Documentos filtrados por edward snowden revelan una red de espionaje global del gobierno de estados unidos

martes, 2 de julio de 2013

Documentos filtrados por edward snowden revelan una red de espionaje global del gobierno de estados unidos

Documentos filtrados por Edward Snowden revelan la existencia de una red de espionaje con la que el gobierno de Estados Unidos ha monitoreado la actividad diplomática de países de América, Europa y Asia.
En una nueva filtración en torno al escándalo de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos ysu sistema de hipervigilancia por Internet, documentos obtenidos por Edward Snowden revelan que el gobierno estadounidense posee una amplia red de espionaje diplomático que cubre embajadas en países de América, Europa y Asia.
Según dio a conocer el periódico inglés The Guardian, uno solo de los documentos enlista 38 embajadas y misiones, caracterizándolas como “objetivos”, además de que da detalle de los mecanismos de espionaje utilizados, de dispositivos y software (bugs) para interceptar comunicaciones en dispositivos electrónicos a cables de recolección de transmisiones con antenas especializadas.
Una de las cosas más sorpresivas es que, a diferencia de otras filtraciones, en las que los objetivos de espionaje son países tradicionalmente enemistados con Estados Unidos (por ejemplo, los de Medio Oriente), al parecer en años recientes también se han intervenido las comunicaciones y operaciones de las embajadas de países como Francia, Italia, Grecia, Japón, México, Corea del Sur, India y Turquía. Un documento de 2007 menciona la instalación de Dropmire, un bug “implantado en el Cryptofax de la embajada de la Unión Europea en DC [Distrito de Columbia]”, un aparato de fax ecriptado que servía entonces para enviar cables del personal diplomático europeo en Estados Unidos a sus respectivos gobiernos.
Asimismo, esta serie de operaciones se enfocaron en ciertos momentos a organismos supranacionales como la OTAN y la ONU y las delegaciones que países como Francia y Grecia enviaron a estos.
En cierta forma estas revelaciones se complementan con las realizadas por Julian Assange y Wikileaks, cuando entonces se dieron a conocer cables diplomáticos en los que miembros del servicio exterior estadounidense expresaban sus impresiones y recomendaciones a su gobierno con respecto a la situación que vivían en los países donde se encontraban destacados. Ambas hacen ver que el gobierno de la Unión Americana no conoce aliados ni enemigos sino, parafraseando un conocido motto de la diplomacia, solo intereses.
Snowden: “EEUU no teme a los informantes, sino a tener una sociedad informada”
RT Actualidad – El ex empleado de la CIA Edward Snowden ha roto su silencio por primera vez, desde que huyera de Hