia se habría
apropiado de los medios de producción, llegando a ver en aquella una nueva clase. Sitúa
entre estos autores a A. Rosenberg, A. Bordiga, Pannekoek, Cornelius Castoriadis, Ch.
Bettelheim o M. Dajilas. En segundo lugar se encontrarían quienes “analizan el
fenómeno burocrático y el Estado como inscritos en formaciones sociales de
transición”. Aquí se encuadrarían los autores vinculados a la corriente trotskista o R.
Bahro. El tercer tipo de crítica se caracteriza por contemplar al Estado y la burocracia de
estos países insertos en un nuevo modo de producción. En este campo se encontrarían
autores como Bruno Rizzi, que denomina a los países citados como colectivismo
burocrático, J. Burnham, Modrelewsky y Kuron.
La mayoría de los análisis realizados sobre el derrumbe del socialismo
eurosoviético se centran fundamentalmente en las causas económicas de dicho
derrumbe. Sin negar la importancia de este aspecto, e incluso reconocerle el papel de
factor desencadenante final del derrumbe, sin embargo, no profundizar más allá de las
causas económicas es dejar sin explicar las razones profundas del fracaso de las
experiencias iniciadas con la revolución de octubre, porque se dejaría sin explicar al
menos tres cuestiones. Primero, ¿cuáles fueron las causas que llevaron al fracaso
económico, que bloquearon un desarrollo superior de las fuerzas productivas?; muchos
de estos análisis señalan prioritaria y casi exclusivamente como responsable de dicho
fracaso a la ausencia de mercado, pero, sin rechazar a priori la parte que pudiera tener
de verdad, sin embargo está claro que este tipo de análisis responde en general a autores
que defienden justamente la economía de mercado y eso les hace claramente
sospechosos de falta de imparcialidad.
La segunda cuestión que se deja sin explicar es la de porque en Cuba no se
derrumbó el régimen socialista, sometida como estuvo desde principios de los años 90 a
unas dificultades económicas enormes originadas en la pérdida de sus relaciones
económicas con el grupo de países donde se inició la transición al socialismo. O,
también, porque China fue capaz de elegir una vía diferente que, si bien es cierto que la
aleja cada vez más de los proyectos socialistas originarios, también es verdad que evitó
el colapso que conoció la URSS y los países del este europeo.
La tercera, y posiblemente más importante, de las cuestiones a explicar es la de
aclarar si se podría hablar de éxito del socialismo o, incluso, si se podría denominar
socialistas a esas sociedades aún en el caso de que no se hubieses producido su
Las experiencias históricas de transición al socialismo
14
derrumbe y hubiesen alcanzado un importante desarrollo económico, es decir, de alguna
manera volvemos al caso de discutir la naturaleza del régimen chino actual.
En el caso de la Unión Soviética, si tenemos en cuenta que fue el primer intento
de construcción de una sociedad socialista y a ello le sumamos el inmenso prestigio del
que gozó tanto la propia experiencia, al menos en un principio, como sus principales
líderes, se comprende que su práctica se convirtiese en un modelo a seguir por el resto
de las transiciones socialistas que la siguieron, con diferentes dosis de coacción y de
aceptación voluntaria que explicarían las diferentes rupturas posteriores con dicho
modelo.
Las causas económicas son señaladas como motivo principal del derrumbe del
socialismo eurosoviético por autores de diferente ubicación ideológica. Por ello mismo
sería conveniente señalar cuales son los rasgos más destacables del comportamiento del
sistema económico bajo el que funcionó aquél, para lo que puede ser útil los que aporta
Marlene Azor8 quién, a su vez, se apoya en los análisis de Catherine Samary: Tendencia
a largo plazo a la disminución de la tasa de crecimiento de la renta nacional y la
productividad, con un incremento de los costos. Crecimiento extensivo que combina el
despilfarro con la escasez y una baja productividad del trabajo. La burocracia es quien
se ocupa de evaluar los recursos existentes, identificar las necesidades y controlar los
resultados productivos. Planificación realizada en términos generales y difusos debido
a la imposibilidad del control al detalle en una economía diversificada y compleja. Los
objetivos del plan quedan subordinados a factores extraeconómicos de estabilidad
política y coyuntura internacional. La planificación implica una relación empresa-centro
y la imposibilidad de una relación económica entre las empresas. Los precios son
designados desde el centro planificador, con una fundamentación sociopolítica, no
económica.
Entre los autores que señalan las causas económicas como centrales en el
derrumbe podemos citar, a modo de ejemplo, de un lado, a Joaquín Estefanía9, quien
apunta a la falta de eficacia además de la falta de libertad: así en la primera etapa de
acumulación originaria el esquema funcionó, pero superada esta etapa los factores
económicos se volvieron negativos: falta de productividad, baja calidad de los
productos de consumo, excesivo poder del sector militar y espacial en el esfuerzo
8 Azor Hernández, Marlene, Las encrucijadas de un modelo social, Papers 56, 1998, págs. 75-76
9 Estefanía, Joaquín, La nueva economía. La globalización, Debate, Madrid, 1996, pág. 170
Jesús Sánchez Rodríguez
15
inversor, etc. Igualmente, José María Maravall10 sostiene que “las economías
comunistas fueron colapsando con su falta de competitividad, la bancarrota de los
Estados, el peso de los subsidios a la producción y a los precios, el elevado grado de
monopolios, los desequilibrios vigentes en los mercados de consumo, una productividad
baja y decreciente”.
El modelo económico soviético fue eficaz mientras “la cuestión fundamental era
la acumulación, el nivel de desarrollo era bajo y las prioridades pocas y simples (…)
Pero cuando el problema no consistió ya en la acumulación y las tasas inversión, sino en
la productividad de ésta, la eficiencia en la asignación de recursos y la actividad
innovadora, el modelo no fue eficiente”11.
Julio A. Díaz Vázquez señala que esa eficacia inicial del modelo económico
soviético se debe, por un lado, a la coyuntura en que se formó de crisis del capitalismo
y, por otro, a la existencia de condiciones favorables para la industrialización acelerada
como eran la presencia de una fuerza de trabajo abundante, recursos naturales y la
estrecha diferencia tecnológica en ese momento entre los países desarrollados y la
industria soviética. El modelo ya estaba agotado a finales de los años treinta, pero dos
circunstancias vendrían a insuflarle oxígeno, permitiéndole prolongarse por más tiempo:
la preparación para la guerra ante la amenaza del nazismo y la reconstrucción de la
posguerra. Sin embargo, a mediados de los años cincuenta el modelo reveló su
agotamiento. Para este autor, “La deficiencia esencial de este ‘modelo económico’
radicó en carecer de palancas o instrumental autoreguladores; es decir, no generó
mecanismos que, sobre su propia marcha, perfeccionaran el modelo”.12
Para Marlene Azor13 el problema económico es más profundo y contradictorio,
la finalidad que perseguía era el desarrollo, el crecimiento económico sostenido, pero
los mecanismos de organización y control para estos fines eran antagónicos a medio y
largo plazo. Si bien en un principio debido a la efervescencia revolucionaria, la guerra
o la represión el antagonismo no lleva a la desintegración del sistema, cuando las
estructuras cristalizan obligará a reestructurar todo el sistema. Los ensayos de reformas
descentralizadoras llevaron a diversos tipos de conflictos sin solucionar el problema
porque, para esta autora, la única solución era el regreso al capitalismo. Considera una
10 Maravall, José María, Los resultados de la democracia, Alianza Editorial, Madrid, 1995, pág. 27
11 Ibíd, pág. 86
12 Hernández, Rafael; Brown, Francisco; Dacal, Ariel; Díaz Vázquez, Julio A.; Rojas, Fernando; ¿Por qué cayó el socialismo en
Europa oriental?, Temas, Nº 39-40, octubre-diciembre 2004, págs. 95-6, http://www.temas.cult.cu/pdf/092-111%20Socialismo.pdf,
(20-enero-2007)
13 Azor Hernández, Marlene, op. cit., págs. 78-79 y 86
Las experiencias históricas de transición al socialismo
16
contradicción insoluble el pretender una modernización y un nivel de desarrollo
tomando los parámetros de los países más avanzados del capitalismo utilizando para
ello unos medios que rompen con la racionalidad capitalista, al menos en la distribución
de la riqueza social (movilidad ascendente). Para ella el igualitarismo extendido en estas
sociedades (a excepción de una pequeña élite) suponía un límite a la movilidad
ascendente y a la diferenciación de status que actuaba contra los fines del desarrollo,
estimulando la inercia
Desde un ángulo muy diferente, podemos citar a Andrés Romero14 quién señala
como la acumulación originaria llevada a cabo por la burocracia provocó una
“irreparable catástrofe social y política y bloqueó la transición a socialismo” y después
la propia planificación burocrática generó desequilibrios, desigualdades, falta de calidad
e ineficacia de la producción. En este análisis se contemplan estos “Estados
burocráticos” desarrollándose “como parte del sistema mundial de Estados y la
economía dominada por el imperialismo”15. Sus rasgos definitorios estarían compuestos
por: la propiedad del Estado sobre la mayoría de los medios de producción y cambio, la
planificación burocrática, el poder dictatorial del partido estalinista fusionado con el
Estado, la organización jerárquica en la producción y la colectivización agrícola
forzosa16.
Hobsbawm redunda en este aspecto, y aunque sostiene que el área socialista
“durante la mayor parte de su existencia formó un sub-universo autónomo y en gran
medida autosuficiente política y económicamente”.17 Sin embargo reconoce la
integración de la economía del socialismo real en la economía mundial capitalista y el
impacto que la crisis de los 70 produjo en aquella:
“El problema para el «socialismo realmente existente» europeo estribaba en que
—a diferencia de la Unión Soviética de entreguerras, que estaba virtualmente fuera de la
economía mundial y era, por tanto, inmune a la Gran Depresión— el socialismo estaba
ahora cada vez más involucrado en ella y, por tanto, no era inmune a las crisis de los
años setenta. Es una ironía de la historia que las economías de «socialismo real»
europeas y de la Unión Soviética, así como las de parte del tercer mundo, fuesen las
verdaderas víctimas de la crisis que siguió a la edad de oro de la economía capitalista
mundial, mientras que las «economías desarrolladas de mercado», aunque debilitadas,
14 Romero, Aldo Andrés, Después del estalinismo. Los Estados burocráticos y la revolución socialista, pág. 44,
http://www.mas.org.ar/despues_del_estalinismo
15 Ibíd., pág. 2 (confirmar estas citas)
16 Ibíd, pág. 35 (confirmar estas citas)
17 Hobsbawm, Eric, Historia del siglo XX, Crítica, Buenos Aires, 1999, pág. 374
Jesús Sánchez Rodríguez
17
pudieron capear las dificultades sin mayores problemas, al menos hasta principios de los
años noventa. El «socialismo real», en cambio, no sólo tenía que enfrentarse a sus
propios y cada vez más insolubles problemas como sistema, sino también a los de una
economía mundial cambiante y conflictiva en la que estaba cada vez más integrado”.18
Así, aunque la propiedad privada en los medios de producción fue suprimida, en
la práctica se “desarrollaron relaciones económico-sociales y formas de explotación
emparentadas con el capitalismo” bajo la presión de la economía mundial y el chaleco
de fuerza del Estado burocratizado.19
La Unión Soviética se comenzó a construir sobre una base falsa, la de que era
posible el socialismo “en forma paralela e independiente de la economía mundial”,
completado después de la Segunda Guerra Mundial con la posibilidad de “un mercado
mundial socialista, distinto e independiente del mercado y la economía mundial
capitalista”.20
Sin embargo, en los años 70 y 80 todo esto se vino abajo con la capitulación ante
el capitalismo imperialista. En los años anteriores, en las décadas de los 60 y 70 hay un
fuerte impulso de las luchas de clases y de los movimientos antiimperialistas, en ese
ambiente se produce una ampliación del área de influencia de la URSS pero ello
esconde en realidad su pronunciado declive económico que hace bajar el nivel de vida
de la población.
La transición al capitalismo del socialismo eurosoviético, precipitada a finales de
los ochenta, fue precedida de tres olas sucesivas por reformar las economías del campo
socialista desde más de 30 años antes. Jan Patula sitúa el origen de las primeras
reformas económicas en las sublevaciones populares que atravesaron la RDA,
Checoslovaquia, Polonia y Hungria entre 1953 y 1956. En su artículo resumen de estas
reformas21 este autor las clasifica en tres tipos diferentes según los objetivos que
persiguen, donde cada tipo de reforma va sucediendo a la anterior en el tiempo. El
primer tipo, definido como intento de “racionalización del sistema económico”, buscaba
mejorar el funcionamiento del sistema sin alterar su naturaleza, y aún dando mayor
autonomía a las empresas no ponía en causa el principio de la planificación centralizada.
El segundo tipo de reformas se inscribe “dentro del modelo denominado
socialismo de mercado” y se intentan a partir de 1968; busca la autonomía plena de las
18 Ibíd, pág. 470
19 Romero, Aldo Andrés, op. cit., pág. 42
20 Ibíd, págs. 54-55
21 Patula, Jan, Para un análisis de las reformas económicas en Europa del Este: Perspectiva histórica, Iztapalapa Nº 21
Las experiencias históricas de transición al socialismo
18
empresas, conservando la propiedad estatal de los medios de producción y una
planificación orientadora del Estado. Era un intento de conciliar mercado y
planificación y contemplaba dos variantes de gestión empresarial, una autogestionaria
(solo ensayada en Yugoslavia) y otra gerencial.
Finalmente, el tercer tipo de reformas es de tipo global y son las puestas en
marcha en 1989, sus propuestas llevan a los “principios de regulación de las economías
capitalistas”, y aunque el artículo, escrito en esas fechas, no podía predecir los
resultados, hoy sabemos que, efectivamente, se trató del desmantelamiento del sistema
de socialismo realmente existente en la Unión Soviética y los países del este europeo
Las reformas, pues, siguen una secuencia que van de ajustes iniciales en el
marco del sistema, pasando por reformas radicales del mismo, y terminando por un
cambio a un sistema distinto, el capitalista.
El problema de la planificación, de la centralización, del mercado aparece
continuamente como un debate inacabado. Edur Arregui22 también lo evoca dentro de
un planteamiento sobre la complejidad del mecanismo económico de la sociedad. Su
tesis es la de que el planteamiento del marxismo clásico sobre la organización socialista
de la economía se basaba en la tendencia a una centralización del capital en un número
reducido de empresas en la que se podría prescindir del mercado y en la que “la justicia
en la asignación de las tareas y en la distribución del producto sería algo sencillo y
evidente”. Esta visión socialista, formulada en las condiciones del capitalismo del siglo
XIX, no era insensata en su viabilidad. No obstante, continua este autor, el desarrollo
del capitalismo, en los siguientes dos ciclos largos de su desarrollo, modificó
radicalmente las condiciones de producción económica. “Sin embargo, la concepción
socialista de la reintegración directa del trabajo social en un fondo común, a partir de la
nacionalización de las empresas capitalistas, no fue, a su vez, transformada.” En
concreto, alude a dos graves problemas planteados al comunismo por las
transformaciones en la producción en la economía mundial en el siglo XX: el de la
coordinación equilibrada de los distintos trabajos individuales cuando la estructura
económica y la división del trabajo se hacían más dispersas y complejas que las
existentes en la primera fase del capitalismo; y el de la incorporación de la innovación
en una estructura socialista de ingresos más homogénea y con formas centralizadas de
coordinación.
22 Arregui Koba, Edur, op. cit.
Jesús Sánchez Rodríguez
19
La ausencia de respuestas claras a estos problemas por parte del marxismo es,
según, Edur Arregui “lo que ha favorecido la tendencia a favor del restablecimiento de
una economía de mercado en la URSS y el alejamiento del programa original de la
perestroika de ‘más democracia y más socialismo’. Se trata de retroceder hacia los
mecanismos de mercado que garantizan una solución pragmática de ambos problemas.”
Hobsbawm describe el cambio de relaciones de eficacia entre las economías
capitalista y las del socialismo real a partir de los años 60, cuando esta últimas empiezan
a quedar visiblemente rezagadas y originan los intentos reformistas que se suceden sin
éxito: “El nuevo rumbo de Deng en China significaba un franco reconocimiento público
de que eran necesarios cambios radicales en la estructura del «socialismo realmente
existente», pero con el advenimiento de los años ochenta se hizo cada vez más evidente
que algo andaba mal en todos los sistemas que se proclamaban socialistas. La
ralentización de la economía soviética era palpable. La tasa de crecimiento de casi todo
lo que contaba y se podía contar caía de manera constante de quinquenio en quinquenio
desde 1970: el producto interior bruto, la producción industrial, la producción agrícola,
las inversiones de capital, la productividad del trabajo, el ingreso real per capita. Si no
estaba en regresión, la economía avanzaba al paso de un buey cada vez más cansado. Es
más, en vez de convertirse en uno de los gigantes del comercio mundial, la Unión
Soviética parecía estar en regresión a escala internacional”23
Hobsbawm alude a dos aspectos que indicaban la decadencia de la URSS, el
primero es la degradación de las condiciones de vida: “De hecho, hacia los años setenta
estaba claro que no sólo se estancaba el crecimiento económico, sino que incluso los
indicadores sociales básicos, como la mortalidad, dejaban de mejorar. Esto minó la
confianza en el socialismo quizás más que cualquier otra cosa, porque su capacidad para
mejorar las vidas de la gente común mediante una mayor justicia social no dependía
básicamente de su capacidad para generar mayor riqueza”.24
El segundo se refiere a la popularización de un término que resumía el problema
burocrático, “el término nomenklatura, prácticamente desconocido antes de 1980,
excepto como parte de la jerga administrativa del PCUS, sugería precisamente las
debilidades de la egoísta burocracia del partido en la era de Brezhnev: una combinación
de incompetencia y corrupción. Y se hizo cada vez más evidente que la Unión Soviética
23 Hobsbawm, Eric, op. cit., pág. 468
24 Ibíd, pág. 469
Las experiencias históricas de transición al socialismo
20
misma funcionaba, fundamentalmente, mediante un sistema de patronazgo, nepotismo y
pago”25
El análisis de José María Maravall26 en este aspecto es similar: apunta a que tras
la muerte de Stalin aparecieron propuestas tendentes a establecer mecanismos de
mercado en el marco de la propiedad estatal de los medios de producción y de la
planificación imperativa.
Estas reformas económicas puestas en marcha tras la muerte de Stalin tenían una
intencionalidad política, la de reforzar la legitimidad de estos regímenes “creando
válvulas de escape a través de consumo y de una mayor tolerancia respecto las
actividades privadas”. Pero estas reformas parciales no consiguieron resolver los
problemas de las economías socialistas: “ni las ineficiencias en la asignación de los
recursos, ni las restricciones a las entradas y salidas de los agentes, ni la insuficiente
innovación, ni la ausencia de estímulos, ni la adecuada información”. La crisis
económica de los 70 contribuyó a empeorar los problemas crónicos de los países
comunistas, que en lugar de ajustar sus economías optaron por endeudarse.
El análisis de Manuel Castells27 también enfatiza la importancia de la economía
en el derrumbe, enfatizando dos aspectos que, en su opinión, contribuyeron a agravar su
situación, de un lado los enormes gastos militares necesarios para mantener su enorme
máquina militar; de otro, el enorme retraso tecnológico en que quedó la URSS en su
última década de existencia y al que atribuye el papel de factor desencadenante de la
crisis final. Seguiremos a continuación su argumento.
La generalidad de la crisis del comunismo, lo súbito de su aparición y la rapidez
de su desarrollo sustentan la interpretación de dicha crisis como expresión de profundas
causas estructurales inherentes al propio sistema. Las primeras políticas de reforma en
profundidad de un sistema comunista, si se exceptúan los tímidos amagos de Kruschev,
tuvieron lugar en China, a partir de la victoria de Deng Xiao Ping contra la herencia
maoísta en 1968. El proceso de cambio económico y político que se inicia en la Unión
Soviética a partir de mediados de 1985 tiene su origen en un intento desesperado por
parte de Gorbachov y de un sector del PCUS para salvar el sistema comunista mediante
una reforma en profundidad de algunos de sus mecanismos. Dicha reforma se había
hecho inaplazable.
25 Ibíd, pág. 469
26 Maravall, José María, op. cit., págs. 87-92
27 Castells, Manuel, La nueva revolución rusa, editorial Sistema, Madrid, 1992, págs. 30-41
Jesús Sánchez Rodríguez
21
El modelo de crecimiento extensivo de la economía soviética industrializó y
urbanizó el país rápidamente, pero creó, al mismo tiempo, las fuentes de su propia
crisis. Y ello por dos razones fundamentales: por un lado, la colectivización forzosa de
la agricultura en los años treinta destruyó el incentivo de los campesinos para alcanzar
una mayor productividad al cortar la relación entre su trabajo y su remuneración, y esta
débil productividad de la agricultura soviética disminuyó, a su vez, la capacidad de
acumulación de la economía en general y ralentizó la mejora del consumo de los
habitantes de las ciudades. Por otro lado, la prioridad absoluta asignada al
establecimiento de un poder mundial condujo a la concentración de los recursos
económicos generados en la construcción de un complejo militar industrial que se
convirtió en el centro de la economía en la sociedad soviética.
Desde 1971 a 1985 la economía soviética entró en un periodo de estancamiento,
que a partir de 1984 se convirtió en crecimiento negativo. Sus razones se encuentran en
la evolución de la propia economía soviética y los cambios operados a nivel mundial, en
particular la revolución tecnológica.
La economía soviética intentó repetidamente durante los años setenta introducir
elementos descentralizadores mediante el principio de responsabilidad financiera de las
empresas. Pero la verdadera descentralización en una economía compleja es un sistema
de precios que reflejen, más o menos espontáneamente las infinitas transacciones entre
consumidores y productores que se producen en el conjunto de la economía. Sin un
sistema de precios, la descentralización de la gestión a las empresas no hace sino
transferir la responsabilidad engendrada a la periferia, sin cambiar los criterios con los
cuales se asignan los recursos. En el desarrollo histórico del sistema soviético se hizo
aún más difícil la reforma posible de su gestión económica por la aparición paulatina de
un mercado paralelo. La economía sumergida soviéticas se convirtió en un sistema de
mercado al interior de la economía planificada.
Ahora bien, continua Castell, el elemento desencadenante de la crisis estructural
de sistema soviético no fue directamente económico, sino tecnológico. No es casual que
el retraso fundamental de la Unión Soviética se produjera en una década (1975- 85) en
la que tuvo lugar la plena difusión de las nuevas tecnologías informáticas en el mundo.
El sistema comunista no fue capaz de asimilar la nueva revolución tecnológica por dos
razones fundamentales: 1) la prioridad esencial dada al incremento del poder del Estado
a través de la potencia militar concentró en el agujero negro del complejo militar
industrial lo esencial de la ciencia y la tecnología soviéticas, no solamente en términos
Las experiencias históricas de transición al socialismo
22
de recursos, sino, sobre todo, de personal humano 2) un segundo factor que explica el
retraso soviético en los sectores claves de las nuevas tecnologías se refiere al hecho de
que el núcleo de la actual revolución tecnológica está formado por las llamadas
tecnologías de la información.
El acontecimiento que provocó la alerta roja del sistema soviético, en relación
con su atraso tecnológico, fue el programa norteamericano de la guerra de las galaxias
lanzada por Reagan en marzo de 1983. Enfrentado al socavamiento paulatino de lo que
este autor considera como su razón de ser fundamental, a saber, el poderío militar, el
sistema soviético tuvo que aceptar la necesidad de una reforma en profundidad con los
objetivos declarados de obtener su modernización tecnológica y su dinamización
económica.
La última etapa del sistema soviético se corresponde con el intento reformista
protagonizado por Gorbachov y parte de la dirigencia soviética, cuyo fracaso por sacar
a la URSS del declive por el que se deslizaba precipitaría la debacle. En el aspecto
económico su objetivo era reestructurar la economía soviética llevándola hacia un
socialismo de mercado. “En lo económico, las reformas no lograron reactivar el aparato
productivo y, al no decidir a su favor el conflicto con los bastiones del poder
burocrático, lo único que lograron fue desorganizar aun más los mecanismos de
planificación central, profundizando la ya aguda crisis económica y social. El fracaso de
las medidas gradualistas de transición a un socialismo de mercado abrió paso a ideas
mucho más radicales de aceleración y profundización de las reformas, contemplando un
campo mucho más amplio de privatizaciones. En lo político, la glasnost logra
desencadenar un vasto y rico proceso de apertura y democratización en el que florece la
vida política y cultural. Pero la apertura, lejos de mejorar la capacidad de liderazgo del
PCUS, comienza por cuestionar su carácter de partido único, y termina haciendo lo
propio con su papel dirigente. En la arena internacional, al soltarse las amarras de los
países de Europa oriental, tienen lugar procesos de masas que barren con el poder de las
nomenclaturas satélites. La perestroika acaba desbordándose a sí misma, no por
incapacidad del liderazgo gorbachoviano, sino por la naturaleza terminal de la crisis del
sistema soviético.” 28
En 1991 hay tres bloques que se disputan la salida de la crisis de la URSS, el
gradualismo de Gorbachov, los reformistas radicales de Yeltsin, y los conservadores, el
28 Dabat, Alejandro y Toledo, Alejandro, El golpe de agosto de 1991 y el colapso de la URSS, Iztapalapa, Nº 28, pág. 186
Jesús Sánchez Rodríguez
23
fracaso el golpe de estos últimos en agosto de 1991, como ocurre en estos casos, dejó el
campo despejado para los partidarios de Yeltsin.
Estos dos últimos autores citados, lo mismo que otros muchos, se enfrentan a la
pregunta crucial de por qué la población en general, y la clase obrera en particular,
respaldó a los reformistas radicales de Yeltsin en agosto de 1991, de por qué no
defendió un modelo socialista diferente, y encuentran dos razones explicativas: el
rechazo general al socialismo, identificado con el estatismo totalitario padecido, y la
atracción por el modo de vida que vende la propaganda occidental.29
La pregunta planteada remite a las razones finales del fracaso de la experiencia
soviética y el socialismo real y que algunos autores han intentado explicar desde el
punto de vista marxista acudiendo para ello incluso a autores pertenecientes a esta
corriente que habían previsto este desenlace con decenios de antelación: “creemos que
la respuesta puede encontrarse en los propios planteamientos del materialismo histórico.
Este nos enseña que el desarrollo de las fuerzas productivas es la necesidad básica de
toda sociedad y que en el largo plazo prevalecen los modos de producción más
eficientes sobre los menos dinámicos. Según el materialismo histórico los intereses de la
sociedad predominan a la larga sobre los del Estado y el desarrollo social sólo puede
alcanzar niveles elevados cuando se traduce en el florecimiento de la personalidad
individual. Dentro de esta perspectiva teórica el socialismo no sólo constituye la
eliminación de la propiedad privada de los medios de producción, sino la socializaci6n
de la gestión económica y política y el respeto a los derechos de las personas y grupos
sociales.
Partiendo de tales premisas puede reconocerse por qué la vía estatista-totalitaria
llevó a la URSS a un callejón sin salida, a un tipo de desarrollo económico-social que a
la larga implica estancamiento y decadencia de las fuerzas productivas, imposibilidad de
continuar resistiendo a la presión externa del capitalismo mundial, de generación de la
vida social y, finalmente, derrumbe del sistema.”30
29 Desde el punto de vista de las razones de la población al rechazo del socialismo real bajo el que vivía es muy interesante el
siguiente argumento basado en la esfera de la psicología individual: “entre las causas que conllevan al derrumbe se encuentra el
hecho de que los constantes limites y prohibiciones ciudadanos impuestos por el régimen fueron limitando el disfrute de la libertad
humana, sus vías de expresión y materialización, generando la acumulación de pequeñas frustraciones cotidianas, a escala personal
y social. Estas irían traduciéndose en doble moral, enajenación y, en su momento cúspide, producirían un rechazo generalizado al
sistema en su totalidad así como de los valores que promulga.” Chaguaceda Noriega, Armando, Cuba: “Transición democrática” o
renovación socialista. Proyectos y alternativas para un siglo que comienza.,
http://www.nodo50.org/cubasigloXXI/congreso/chaguaceda_10abr03.pdf. págs. 76-77
30 Dabat, Alejandro y Toledo, Alejandro, op. cit. págs. 193-4
Las experiencias históricas de transición al socialismo
24
En cuanto a los autores marxistas “proféticos” mencionan a tres pertenecientes a
orientaciones muy diferentes como fueron Kautsky, Trotsky y Bujarin, el primero “al
denunciar la supresión de la democracia por los bolcheviques y las consecuencias
históricas de su orientación económica”, el segundo “al cuestionar la posibilidad de un
socialismo nacional más atrasado económicamente que el capitalismo”, el tercero “al
rechazar el camino de la industrialización y la colectivización forzada”31
Los argumentos situados en el campo trotskista (la corriente marxista que
posiblemente más se ha ocupado de este tema) sitúan el derrumbe del socialismo real en
tres aspectos, primero la planificación burocrática no controlada ni democráticamente
por los productores, ni por el mercado; segundo, la limitación dentro de sus estrechos
márgenes nacionales a partir del paradigma del socialismo en un solo país; finalmente,
la primacía de la economía mundial sobre esas economías nacionales32.
Las debilidades de los Estados burocráticos se hacían patentes en varios aspectos
vitales: La nacionalización y planificación, necesarias para el desarrollo socialista,
degeneraron ante la ausencia de democracia y libertad, y se puso al servicio de los
crecientes privilegios burocráticos. Los países del socialismo real mantuvieron una
fuerte dependencia comercial de los países capitalistas, con los cuales se endeudaron de
una manera intensa y peligrosa. Por último, el retraso tecnológico se fue agrandando
respecto a los países capitalistas, fruto de la ausencia de libertad y de la planificación
burocrática que obstaculizaron la innovación tecnológica.
La crisis definitiva a finales de los años ochenta es provocada por la
acumulación de varios factores: recesión, inflación, carencia aguda de bienes e
inversiones y, finalmente, la irrupción de las masas. Todo ello lleva a una restauración
capitalista. Desde el exterior también se ejercieron fuertes presiones en el mismo
sentido con el deterioro de los términos de intercambio y el peso de la creciente deuda
externa.33
De todas las maneras, la polémica en el seno del trotskismo sobre la naturaleza
de la Unión Soviética y el resto de los países del socialismo real nunca fue pacífica. La
primera definición de Trotsky fue la de Estado obrero degenerado, pero después otros
autores de esta corriente emplearon diferentes calificaciones que suscitaron la discusión
31 Ibídem, pág. 194
32 Ramírez, Roberto, La mundialización del capitalismo imperialista, http://www.socialismo-obarbarie.
org/actualizaciones_imperialismo/plantilla_seccion_imperialismosigloXXl.htm. pág. 40.
33 Romero, Aldo Andrés, págs. 60-1
Jesús Sánchez Rodríguez
25
en su seno34 como fueron las de forma transitoria de capitalismo estatizado, Estado
obrero deformado, colectivismo burocrático o capitalismo de Estado.
Hicimos alusión anteriormente a una triple línea de críticas realizadas al
socialismo real desde posiciones marxistas. Una de ellas negaba el carácter socialista de
la revolución llevada a cabo en Rusia y calificaba al régimen inaugurado por los
bolcheviques como capitalismo de Estado. Hay un autor35 situado en esta perspectiva
que demuestra como la crítica descalificadora del socialismo real llevada a su límite –
aunque los argumentos no sean desdeñables – suele estar acompañada de una ausencia
de alternativas para alcanzar el socialismo. En nombre del utopismo más absoluto queda
descalificada toda la experiencia y corrientes del movimiento obrero, desde la
socialdemocracia al consejismo, pasando por el leninismo, el trotskismo y el
anarquismo. La razón de recoger sus consideraciones en este trabajo se debe al hecho de
dichos argumentos, como el resto de los aludidos a lo largo de este análisis, suponen
una perspectiva más desde la que enfocar el fenómeno del socialismo real, algunos de
cuyos aspectos son compartidos por otras posiciones diferentes.
Los argumentos con los que descalifica al régimen soviético los desarrolla a
partir de la crítica de algunas posiciones de autores situados en el trotskismo o el
comunismo de consejos. Su punto de partida es que la revolución rusa ni siquiera tuvo
carácter socialista, fue una revolución “contra el feudalismo, no contra el capitalismo
(…)Su destrucción del capitalismo privado no fue cualitativamente distinta, en su
significación histórica real, de un proceso -acelerado y de alcance nacional-estatal- de
destrucción de capitales individuales a través de la competencia, para dar lugar a
capitales más concentrados y centralizados. Lo que se eliminó fue la propiedad privada
individual, no la propiedad privada como relación social del trabajo alienado. La
llamada propiedad estatal no era una verdadera propiedad pública, sino una propiedad
privada colectiva del Estado, como ocurre con las propiedades estatales en cualquier
país capitalista.”
Luego concuerda con Mattick en su calificación de la Unión Soviética como
capitalismo de Estado, “Todos los sistemas capitalistas de Estado, o, si se prefiere,
socialistas de Estado, se parecen a la economía capitalista de mercado en su
mantenimiento de las relaciones capital-trabajo y en sus adaptaciones de los métodos
mercantiles capitalistas. En lugar de ser poseídos por los capitalistas, los medios de
34 Teorías sobre el colapso del stalinismo, Proletarian Revolution, Nº 65, otoño 2002
35 Ferreiro, Roi, El capitalismo de Estado y la decadencia del modo de producción capitalista.
Las experiencias históricas de transición al socialismo
26
producción son ahora controlados por los gobiernos. (…) La fuerza de trabajo se vende a
la gerencia de ciertas empresas y los salarios compran mercancías a la gerencia de otras
empresas. Hay un cuasi-comercio entre la gerencia de unas empresas y la gerencia de
otras, tal y como se mantiene entre las diversas divisiones de las grandes corporaciones
en todas las naciones capitalistas, y que alcanza su forma completa en la economía
estatal plenamente centralizada. Formalmente, no hay mucha diferencia entre la
economía de la empresa privada y la economía controlada por el Estado, excepto el
control centralizado sobre el plusproducto, o plusvalía.”. Pero critica a Mattick el
cometer el error de no ver que las formas de capitalismo de Estado occidentales son
formas esencialmente idénticas al capitalismo de Estado soviético pero con desarrollos
diferentes, en correspondencia con las diferentes condiciones históricas.
La planificación empleada en el sistema soviético no es de por sí ningún
elemento característicamente socialista, ni supone una gestión más eficaz: “A pesar de
la planificación, la anarquía del mercado seguía operando en el desarrollo de conjunto
por cauces menos visibles, como consecuencia de la ley del valor. En lugar de acabar
con los desequilibrios, la planificación acababa por ir siempre a la zaga, intentando
resolver los continuos desequilibrios que se generaban. Aunque la sociedad entera es
dirigida como una sola empresa, los procesos productivos siguen manteniendo la
escisión entre capital y trabajo, entre plusvalía y salario, entre la composición técnica y
la composición en valor del capital. En realidad, el único papel positivo del Estado
planificador era la redistribución de la plusvalía entre las ramas de la producción, pero
ello no podía sustituir, como se pretendió, la autonomía de los capitales individuales y
la autorregulación del mercado”
Partiendo de su definición de capitalismo de Estado, el autor explica la secuencia
de desarrollo inicial rápido, estancamiento y hundimiento final de la Unión Soviética:
“Cuando el capitalismo de Estado bolchevique estaba en sus comienzos, su capacidad
de concentración y centralización de la acumulación era comparativamente mucho
mayor que la del capitalismo privado en un estadio de desarrollo similar. Así, en las
primeras décadas permitió un enorme crecimiento económico, que en realidad era el
resultado de una condensación en el tiempo, de una aceleración, del desarrollo que en el
capitalismo privado hubiese llevado muchísimo más. Pero una vez la base económica
capitalista se generalizó esta ventaja se perdió y comenzaron a prevalecer las
desventajas. El crecimiento comenzó a ralentizarse y obligó a tomar medidas
correctoras que reestableciesen la competición. Pero, aparte del hecho de que esas
Jesús Sánchez Rodríguez
27
medidas fuesen tardías y limitadas, las dificultades mencionadas se combinaron
fatalmente con la tendencia descendente de la tasa de beneficio que también socavaba la
acumulación.”
Roi Ferreiro interpreta la crisis final de la URSS como parte de una crisis más
general del capitalismo “La crisis de la economía mixta y la crisis del capitalismo de
Estado soviético fueron una sola crisis, la crisis del modelo de acumulación de capital
basado en la acción autónoma del Estado y limitado al marco territorial en el que tal
Estado tenía o podía ejercer una influencia directa.”
Solo que si en su inicio el capitalismo de Estado de la URSS había supuesto una
ventaja para el desarrollo económico, en su etapa madura se convirtió en una terrible
desventaja: “La única ventaja del capitalismo de Estado ruso fue que llevó los mismos
métodos que empleó la “economía mixta”, para compensar la caída tendencial de la tasa
de ganancia debida a la elevación de la composición orgánica del capital, a un extremo
y potencia inalcanzables en los países de economía “mixta” debido a la división entre un
sector público y otro privado. Pero esta “ineficacia” técnica creó las condiciones para
una reestructuración salvaje y acelerada que transformó todo el modelo de acumulación
entre los 70 y los 80, mientras que la “eficacia” de la planificación “soviética” postergó
la agonía del capitalismo de Estado durante una década más y derivó en un derrumbe
brutal de toda la estructura económica. Pues en éste último caso -y a falta de una
verdadera revolución comunista- la falta de rentabilidad no podía arreglarse sin suprimir
la estatización generalizada y con ella el pleno empleo y todos los mecanismos de
socialización improductivos para el capital. Por eso fue la burocracia misma la que se
transformó en capitalista privada y echó a la basura todo el aparato de planificación,
haciendo cargar con las consecuencias de su fracaso sobre el proletariado ruso”
Por terminar esta parte centrada en las causas económicas del fracaso del modelo
eurosoviético podemos añadir la crítica económica desde autores cubanos que
reflexionan tras el colapso del socialismo realmente existente y la situación por la que
atraviesa Cuba.
En “La economía política de la construcción del socialismo” se señalan las
deficientes condiciones económicas en que se inició la experiencia soviética y como a
partir de esta situación se produce un “salto prematuro a la construcción directa del
comunismo en la URSS” que es el origen de “serias deformaciones al ideal socialista y
humanista del marxismo” que “crearon las condiciones para su implosión muchos años
después”.
Las experiencias históricas de transición al socialismo
28
En definitiva, “La trasgresión de las etapas del desarrollo condujo a un
atolladero múltiple: al “dogmatismo intransigente de la época de Stalin”, luego al
“pragmatismo inconsistente” en la praxis económica para cerrar con la “apologética” en
tanto que rasgo genérico de la economía política del socialismo que pretendió
interpretarlo. El origen genético del derrumbe está en estas huellas. La trasgresión de la
transición fue repetida en Europa del Este y en otros países de la periferia. La teoría de
la transición socialista se hizo “innecesaria”.36
Alfredo González Gutiérrez37 reconoce que el modelo económico surgido en los
años 30 en la URSS, basado en una planificación altamente centralizada se impuso
como el modelo de avance hacia el socialismo; pero posteriormente, la práctica
demostró la ineficiencia de este sistema, apuntando a que “entre otras causas, esto
ocurría debido a que en ausencia de relaciones mercantiles y de competencia, las
ineficiencias y los altos costos tendían a ser trasmitidos automáticamente a los precios
internos o eran recogidos por los subsidios; recargando de reciente lastre todo el sistema
(…) En condiciones de progresiva escasez y encarecimiento de los factores productivos,
ello determinó una reducción de los ritmos de crecimiento y un acentuado atraso
relativo de la innovación tecnológica”. Pero, apunta a un aspecto más profundo cuando
sostiene que los sistemas altamente complejos, como la economía, no pueden ser
regulados directamente desde un centro y que “solo pueden funcionar eficientemente
con niveles descentralizados de autorregulación homeostática”. Más adelante tendremos
ocasión de analizar que propuestas se derivan de estas tesis.
No obstante el reconocimiento del peso de los factores económicos en el
derrumbe del socialismo real, la mayoría de los autores que analizan estos
acontecimientos rechazan las interpretaciones “economicistas” como es el caso de
Ángel Romero quién alega que juntó a las razones económicas jugaron otras de tipo
social y político38; o también Hobsbawm:
“Llegados aquí tenemos que volver de la economía a la política del «socialismo
realmente existente», puesto que la política, tanto la alta como la baja, causaría el
colapso eurosoviético de 1989-1991. Políticamente, la Europa oriental era el talón de
Aquiles del sistema soviético, y Polonia (y en menor medida Hungría) su punto más
vulnerable. Desde la primavera de Praga quedó claro, como hemos visto, que muchos de
36 Figueroa Albelo, V.M. y otros (2006) La Economía Política de la Construcción del Socialismo Edición electrónica. Texto
completo en http://www.eumed.net/libros/2006b/vmfa/, pág. 11
37 González Gutiérrez, Alfredo, op. cit., pág. 1-2
38 Romero, Aldo Andrés, págs. 54
Jesús Sánchez Rodríguez
29
los regímenes satélites comunistas habían perdido su legitimidad. Estos regímenes se
mantuvieron en el poder mediante la coerción del Estado, respaldada por la amenaza de
invasión soviética o, en el mejor de los casos —como en Hungría—, dando a los
ciudadanos unas condiciones materiales y una libertad relativa superiores a las de la
media de la Europa del Este, que la crisis económica hizo imposible mantener. Sin
embargo, con una excepción, no era posible ninguna forma seria de oposición
organizada política o pública. La conjunción de tres factores lo hizo posible en
Polonia.”39
Así, en este país se inició la fase final que llevaría al derrumbe del socialismo a
finales de los años 80.
Un autor que aún incidiendo en los factores económicos añade otros dos más
entre las causas del derrumbe del socialismo realmente existente es Jan Patula40, quién
analiza los tres planos vinculados con el colapso del sistema: el económico, el político y
el de las relaciones de la URSS con los países del este.
En el primer plano, el económico, señala como el modelo económico que
termina imponiéndose y al que, entre otras denominaciones, se le ha conocido como
“economía centralmente planificada”, no provino de un proceso de maduración de las
fuerzas productivas, sino de “la deliberada decisión política de romper con el sistema
capitalista”. Sus rasgos básicos fueron una industrialización acelerada con predominio
del desarrollo de la industria básica y un peso decisivo de los gastos militares.
El autor se suma a aquellos que contemplan la economía de tipo soviético
sumida en una crisis casi permanente y estructural como consecuencia de la
“desarticulación progresiva del modo de producción socialista”. Cronológicamente esta
desarticulación tendría cuatro momentos claves: 1) La legalización del sector privado de
la agricultura tras la muerte de Stalin, que no solamente no dinamizó la vida económica,
sino que contribuyó a su anarquización. 2) El aumento creciente de la distancia respecto
al desarrollo de las industrias más avanzadas en el mundo capitalista. 3) La progresiva
descapitalización de la industria que la dificultaba en la tarea para la formación de
capital y la disponibilidad de medios financieros para su modernización. 4) La
apropiación por la nomenclatura de la riqueza, práctica que se extendió cuando empezó
a descomponerse el sistema de dominio político.
39 Hobsbawm, Eric, op. Cit., pág. 472
40 Patula, Jan, Causas del derrumbe del socialismo real, ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1994, http://biblioteca.itam.mx/estudios/estudio/letras36/notas1/sec_1.html,
Las experiencias históricas de transición al socialismo
30
En el segundo plano, el político, lo más destacable sería la progresiva erosión del
sistema político en las últimas décadas con el desgaste sufrido por la legitimación
revolucionaria del poder, especialmente por la elevación del nivel cultural y educacional
de la población, en esta erosión jugaría un papel especial, a juicio de Jan Patula, la
aparición del sindicato Solidaridad en 1980.
Ariel Dacal concuerda en este aspecto, la elevación del nivel cultural de la
población soviética terminó siendo perjudicial a la dominación burocrática
“debido a su autoritarismo, su falta de participación y democracia, en el sentido
más amplio de la palabra, si bien hubo un desarrollo cultural que incrementó la
capacidad de reflexionar y ver el mundo desde otras perspectivas, no existieron
mecanismos para que esa cultura fluyera por las diferentes estructuras del sistema”41
En el plano político, continúa Patula, también destaca la erosión de lo que
denomina “carácter prerrogativo del Estado” y que se caracteriza por que el poder tiene
una doble regulación, un parte a través del derecho, y otra a través del “principio de
regulación revolucionaria”.
Con el tercer plano se refiere al sistema de relaciones creado entre la URSS y los
países de Europa del este que aseguró la cohesión de estos regímenes mediante una red
de relaciones de dependencia respecto al primero que denomina “cláusula imperial”. La
renuncia por parte de la URSS a esta “cláusula imperial” a partir de 1989 fue decisiva
en el derrumbe del socialismo realmente existente en los países del este de Europa.
Su conclusión es la de que los rasgos inherentes al socialismo realmente
existente contenían los gérmenes de su descomposición y que el derrumbe tuvo lugar
cuando se produjo la combinación de una serie de factores.
Ya hemos visto las razones que para Marlene Azor convertían en antagónicos
los fines perseguidos por la economía del socialismo real y los mecanismos empleados,
pero esta autora también se fija en otros aspectos del modelo que le abocaron al fracaso
como la estructura social, el sistema político y el funcionamiento de la ideología. A
pesar de reconocer que en los años 70 existía una extensa igualdad entre la población
con una élite muy pequeña y la ausencia de una gran clase media, sin embargo la
desigualdad se expresaba en cuatro aspectos esenciales, la división social del trabajo, la
familia, la división sexual de los roles, y el papel del Estado. Esta situación de una élite
reducida y sin alternancia llevaría a una cristalización del poder, al espíritu conservador
y a la polarización social entre una élite reducida y la mayoría de la población; por otro
41 Hernández, Rafael; Brown, Francisco; Dacal, Ariel; Díaz Vázquez, Julio A.; Rojas, Fernando, op. cit., pág 98
Jesús Sánchez Rodríguez
31
lado, la ausencia de una clase media impide que se flexibilicen los conflictos que, por el
contrario, se magnifican.
Para esta autora el socialismo real ha “presentado marcados rasgos del régimen
político definido como totalitario (…)La concentración del poder de decisión y de
control en las máximas estructuras del partido. La subordinación y dependencia de las
instituciones estatales, sociales y de la actividad y funcionamiento de toda la sociedad a
ese nivel de decisión. La ausencia de autonomía de la sociedad civil frente al Estado y
de éste frente al partido. Sistemas de control masivo en los procesos de socialización
familiar, escolar, laboral, de residencia y de la opinión pública.”42
Las causas que generan ordenamientos de jerarquía y control en el socialismo
real, continua Marlene Azor, se encuentran en la finalidad radical de cambiar no solo la
estructura económica y social, sino también las viejas normas, valores y conductas
sociales en países subdesarrollados. Una modernización acelerada como la perseguida
desde unas estructuras precapitalistas y, a su vez, cercada por una sistema capitalista
hostil solo podía lograrse por medios despóticos. Estas condiciones llevaron a priorizar
la conservación del poder para realizar transformaciones de tal envergadura, y a una
centralización rígida para enfrentar los riesgos externos y las metas internas. El nuevo
poder político se creó así, con una dualidad de enfrentamientos, hacia el exterior en un
sentido defensivo, y hacia el interior no solo erradicando a los sectores desplazados del
poder, sino también subordinando los intereses inmediatos de la población a los fines de
la acumulación, la transformación de normas y valores y la preservación del poder.
Continúa su análisis del aspecto político explicativo del derrumbe del socialismo
real señalando que en sus inicios se trató de sistemas basados en la autoridad
carismática, pero con la rutinización del carisma las normas e instituciones de estos
sistemas políticos adquieren otros rasgos. En el trascurso del proceso histórico, el
liderazgo político adquiere el rasgo gerontocrático que se expande hacia el resto de la
élite social. La legitimidad de la gerontocracia descansa en la creencia de autenticidad
en los valores y poderes de mando fundantes de la revolución. Califica a los sistemas
políticos del socialismo real en parte modernos y en parte tradicionalistas; no existiendo
ni equilibrio de poder, ni relativa autonomía de las organizaciones sociales, y con una
opinión pública débil.
Finalmente se refiere al hecho de que en lugar de un ascenso de la conciencia de
clase lo que se produjo fue un “vaciamiento” ideológico masivo en “un largo proceso
42 Azor Hernández, Marlene, op. cit., págs. 88-89
Las experiencias históricas de transición al socialismo
32
social en el que son determinantes la teoría o el discurso ideológico, los procesos de
socialización del actor social”. Tras un movimiento de avance y retroceso de los nuevos
valores “la tendencia condicionada por los mecanismos del modelo, termina por
imponer efectos de desintegración social evidentes en un desplazamiento de la actividad
social hacia los grupos primarios —la familia, por ejemplo—, un distanciamiento de los
asuntos sociales y el retroceso hacia el espacio de la vida privada, la tendencia hacia un
imaginario social «fatalista» y la desarticulación política e ideológica cuyos rasgos
recorren un amplio espectro de conductas.”43
Un autor que aumenta el numero de dificultades que concurrieron en el fracaso
final de la sociedad construida a partir dela revolución rusa es Gabriel Vargas Lozano44,
que en su explicación multicasual apunta a: el carácter atrasado, multiétnico y
multinacional de la sociedad rusa de principios del siglo XX; la agresión exterior que
sufrió en su inicio con objeto de hacer abortar la revolución; la falta de una tradición
democrática en Rusia; la muerte prematura de Lenin que provocaría la lucha interna en
el partido bolchevique; la derrota de la revolución socialista en Europa y la doctrina del
socialismo en un solo país; el surgimiento de la amenaza fascista en Europa; la agresión
nazi contra la URSS; y la consolidación del stalinismo.
Mas exhaustiva es aún la enumeración que de las diferentes causas concurrentes
en el derrumbe del socialismo realmente existente realiza Valqui Chaqui45 que las
agrupa en cinco bloques temáticos: condiciones y coyunturas, causas políticas, causas
teórico-prácticas, causas estructurales y causas ideológicas. Sin embargo aunque en esta
enumeración no se encuentre una distinción entre causas principales y coadyuvantes, si
las podemos localizar a lo largo del texto. Así, el derrumbe es achacado
fundamentalmente a causas internas, “la recreación de las contradicciones y
racionalidades del capitalismo en las entrañas soviéticas, constituye la causa esencial
que en última instancia explican el fracaso del primer intento mundial de construir el
socialismo”.
Esta alteración del proyecto originario en sus fases tempranas es achacada, a su
vez, a dos causas diferentes, una interna, “las inexistentes condiciones materiales y
culturales necesarias en Rusia para la construcción del socialismo marxista”, y otra
43 Ibídem, pág. 101
44 Vargas Lozano, Gabriel, op. cit., págs. 168-9
45 Valqui Cachi, Camilo, La filosofía de la praxis e México ante el derrumbe del socialismo soviético, La Habana, 2002, Editado en
Internet por Rebelión, http://www.rebelion.org/libros/valqui111102.pdf, pág. 205
Jesús Sánchez Rodríguez
33
externa, “la derrota de la revolución socialista europea” a la que se añadió la
intervención armada exterior. 46
La alteración del proyecto originario se concretaría en la existencia de cuatro
señas de identidad no socialistas en el socialismo soviético:
“1) estatalización de los medios de producción; 2) Estado en manos de la
burocracia soviética; 3) nuevas formas de explotación y dominación interna y; 4)
elementos de carácter imperialista cuyo centro se ha identificado con Moscú “.47
Uno de los aspectos sociales y políticos más característicos del socialismo
realmente existente, y también más abundantemente denunciado, se refiere a la
generación de una poderosa burocracia, a veces analizada como una nueva clase, que
secuestra y asfixia a la revolución, y sobre la que Stalin capitaliza su liderazgo y
control. Para Julio A. Díaz Vázquez48 las causas de este proceso de burocratización son
varias: en primer lugar estaría la herencia del Estado zarista; luego se añadirían otras
como los estragos de la guerra civil sobre la clase obrera que llevaría a que el partido
sustituyera a los soviéts, el bajo nivel educacional de la población, el bajo desarrollo de
las fuerzas productivas o, el ingreso de un gran número de responsables del ejército,
cuando este reduce a partir de 1924, en el partido y la administración con sus métodos
propios.
La burocracia soviética se crea a partir de tres grupos sociales49, los
dirigentes políticos, los altos puestos administrativos y los directores de las empresas, y
establece, con Stalin a la cabeza, la tarea de promover el máximo desarrollo de la
economía soviética. Las características que adopta esta política son, una elevada tasa de
inversión, una concentración de la autoridad en el Estado y las empresas, la separación
de los trabajadores de la toma de decisiones y la aplicación de una dura disciplina
laboral y el rechazo del igualitarismo.
Morán Rufino señala la necesidad para los nuevos regímenes de obtener la
colaboración de los cuadros y especialistas del antiguo régimen como un factor que
reforzó la nueva burocracia, indicando que “sin ellos la reconstrucción de la economía,
después de haber liquidado a la burguesía como clase, era prácticamente imposible”
46 Ibíd, pág. 53
47 Ibíd, pág. 49
48 Hernández, Rafael; Brown, Francisco; Dacal, Ariel; Díaz Vázquez, Julio A.; Rojas, Fernando, op. cit., pág. 96
49 Morán Rufino, Manuel, op. cit.
Las experiencias históricas de transición al socialismo
34
La degeneración burocrática como factor decisivo en el derrumbe de la URSS es
el argumento que también sostienen Joaquín Sagaseta y Arturo Borges50 en una línea
argumentativa muy utilizada por los autores más aferrados a la ortodoxia marxista que
consiste en separar el pensamiento leninista, correcto y clarividente, del desarrollo real
ocurrido en Rusia, consecuencia de las adversas condiciones a las que se enfrentó la
revolución. De esta manera se intenta mantener especialmente la validez de las
concepciones sobre el partido. La solución para evitar el peligro de la degeneración
burocrática, siempre presente, sería entonces mantener la pureza de las ideas socialistas
y evitar que nuevas situaciones adversas en futuras revoluciones pudieran malograrlas.
El tema no es nuevo, y ya fue objeto de polémica al final de la época en que aún
quedaban resquicios de libertad en el PCUS antes de que Stalin los sellara férreamente.
Haremos mención a las posiciones de Trotsky − por ser uno de los dirigente
bolcheviques que más insistió en este tema y que mayor influencia perdurable consiguió
hasta nuestros días − en su documento de 1923 “El nuevo curso”51 que recoge diversos
trabajos, algunos de ellos publicados por la prensa soviética de la época. En dicho
documento Trotsky da la voz de alarma porque en el partido “el burocratismo ha
alcanzado un desarrollo excesivo, verdaderamente alarmante”, y no se trata, según él, de
una característica momentánea de algunas organizaciones sino de un fenómeno general.
A partir de esta denuncia, Trotsky desgrana sin un tratamiento sistemático − pues el
documento no tiene carácter académico, sino que son una serie de intervenciones en el
fragor de la lucha política en el seno del partido bolchevique − las que considera como
causas de esta burocratización, y su primer diagnóstico es que se trata de un fenómeno
originado en el propio régimen revolucionario, “Repitamos que el burocratismo del
partido no es un resabio del período anterior en vías de desaparecer sino, por el
contrario, un fenómeno esencialmente nuevo, originado por nuevas tareas, nuevas
funciones, nuevas dificultades y nuevos errores del partido”, y continúa, “la fuente del
burocratismo radica en la creciente concentración de la atención y de las fuerzas del
partido en las instituciones y aparatos gubernamentales y en la lentitud del desarrollo de
la industria.” Por lo tanto es en el mantenimiento y crecimiento del aparato estatal
donde se produce esta degeneración a la que no habían prestado suficiente atención los
clásicos del marxismo, incluido Lenin. Trotsky es muy claro al respecto, “El aparato de
Estado es la causa principal del burocratismo. Por una parte, absorbe a una gran
50 Sagaseta, Joaquín y Borges, Arturo, La revolución usurpada, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=39235
51 Trotsky, León, El nuevo curso, http://grup-germinal.org/?q=system/files/nuevocursoproblemasvida_0.pdf
Jesús Sánchez Rodríguez
35
cantidad de los elementos más activos del partido y enseña a los más capaces los
métodos de administrar a los hombres y las cosas pero no la dirección política de las
masas. Además acapara en gran medida la atención del aparato del partido, a quien
influye con sus métodos administrativos.” Causa principal pero no única, ya que
Trotsky hace referencia a otros aspectos que contribuyen a la burocratización, así
también se trata de un fenómeno social, “sus causas más profundas son la
heterogeneidad de la sociedad, la diferencia de los intereses cotidianos y fundamentales
de los diferentes grupos de la población. El burocratismo se complica debido a la
carencia de cultura de las masas.” Por último se refiere como otra causa importante a la
necesidad de mantener un ejército permanente.
En aquellos momentos Trotsky atisba las consecuencias negativas de la
burocratización en marcha pero sin profundizar demasiado. Se refiere a que “En su
desarrollo gradual, el burocratismo amenaza con separar a los dirigentes de la masa, con
llevarlos a concentrar únicamente su atención en los problemas administrativos, en las
designaciones; amenaza también con restringir su horizonte, debilitar su sentido
revolucionario, es decir, provocar una degeneración más o menos oportunista de la vieja
guardia o al menos de un sector considerable de ésta.”
Finalmente, en ésta que sería la última discusión libre permitida dentro del
partido bolchevique sobre los problemas internos del partido y la revolución, Trotsky no
propone medidas concretas contra este grave problema, su llamamiento es genérico, a
un desarrollo y consolidación de la democracia obrera en el seno del partido, a que los
órganos dirigentes del partido escuchen la opinión de las masas, y “no consideren a
toda crítica como una manifestación del espíritu fraccional y no impulsen así a los
comunistas conscientes y disciplinados a guardar sistemáticamente silencio o a
constituirse en fracciones.”
Isaac Deutscher52 dio un paso más en el análisis de este fenómeno y se pregunto
por cuales habían sido los factores responsables históricamente del poder político de la
burocracia. Su respuesta es similar a la de otros autores, encuentra que cuando las clases
sociales enfrentadas llegan a un “callejón sin salida” en las luchas sociales, entonces “la
jefatura política pasa casi automáticamente a manos de una burocracia”.
Pero su reflexión fundamental giró en torno al problema del tratamiento de la
burocracia por el marxismo y lo que realmente sucedió tras la revolución rusa. Destaca
su opinión sobre el hecho de que el marxismo clásico fue muy optimista sobre la
52 Deutscher, Isaac, Las raíces de la burocracia, http://revoltaglobal.cat/IMG/pdf/form_DeutscherLasraicesdelaburocracia.pdf
Las experiencias históricas de transición al socialismo
36
supresión del peligro burocrático bajo el socialismo: “Cuando Marx y Engels analizaron
la experiencia de la Comuna de París, no eran del todo conscientes de la amenaza
burocrática que podría sobrevenir en el futuro”.
Este es un tema controvertido, pues como en otros aspectos del desarrollo
practicó de las ideas de los clásicos del marxismo, los autores marxistas posteriores
suelen dividirse en dos campos, por un lado, aquellos que intentan demostrar que Marx
y Engels ya habían previsto y alertado contra casi todo y, de otro lado, aquellos que
realmente reconocen todos los aspectos del paradigma levantado por estos dos autores
que han sido refutados por la historia quedando la controversia, en este último caso,
situada en torno a sí todas esas refutaciones históricas han invalidado el paradigma
definitivamente o sólo le obligan a una reformulación más o menos profunda.
Siguiendo con Deutscher, este autor apunta algunas de las razones que explican
por qué Marx y Engels menospreciaron el problema de la burocracia. En primer lugar
porque Marx analizó la revolución en abstracto, tal como hizo con el capitalismo en su
principal obra “El Capital”. En segundo lugar porque concebían la revolución proletaria
bajó el modelo de la revolución de 1848, es decir, como un proceso en cadena de
revoluciones europeas. Por último, porqué sostenía como precondición de la revolución
socialista la existencia de una abundancia de bienes.
Sin embargo, “La realidad de la revolución rusa fue en todos y cada uno de los
aspectos una negación de los supuestos del marxismo clásico”: no siguió el modelo de
revolución paneuropea de 1848 sino que se redujo a un solo país, donde el proletariado,
además de minoritario, estaba desintegrado como clase por efecto de la Guerra Mundial,
la revolución y la guerra civil, y, además, en un país atrasado y pobre.
Así, en Rusia, se crean tras la revolución las condiciones para el predominio
político de la burocracia, pues después que los acontecimientos que durante una década
habían arrasado al país, ninguna clase era capaz de afirmarse. Sólo quedaba “la máquina
del partido bolchevique, que estableció su supremacía burocrática sobre la sociedad en
su conjunto”, sin el contrapeso, ahora, que en el capitalismo ejercen las clases
propietarias.
La burocracia se hacía necesaria para el socialismo en Rusia en tanto no se
superase el estado de pauperismo intelectual de las masas heredado el capitalismo, pero
el Estado debería estar controlado por las masas. Sin embargo, por las circunstancias
históricas mencionadas la balanza se inclinó totalmente el lado de la burocracia sin que
fuese contrapesada.
Jesús Sánchez Rodríguez
37
Deutscher contempla en este trabajo a la burocracia soviética insegura, sin una
base económica propia, sin identidad social para definirla como una clase y desgarrada
por la contradicción de dominar la sociedad como consecuencia de la abolición de la
propiedad. Pues bien, ella sería la que, finalmente, restauraría el capitalismo y cobraría
los dividendos.
El autor trotskista Ted Grant53 aporta un enfoque de lo ocurrido en la Unión
Soviética donde también el tema de la burocracia es su eje fundamental, pero sus
argumentos difieren en bastantes puntos de los de Deutscher y son, además, más
amplios, continuando la línea argumental desarrollada por Trotsky. Su análisis gira en
torno a varias ideas claves. Primero la defensa de la superioridad de una economía
nacionalizada y planificada sobre las economías capitalistas, para lo que alega como
argumento fundamental lo ocurrido en dos momentos claves de la Unión Soviética, el
de su nacimiento y el de la Segunda Guerra Mundial y la inmediata postguerra, ambos
caracterizados por un país arrasado en el sentido más amplio del término. La victoria
bolchevique se obtuvo en un país inmenso y muy atrasado tras la participación
desastrosa de Rusia en la Primera Guerra Mundial a lo que siguió la revolución y a
continuación una terrible guerra civil con la intervención de potencias extranjeras en
contra del nuevo poder revolucionario. También la victoria soviética contra los nazis se
consiguió al precio de decenas de millones de muertos y una enorme destrucción de
toda su economía. Sin embargo, y tras esos dos trágicos momentos, la recuperación de
la economía soviética fue espectacular, más aún teniendo en cuenta que hubo de hacerlo
en las condiciones de aislamiento a que la sometieron en ambos casos un entorno
capitalista hostil.
Su segunda idea clave es la de señalar al surgimiento de una poderosa
burocracia, que desplaza en el control del Estado y la economía a la clase obrera, como
el factor que termina obstaculizando el desarrollo de las fuerzas productivas en la URSS
y que la llevan al estancamiento y, finalmente, al proceso de transición al capitalismo.
Estas deformaciones burocráticas fueron fruto del aislamiento de la revolución rusa −
tras el fracaso de los intentos revolucionarios en la Europa de la primera postguerra, en
condiciones de atraso espantosas − y de la solución adoptada por el stalinismo
victorioso de la construcción del socialismo en un solo país. Trotsky había situado la
razón clave del surgimiento de la burocracia en la Unión Soviética en la categoría de
53 Grant, Ted, Rusia, de la revolución a la contrarrevolución.
Las experiencias históricas de transición al socialismo
38
escasez, ya que, en la medida en que prevalecía la escasez resultaba inevitable la
contradicción entre las relaciones socializadas de producción y las normas burguesas de
distribución, y era esta contradicción la que fatalmente producía el poder coercitivo de
la burocracia estalinista. También había establecido una relación dialéctica entre el
ascenso del stalinismo en Rusia y el desarrollo del capitalismo mundial, explicando que
la reacción termidoriana en Rusia habría llevado a la restauración del capitalismo si éste
no hubiera demostrado en esos momentos su agotamiento, si el éxito impresionante de
los primeros planes quinquenales no hubieran coincidido con la recesión más profunda
de la historia del capitalismo en la década de los años 30. Por tanto, el surgimiento de la
burocracia fue el resultado del impasse de las fuerzas productivas a escala internacional
bajo el capitalismo y del retraso de la revolución proletaria en Occidente.
La tercera idea clave gira en torno a la disputa sobre la caracterización del
régimen instalado en la URSS. Este autor se ubica dentro del rechazo trotskista a dos
teorías consideradas erróneas, aquella que califica a la Unión Soviética como
colectivismo burocrático (Rizzi y Shachtman), y la que le señala como un capitalismo
de Estado (Tony Cliff). Reconoce que la propia dinámica inestable en el proceso que
durante 70 años se desarrolló en la URSS hace difícil utilizar una calificación apropiada
y única, y que el propio Trotsky pasó de calificar al stalinismo como centrismo
burocrático a explicarlo como bonapartismo proletario, es decir, un Estado obrero
deformado que es la definición más apropiada para Ted Grant. El stalinismo no es
caracterizado como un sistema de explotación de una nueva clase, sino como
parasitismo social en un Estado obrero donde la clase obrera había perdido el poder
político, donde la burocracia destruyó el régimen de democracia obrera en su propio
interés, pero sin destruir las nuevas relaciones de producción establecidas por la
revolución de octubre, la economía nacionalizada y planificada.
Su cuarta idea clave ya no tiene que ver tanto con al análisis de que pasó y en
que se convirtió la URSS, como con las propuestas que se derivan de las conclusiones
obtenidas. Si la economía nacionalizada y planificada es superior a la anarquía del
mercado capitalista, la solución para evitar que la burocratización la desnaturalice es
que dicha economía se realice bajo una planificación y dirección consciente y
democrática. Si el régimen imperante es un Estado obrero deformado, la solución
necesaria sería una revolución política que suprima la burocracia y su poder.
Evidentemente estas recetas ya no sirven para el espacio eurosoviético ya transformado
en capitalista (aunque a la altura de 1996 Ted Grant aún dudaba del desenlace final del
Jesús Sánchez Rodríguez
39
proceso en Rusia), pero la primera puede ser dirigida a cualquier revolución presente o
futura, y la segunda a los Estados obreros deformados que quedan en el presente.
Las dos ideas que más relación tienen con el análisis de este documento son, por
supuesto, la segunda y la tercera, aunque la primera no deja de estar presente en el
estudio. Ted Grant parte de un argumento ampliamente conocido, el que se refiere a que
las expectativas de los bolcheviques al decidirse por tomar el poder se basaban en que la
revolución se extendería por Europa, al menos por algunos de los países más avanzados,
y sería la ayuda de esos países con gobiernos revolucionarios la que posibilitaría que
Rusia pudiese iniciar la transición al socialismo. Inicialmente, pues, no se concebía la
posibilidad de construir el socialismo solo en Rusia. Al incumplimiento de estas
expectativas se unirían luego otros factores adversos. La clase obrera rusa, ya de por sí
poco extensa al inicio de la revolución, se redujo aún más de manera importante por
efecto de la guerra civil y la ruina económica. El aparato del poder se fue concentrando
y centralizando. Se hizo necesario recurrir al empleo de antiguos funcionarios y
oficiales zaristas para mantener la maquinaria estatal y el ejército. Y se tomaron
medidas, inicialmente temporales, que alimentaron las tendencias burocráticas, como la
prohibición del resto de los partidos o de las fracciones dentro del partido bolchevique.
Quizás el aporte sustancial de Ted Grant en este punto es el que se refiere al
rechazo del papel de los dirigentes principales de la revolución como determinante de
los derroteros que ésta tomó. Ni la supervivencia de Lenin hubiera podido cambiar el
proceso degenerativo burocrático; ni el papel de Stalin es lo más destacable, pues
simplemente reflejaba los intereses de la burocracia, y para ésta la idea de la revolución
mundial era irrelevante; ni una supuesta toma del poder por Trotsky, apoyándose en su
autoridad en el ejército rojo, hubiera solucionado el problema, solo hubiera llevado a la
consolidación del bonapartismo proletario con una aceleración del proceso de
degeneración. Este autor no niega el papel de los individuos en la historia, pero éstos
tienen que operar en condiciones dadas y, así, opina que solo un nuevo auge
revolucionario en otros países hubiera podido cambiar el desarrollo en marcha,
devolviendo el entusiasmo revolucionario a las masas soviéticas.
Hasta aquí la explicación de Ted Grant versa sobre las condiciones que llevaron
a la URSS hacia un Estado obrero deformado y, como indicaba al inicio, en la segunda
posguerra mundial la URSS volvió a recuperarse espectacularmente de la situación en
que había quedado tras derrotar al nazismo, por tanto, la segunda cuestión que necesita
Las experiencias históricas de transición al socialismo
40
ser explicada es la de porque tras esa recuperación el régimen no se perpetuó y, por el
contrario, terminó desmoronándose.
En este sentido Pepe Gutiérrez Álvarez54 señala que Trotsky nunca imaginó que
la burocracia soviética persistiese tanto tiempo, así como, por el contrario, creyó que
sería derrotada por una guerra con el imperialismo al menos que ocurriese la revolución
en occidente; pero fue más certero en su diagnóstico sobre que la burocracia ejercía de
motor y freno del desarrollo económico, de un lado se produjo la enorme recuperación
de la segunda posguerra mundial, pero “la productividad del trabajo se ha revelado cada
vez más como el talón de Aquiles de la economía, tal como quedaba prefigurado en sus
trabajos. En la medida en que la época del crecimiento extensivo llegaba a su declive, la
planificación autoritaria supercentralizada se mostraría cada vez más incapaz de llevar a
cabo una transición al crecimiento cualitativo, intensivo.”
Ted Grant continua esta línea argumentativa que lleva al derrumbe de finales de
los 80 y principios de los 90. Recuerda que en los años 60 la burocracia se mostraba tan
eufórica por los resultados económicos que en el XXII Congreso del PCUS, en 1961,
expresó su confianza en sobrepasara a los EEUU. Sin embargo poco más tarde los
factores económicos comenzaron a mostrar sus debilidades y con Breznev se optó por la
participación en el mercado mundial para estimular la economía. La URSS realizó
enormes inversiones que, sin embargo, no conseguían elevar la productividad del
trabajo al ritmo del capitalismo occidental. Para Ted Grant una economía planificada
necesita la democracia, el control y gestión directa de los trabajadores, de lo contrario la
corrupción, el despilfarro y el nepotismo son inevitables. Los problemas provocados por
la burocracia solo fueron soportables mientras la economía fue más o menos primitiva,
pero a principios de los años 80 la economía soviética era un organismo complejo. Su
conclusión es la de que “El principal inconveniente no era otro que la incapacidad de la
burocracia, su alejamiento del pueblo, que le impedía elevar suficientemente la
productividad del trabajo. Ésta seguía siendo la cuestión clave.” La situación era aún
más grave en la agricultura que no había conseguido recuperarse de los estragos
producidos por la colectivización forzosa.
Ted Grant también se refiere a otros aspectos sociales deformados bajo el peso
de la burocracia que explican el final de la URSS, de cómo el impulso creador existente
en los primeros años de la revolución en todos los campos de la creación se transformó
en conformismo, rutina y rigidez burocrática bajo el stalinismo, con una degradación del
54 Gutiérrez Álvarez, Pepe, El maldito asunto de la URSS y la burocracia,
Jesús Sánchez Rodríguez
41
arte y la ciencia y la caricaturización y desprestigio del marxismo; situación que
empeoró bajo Breznev y que llevó a incrementar los sentimientos antisoviéticos y minar
aún más las bases del sistema soviético. Así, a finales de los años 70 la suerte ya estaba
echada, la burocracia pasó de ser un freno relativo a uno absoluto en las últimas
décadas, sin que las distintas variedades de reformas ensayadas sirvieran para corregir la
situación. En 1990 eran visibles todos los signos de descomposición y desmoralización,
la juventud no creía en el socialismo, aumentaba el descontento entre los intelectuales,
el alcohol y el absentismo se habían convertido en graves problemas, el nivel de vida
había descendido y el crecimiento económico era prácticamente cero. Para Ted Grant la
reformas de Gorbachov aceleraron la descomposición del régimen y en esa situación se
fue imponiendo el ala pro-burguesa de la democracia cuya solución era el regreso al
capitalismo.
La razón última del colapso de la URSS se encontraría entonces en la
contradicción entre la economía nacionalizada y planificada y el Estado burocrático,
contradicción que no desapareció con el desarrollo económico que conoció la Unión
Soviética, sino que, por el contrario, se volvió cada vez más insoportable hasta que al
final el sistema se descompuso totalmente. Ahora bien, para Ted Grant las crisis del
capitalismo y del stalinismo son de distinta naturaleza, y si la primera exige el fin de la
anarquía de la propiedad privada y el mercado, la crisis del stalinismo no exigía
necesariamente volver al capitalismo, esta última solución solo fue posible porque el
factor subjetivo jugó un papel central. Con ello se está refiriendo al conjunto de factores
que concurrieron en la fase final de la Unión Soviética entre los que destaca la situación
de decadencia y falta de alternativas de la burocracia; la desorientación y pasividad de la
clase obrera tras décadas de totalitarismo; o, lo que este autor considera un “accidente”,
el auge de 1982-90 del capitalismo que le hacía aparecer como una salida.
Una reflexión sobre el problema de la burocracia que tiene una característica
especial es la aportada por El Che, en cuanto lo hace ocupando altos cargos de
responsabilidad en un gobierno revolucionario. Roberto Massari55 realiza un estudio de
las etapas de su pensamiento sobre este tema que seguiremos a continuación. Este autor
distingue cuatro etapas fundamentales en su evolución: “1) un período de lucha
preventiva contra la herencia del pasado y el nacimiento de la nueva burocracia (por la
implantación de la Reforma Agraria aproximadamente a mediados de 1962); 2) un
55 Massari, Roberto, Che Guevara. Pensamiento y política de la utopía. Versión electrónica de Internet, http://www.lahaine.org/amauta/b2-
img/massari_che.pdf. págs. 68-73
Las experiencias históricas de transición al socialismo
42
período de estudio y de preocupada atención ante la ampliación del fenómeno (1962-
1963), después de la crítica del «sectarismo» y el fin de las momentáneas ilusiones que
acompañaron la «liquidación» de una parte de la vieja guardia estalinista; 3) la denuncia
abierta y el choque frontal en concomitancia con el debate económico (1963-1964); 4)
un período de amargo repliegue reflexivo y de autocrítica por haber infravalorado la
entidad cualitativa del fenómeno, junto con la formulación de nuevas propuestas
prácticas para su abolición (1964-1965).”
En una primera aproximación a este problema El Che ve en la burocracia una
disfunción de orden administrativo, contra la que se puedan adoptar medidas, que, sin
embargo, serán a su vez de orden administrativo, aunque reforzadas por instrumentos de
control desde abajo. Posteriormente con el debate económico de los años 1963-64 El
Che profundiza sobre el problema de la burocracia llegando a asociar dos fenómenos: la
adopción del sistema de Cálculo Económico con la formación de un estrato privilegiado
e incontrolable de administradores, es decir, de una burocracia de Estado, nacida dentro
del área socialista. De esta manera, recuerda Massari, si El Che fue el primero de los
sectarios fue también, a continuación, si no el primero, uno de sus más acérrimos
adversarios, y el descubrimiento de los errores cometidos lo impulsó a asumir
posiciones muy críticas con respecto al modelo soviético.
Por último se refiere a lo que considera una quinta etapa de la lucha contra la
burocracia de El Che y que se expresaría en la ofensiva antiburocrática llevada a cabo
desde el periódico Granma en marzo de 1967. En esos momentos Guevara se
encontraba ya en la guerrilla de Bolivia y Cuba estaba inmersa en su “ofensiva
revolucionaria”. Massari recuerda lo insólito de esta ofensiva: “En el órgano de prensa
de un partido comunista en el poder no se leían análisis tan precisos y sin prejuicios del
fenómeno burocrático –entendido como estrato social endógeno y disgregador del
proceso revolucionario– desde el lejano invierno ruso de 1923. Con Lenin enfermo, se
había desarrollado el último gran debate público dentro del grupo dirigente bolchevique,
precisamente sobre temas de la democracia soviética y de la burocratización.”
Refiriéndose no solamente al problema de la burocracia en la URSS, sino en
todas las sociedades que han intentado la transición al socialismo, y desde una
experiencia diferente como es la cubana, es como Armando Chaguaceda56 aborda este
problema. Su punto de partida es el reconocimiento de que este tema se considera tabú
56 Chaguaceda Noriega, Armando, Cuba: “Transición democrática” o renovación socialista. Proyectos y alternativas para un siglo
que comienza, págs. 53-62
Jesús Sánchez Rodríguez
43
en las esferas pública y académica (de las sociedades del socialismo real, se entiende),
pero que su estudio es indispensable para comprender el funcionamiento y distorsiones
de todos los modelos conocidos de socialismo. Definida la burocracia como “el sector
ubicado en la dirección política profesional y en la administración de las entidades
económicas estatales”, la caracteriza por tres rasgos principales: “Constituye un grupo, a
la vez que aparato y/o estructura especial, organizado vertical y jerárquicamente con
rasgos y psicología correspondientes, que se concibe a sí mismo como representante y
defensor de los intereses de las masas. Goza de ventajas y privilegios materiales y de
otra índole (accesos a información, difusión de sus ideologías, mecanismos de
promoción, etc.) que los sitúan por encima de media ciudadana (…)Se encuentra,
objetivamente, en una posición superior a la sociedad, organizando y administrando el
desarrollo y funcionamiento de sus espacios principales.”
A la burocracia la son endosados los fraudes y los fracasos obtenidos durante las
transiciones socialistas conocidas, nunca son responsabilidad del pueblo ni de la
“materialización de las ideas consecuentemente revolucionarias del sector de la
dirigencia histórica realmente comprometido con las masas.” Sin embargo, falta en este
autor un análisis del origen de la burocracia como el que hace Deutscher para la
soviética, en realidad su argumentación no hace más que ir derivando el origen de los
problemas de las experiencias socialistas sin plantearse a fondo la cuestión o, a lo sumo,
culpando de las desviaciones al estalinismo. Esta es la manera de enfocar el problema
burocrático, como una “contradicción entre las características y lugar de los cuadros
(claramente definidas, entre otros, por Lenin y el Che) como factor decisivo para la
organización y el funcionamiento de la nueva sociedad, donde el papel de las masas es
protagónico y la absolutización deformada del papel de estos (ya convertidos en grises
burócratas con su escala de prebendas y posibilidades) por la escuela estalinista”
Y si el problema proviene del incumplimiento de las preconizaciones realizadas
por los más preclaros revolucionarios, la solución también es sencilla, “el efectivo
incremento de un real control de las bases (y no solamente de los órganos superiores
encargados de hacerlo), necesidad esbozada ya por los clásicos”.
Cuando abordemos el análisis del desarrollo de la experiencia cubana tendremos
ocasión de ver las propuestas concretas que realiza Armando Chaguaceda para combatir
las tendencias burocráticas en Cuba y la poca consistencia de su planteamiento. Ahora
solo queremos introducir una reflexión al respecto. Como es perfectamente conocido la
crítica al capitalismo ha sido realizada desde un enfoque socialista, entendido de forma
Las experiencias históricas de transición al socialismo
44
amplia, por multitud de autores a lo largo de más de siglo y medio. Por un lado, estas
críticas han ido desde un rechazo radical de cualquier fenómeno ligado al capitalismo o
al liberalismo, hasta una visión más matizada que reconoce aspectos progresistas en
algunas de las formaciones sociales del capitalismo (la mayoría conseguidas a través de
luchas populares). Por otro lado, el propio capitalismo y su pensamiento político más
característico, el liberalismo, han evolucionado en ese siglo y medio en aspectos
importantes.
Su experiencia política ha dado lugar a soluciones alcanzadas por tanteo frente a
problemas que también se han planteado en las transiciones socialistas. Recordemos
algunos de estos desarrollos. Frente al absolutismo planteó como respuesta la división
de poderes y la consecución de un primer bloque de derechos civiles imprescindibles
para la ascendente burguesía. Los derechos se fueron extendiendo en una secuencia
conocida, y como consecuencia de la lucha de las clases populares, primero a la esfera
política y más tarde a la esfera social, desembocando en las formaciones sociales
capitalistas más desarrolladas en el conocido como Estado Democrático y Social de
Derecho.
También el parlamentarismo evolucionó de manera contradictoria en un pulso
continuado con el poder ejecutivo. Y en relación con ello el sistema de partidos conoció
igualmente una evolución histórica que le llevó desde un tipo inicial predominante de
partidos de notables al tipo de partidos de masas y, finalmente, al tipo predominante
actualmente conocido como call-all (atrapalotodo).
El problema con las experiencias de socialismo real, las que se hundieron en la
debacle y las que continúan con diferentes evoluciones, es que no solo no han generado
respuestas a los problemas “políticos” (reforzamiento del Estado y del burocratismo,
ausencia de controles por la sociedad, falta de libertades, etc.) sino que se han
empecinado en rechazar como “burguesas” o “imperialistas” todas las desarrolladas en
los regímenes liberal-democráticos. Eso sí, el mercado, posiblemente una de las más
definitorias de las instituciones del capitalismo, ha sido adoptado en diversos grados y
experiencias, e incluso, entre algunos de los ortodoxos defensores del socialismo real se
ha intentado racionalizar esta política pragmática para hacer aparecer el mercado como
una institución neutra capaz de ser utilizada tanto en el capitalismo como en el
socialismo.
Relacionado con el derrumbe del socialismo eurosoviético hay otro tema
importante del que se ocupan algunos autores, es el que hace referencia a los fracasos de
Jesús Sánchez Rodríguez
45
las tentativas llevadas a cabo desde la base por reformar los sistemas burocráticos para
alcanzar una sociedad más acorde con los principios socialistas. Se refieren, pues, a la
contestación radical por los trabajadores del socialismo burocrático que se inicia a partir
de la muerte de Stalin y que está vinculada a los intentos de construir una alternativa de
tipo consejista, acorde con los principios que los principales teóricos clásicos del
socialismo vieron en la experiencia de la Comuna de París e inicialmente en los soviéts
rusos. Si bien es cierto que la parte nuclear del análisis que estamos realizando se refiere
a las experiencias reales de revoluciones que pudieron poner en práctica durante un
tiempo importante sus programas revolucionarios, y no a los intentos sin éxito que
tuvieron lugar en estos más de 150 años de historia (Alemania en 1919, España en 1936,
Bolivia en 1952, Chile en 1973, Portugal en 1975, etc.), la cuestión que veremos ahora
es pertinente porque plantea el problema de la dificultad de reformar en un sentido
socialista antiburocrático las sociedades del socialismo real y, de paso, las dificultades
de implantación del socialismo autogestionario, como completaremos cuando
analicemos el caso Yugoslavo.
En este caso vamos a seguir el análisis que realiza Claudio Nascimento57 −
aunque pueden consultarse otros estudios como el de Fernando Claudín − quién señala
las fechas claves que caracterizaron la contestación radical de los trabajadores a través
de revueltas, huelgas generales o revoluciones: el ciclo se inicia con las huelgas de 1953
en Alemania oriental y Checoslovaquia, continua en 1956 con las revoluciones de
Hungría y Polonia, prosigue con la revolución de los consejos en Checoslovaquia en
1968 y las revueltas de Polonia en 1970, luego se producen nuevas revueltas en Polonia
en 1977 que se transforma en revolución en 1980 y, finalmente, se extienden las
rebeliones populares por el conjunto del espacio eurosoviético en 1989.
Para esclarecer el complejo proceso que tiene lugar en el período señalado va a
utilizar términos diferenciados para los objetivos distintos que persiguen el conjunto de
fuerzas en juego. La reforma es el proceso de cambios en el que la iniciativa proviene
de la propia burocracia con el objetivo de mantener el sistema vigente, buscando el
apoyo pasivo de los trabajadores y ciudadanos. Puede evolucionar en dos sentidos, el
primero es la liberalización, caracterizado por que es la dirección del PC la que decide
el momento en que el pueblo está maduro para ciertas reformas; el segundo es la
57 Nascimento, Claudio, Do Beco dos Sapos aos Canavais de Catende, págs. 64-72
Las experiencias históricas de transición al socialismo
46
democratización, en la que se producen presiones por las bases, que si bien defienden
los cambios propuestos por el PC también formulan sus propias reivindicaciones.
El segundo concepto es el de revolución, que hace referencia a los cambios
exigidos desde abajo y que genera formas de organización antagónicas del orden
burocrático existente.
Finalmente emplea el término de contrarrevolución para los proyectos de
reemplazar el socialismo burocrático con un regreso al capitalismo, y el término de
normalización para los procesos que estabilizan y aseguran el status quo.
En relación con las formas de lucha que adoptan las manifestaciones contra el
orden burocrático, el autor diferencia varios tipos. De un lado las de tipo revueltas
(Alemania oriental en 1953, Poznan, en Polonia, en 1956, etc.), que son manifestaciones
espontáneas, no ideológicas, limitadas en el tiempo y el espacio y acaban bajo una
intensa represión, las considera como ensayos de tempestades futuras. Otro tipo es la
revolución, como la húngara de 1956, que cuestiona el régimen existente y es obra de
las masas trabajadoras, con opciones ideológicas variadas; su punto principal fue la
autoorganización de los trabajadores en consejos. También es diferente la de
Solidaridad en Polonia en 1980-1, caracterizada igualmente por la autoorganización de
los trabajadores en consejos. Finalmente están la Perestroika y las “revoluciones
democráticas” de 1989, la primera impulsada desde el grupo dirigente del PCUS, las
segundas con amplia participación popular, pero como lucha por la ciudadanía y no
como clase.
Para Nascimento, en su conjunto, todas ellas señalan el agotamiento histórico del
“socialismo estatal” y señala en ellas tres características fundamentales: la revuelta de
los trabajadores contra lo que es visto como “su Estado, reinventando formas radicales
de democracia; la clase obrera se convierte en el actor central y decisivo del proceso de
democratización socialista; los trabajadores defienden amplias libertades, critican los
privilegios de la nomenclatura, crean nuevas formas de democracia de base(consejos,
comisiones,), etc.”
Entre todas estas revueltas y revoluciones, Nascimento destaca tres de ellas por
su importancia como “revoluciones activas de masas”: la revolución de Hungría en
1956, la revolución de los consejos en Checoslovaquia en 1968, y la revolución de
Solidaridad en Polonia en 1980-1. Luego analiza más detenidamente estás dos últimas
por el mayor desarrollo de las formas de autoorganización obrera bajo el formato de
consejos.
Jesús Sánchez Rodríguez
47
Polonia fue escenario de numerosas luchas de trabajadores desde 1956 que
prepararon el movimiento huelguístico de 1980 en Gdansk donde se desarrollaron
diferentes formas de autoorganización de carácter autogestionario. Las huelgas de 1980
que se inician en Gdansk en agosto culminan en septiembre con la creación del
sindicato Solidaridad. A su vez el movimiento de los consejos obreros se inició en abril
de 1981 en medio de enormes dificultades económicas y la semiparalización de las
fábricas y del POUP. Ese mismo mes se constituyó una red autogestionaria de grandes
empresas, dentro de la cual, los grupos más radicales eran los de Lodz y Lublin que
sostenían un programa para recrear un poder político basado en los consejos obreros.
Igualmente, el Congreso Nacional de Solidaridad de octubre de 1981 fue atravesado por
la idea de que la autoorganización y el control social en todos los niveles de la sociedad
es el camino correcto para la república autogestionaria. Derrotado este proceso polaco
con el estado de guerra decretado en diciembre de 1981 y la posterior “normalización”,
el proceso posterior iniciado en 1989 con negociaciones entre la Iglesia, el POUP y las
Fuerzas Armadas y las elecciones de junio de ese año fue una “reforma por lo alto”.
Checoslovaquia conoció su experiencia consejista con ocasión de la Primavera
de Praga, el movimiento de los consejos obreros se desenvolvió entre diciembre de
1968 y junio de 1969. En el Programa de acción del PC Ch de abril de 1968 se
contemplaba la autogestión de la propiedad social. A partir de junio se fundan consejos
obreros en las dos mayores fábricas del país y en agosto los sindicatos realizan una
conferencia de los órganos de base y adoptan una posición radical en materia de
consejos obreros. En el congreso sindical de marzo de 1969 existían 500 consejos
obreros, pero la normalización impuesta por la invasión de las tropas del Pacto de
Varsovia se hace sentir y, a la vez que Dubcek es sustituido por Husak al frente del PC
Ch, fueron prohibidas las reuniones de los consejos obreros y la dirección sindical
decapitada.
Una crítica de tipo político al socialismo realmente existente también termina
haciéndose desde los partidos comunistas europeos cuando inician su despegue de la
URSS, especialmente a partir de la invasión de Checoslovaquia, sumándose así a las
críticas que se venían haciendo desde el campo burgués, socialdemócrata o trotskista.
Un ejemplo de este tipo de criticas está recogido en un coloquio organizado por la
Fundación de Investigaciones Marxistas celebrado en Madrid en octubre de 1980 y que
Las experiencias históricas de transición al socialismo
48
se publicará bajo el título de “Vías democráticas al socialismo”58. En dicho coloquio se
vierten críticas incisivas al socialismo realmente existente. Manuel Azcarate, uno de los
participantes, sostendría entonces que en el socialismo, como etapa que debe llevar del
capitalismo al comunismo, un componente decisivo es el autogobierno de los
trabajadores. Desde esta concepción no se puede considerar que la URSS, y otros
países asociados a ella, sea socialista. Pero tampoco se les puede considerar capitalismo
de Estado ya que las relaciones capitalistas han sido destruidas. Considerar como hacen
los trotskistas a la burocracia como el factor no socialista es insuficiente. En las mismas
estructuras económicas y sociales hay rasgos incompatibles con el socialismo. El factor
que más les aleja del socialismo es el tipo de Estado que existe en la URSS: Los
trabajadores no tienen libertades políticas, el Estado carece de legitimación democrática,
el partido se ha convertido en una pieza del Estado sin democracia en su seno, el centro
de decisión lo forman un grupo reducido de personas.
En una línea similar se expresaría otro de los participantes, Fernando Claudín: al
estudiar la naturaleza de los países del este es necesario salir del horizonte del marxismo
clásico, según el cual después de capitalismo vendría el socialismo, pues en realidad,
después del capitalismo, el socialismo solamente es una posibilidad. La definición
marxista de la base económica del socialismo, simplemente por la supresión de la
propiedad privada de los medios de producción es una definición negativa, que incluye
lo necesario, pero que no es suficiente. Si Marx no profundizó mas en la definición de
las sociedades socialistas es porque para él, el socialismo va asociado a la democracia
desde el comienzo. Efectivamente, el problema de la relación entre la superestructura y
la estructura económica es diferente en las sociedades capitalistas, de lo que puede serlo
las sociedades socialistas. Si en las primeras, la superestructura política puede ser
cualquiera, ello no pone en tela de juicio el elemento fundamental del sistema, es decir,
la propiedad privada. Pero si la base económica del socialismo es la apropiación
colectiva de los medios de producción, entonces no es compatible con un sistema
dictatorial. En este último caso la relación de producción fundamental no es la
apropiación colectiva de los medios de producción por los trabajadores, sino por un
aparato que escapó a todo control.
Claudín profundiza el análisis en su obra “Eurocomunismo y socialismo”59
donde sostiene que las causas que provocaron la degeneración del proyecto socialista en
58 Varios, Vías democráticas al socialismo, Editorial Ayuso, Madrid, 1981
59 Claudín, Fernando, Eurocomunismo y socialismo, Siglo XXI, Madrid, 1977, págs. 94-7
Jesús Sánchez Rodríguez
49
la URSS fueron: : 1) La frustración de la revolución en occidente y la intervención
imperialista. 2) El hecho de que sí bien la revolución antizarista era apoyada por la
inmensa mayoría, sin embargo, la socialista sólo lo era por una minoría. 3) La carencia
de tradiciones democráticas. 4) La concepción leninista del partido preparada para
asumir una función tutelar sobre las masas.
En base a esta posición crítica sobre el socialismo realmente existente reprocha
la tibieza de las reprobaciones que realiza sobre él en ese momento el eurocomunismo:
El problema clave es la naturaleza de los regímenes del este, los PPCC eurocomunistas
les siguen considerando socialistas, pero los argumentos que alegan para sostener esto
no se sostienen: 1) Calificarlos de “socialismo primitivo” sería mostrar que existe en él
una dinámica a la libertad y la democracia, lo que no cierto. 2) Alegar que su sistema
productivo es socialista pero no su superestructura política no tiene sentido, ¿cómo
puede existir apropiación colectiva sin organización político-social democrática?. 3)
Argumentar que lo mismo que ha habido diversas formas de transición al capitalismo y
hay diferentes modalidades de capitalismo, también ocurre lo mismo en el socialismo es
un error, porque si el capitalismo es compatible con distintas estructuras políticas
debido a una autonomía política relativa de la instancia política al tener que arbitrar
intereses contradictorios; el socialismo no puede hacer lo mismo y debe estar
necesariamente vinculado a la democracia, que además se extiende a la esfera
económica.
Recrimina en ese momento al eurocomunismo una serie de ideas falsas
heredadas que lo hacen defender el carácter socialista del modo de producción en el
socialismo real: que la supresión de la propiedad privada equivale a la eliminación del
capitalismo; que la técnica y la organización del trabajo son neutras; que todo depende
del nivel de las fuerzas productivas.60
Adam Schaff61 redunda en estos aspectos: Las razones de la superestructura del
socialismo real se encuentran en la violación que se produjo de las condiciones
objetivas para hacer la revolución. Si en el caso de la revolución rusa fue un error
debido a la creencia de que se iniciaría la revolución en occidente; en el caso del resto
de los países se puede hablar de delito, pues no se puede hacer la revolución por
exportación. Las consecuencias en el socialismo real son la falta de libertad, el
desarrollo de la burocracia, especialmente la del partido y la falta de democracia.
60 Ibíd, págs. 71-4
61 Varios, Vías democráticas al socialismo, op. cit.
Las experiencias históricas de transición al socialismo
50
Es el mismo argumento que utiliza Francisco Brown para quien haya una
diferencia importante entre la URSS, en la cual la derrota del socialismo no estaba
prevista desde sus inicios, y los países de Europa del este, donde “el germen del colapso
está presente en los inicios de la construcción socialista; sencillamente porque se
exportó a ellos el modelo stalinista”62
En un informe al pleno del comité central del PCE en 197363, y analizando las
deformaciones del socialismo realmente existente, se parte del reconocimiento de la
imposibilidad que lo que denominan “socialismo evolucionado, completo” sin una
victoria universal en las fuerzas socialistas, o al menos en una zona importante de países
capitalistas avanzados. El triunfo y posterior aislamiento de la revolución en Rusia la
hizo enfrentarse a una triple tarea contradictoria: una acumulación originaria acelerada
que exigía enormes sacrificios; levantar un sistema de defensa capaz de mantener a la
revolución frente a las agresiones de un entorno capitalista claramente hostil; y realizar
la transición al socialismo.
En este documento podemos encontrar una de las razones más sólidas que se
suelen alegar para justificar el que se llevase a cabo la revolución en Rusia a pesar de
las condiciones históricas en que tuvo lugar. Es el argumento que rechaza la visión
determinista mayoritaria en la II Internacional para hacer jugar el papel del factor
subjetivo, la voluntad revolucionaria, en las ocasiones propicias que ofrece la historia:
un revolucionario no puede desaprovechar una coyuntura revolucionaria cuando se
presenta, porque al imperialismo hay que empezar a derrocarle en sus puntos más
débiles.
En este argumento Fernando Rojas64 introduce un matiz importante sobre la
pertinencia de la revolución socialista en Rusia, distinguiendo entre la toma del poder
por los bolcheviques en una situación de crisis nacional ante la cual el poder existente
en aquellos momentos no tenía soluciones que ofrecer y en la que ellos eran la fuerza
más preparada, y el intento posterior de construir en esas condiciones el socialismo.
Aceptado el reto, continúa el informe del PCE, se aprovechará la coyuntura de
1917, pero aislado el nuevo régimen tras el fracaso de la revolución en Europa, se sigue
justificando los sacrificios impuestos y las deformaciones burocráticas producidas como
el precio a pagar para pasar de un régimen con rasgos de “feudalismo asiático” a un
Estado socialista. El peligro de está situación, se reconoce, es que una vez superadas las
62 Hernández, Rafael; Brown, Francisco; Dacal, Ariel; Díaz Vázquez, Julio A.; Rojas, Fernando, op. cit., pág. 98
63 Carrillo, Santiago, Escritos sobre eurocomunismo, Tomo I, Forma Ediciones, págs. 28-46
64 Hernández, Rafael; Brown, Francisco; Dacal, Ariel; Díaz Vázquez, Julio A.; Rojas, Fernando, op. cit., pág. 108
Jesús Sánchez Rodríguez
51
limitaciones materiales iniciales, el sistema centralizado y burocrático se haya
solidificado y no posibilite una amplia democracia obrera ni el progreso de la sociedad
socialista en todos los órdenes.
A ello se añade que a principios de los años setenta si bien puede hablarse de un
capitalismo desarrollado no es posible hacerlo de un socialismo avanzado.
Vemos como las críticas desde posiciones socialistas van tímidamente
profundizando en las causas que está detrás del colapso del socialismo realmente
existente. El fracaso económico es la causa desencadenante del derrumbe, pero remite a
razones más básicas, la burocratización, el estalinismo, en definitiva el sistema político
dominante en los países del socialismo realmente existente. Los más exigentes en
cuanto a encontrar las raíces del problema no se conforman con este nivel y profundizan
aún más.
Armando Chaguaceda señala los que considera los dos principales errores del
socialismo del siglo XX: “el primero, que no logró desarrollar una forma de
organización social de la producción y la propiedad radicalmente nueva y superior (…)
el segundo es el mecanismo de autorregulación democrática de la sociedad”, y apostilla
seguidamente, “sobre este último habría que someter a debate, por ejemplo, la idea
originaria de la dictadura del proletariado y del centralismo democrático”65.
Algo, por cierto, en lo que el eurocomunismo fue más tajante.
Roberto González66 apunta a dos aspectos más que están en origen de las
deformaciones posteriores, el primero sería la propia concepción del partido,
cuestionada por Rosa Luxemburgo y Trotski a principios del siglo XX; el segundo, la
supresión de la democracia por Lenin en el seno del partido, prohibiendo las facciones
al poco de acabada la guerra civil.
Germán Pérez67 se refiere antes que nada a las condiciones señaladas como
necesarias por Marx para la liberación: la existencia de riqueza abundante que permita
el disfrute de tiempo libre, la toma de conciencia por la clase obrera, la supresión de la
burguesía y, el disfrute de la producción por los productores. También se refiere a como
en los países de referencia para Marx, los países industrializados y especialmente
Inglaterra, la conciencia proletaria desarrollada prefirió el camino reformista al
65 Ibídem, pág. 103
66 Ibídem, pár. 105
67 Pérez Fernández del Castillo, Germán, Algunas reflexiones sobre la burocracia en el socialismo realmente existente, Iztapalapa,
Nº 7, 1982, págs. 311-18
Las experiencias históricas de transición al socialismo
52
revolucionario dando lugar a la democracia burguesa, fruto posterior del liberalismo
económico.
Sin embargo en la Unión Soviética no hubo desarrollo democrático, sino que se
asentó un despotismo burocrático fruto de tres factores. El primero es que en la Rusia de
1917 existía un modo de producción semiasiático que se remonta a la invasión de Hen
His Kan, sistema de control y dominio social prolongado por la monarquía zarista y que
la revolución rusa no tuvo otra opción que continuar. La segunda causa sería la
“concepción exageradamente económico-desarrollista” de la revolución en su afán de
crear riqueza y de cerrar la diferencia de desarrollo con el capitalismo desarrollado de la
época, lo que refuerza la tendencia oriental a que sea el Estado el que modifica la
sociedad civil, justo lo contrario que en occidente. “El Estado se convierte en creador y
planeador de los prerequisitos del socialismo”. El último factor es la concepción
leninista de la organización según la cual “la clase obrera está imposibilitada a la
alcanzar sus objetivos históricos” y tiene necesidad para ello de una vanguardia que
tome el poder y dirija al pueblo en la construcción del socialismo. Esta concepción de
Lenin se aplicaría no solamente al partido, sino también al “nuevo régimen” dando lugar
a un Estado burocrático enormemente paternalista.
A la altura en que se publica este artículo, en 1982, el autor hace un pronóstico
que se cumplirá en parte: “La historia sigue su curso, donde hay política la sociedad
deviene. Donde no hay política se presentan rupturas históricas. Dependerá de la
inteligencia burocrática y de la fuerza de la sociedad civil socialista decidir el camino de
su sistema”. En el este europeo y Rusia se terminó dando la ruptura histórica y el
socialismo realmente existente colapsó. Aún quedan cuatro países en el mundo que no
colapsaron, está por ver cuál será su futuro.
También una autora importante en el campo de la izquierda como es Marta
Harnecker plantea algunos de los graves interrogantes suscitados por la trayectoria
degenerada de la revolución soviética desde sus inicios tomando como punto de partida
para ello las propias reflexiones de Lenin desde el triunfo de la revolución hasta su
muerte. Los puntos clave que elige son los siguientes: La convicción de Lenin de que
para alcanzar el socialismo se necesita la gran técnica capitalista, la organización estatal
planificada y la dominación del Estado por el proletariado y, en consecuencia, que la
revolución en Rusia solo se consolidaría con la extensión de la revolución a Europa o, al
menos, a varios de los países avanzados. Una vez frustradas estas expectativas, intentar
construir el socialismo en Rusia suponía hacerlo sin contar con la ayuda técnica y
Jesús Sánchez Rodríguez
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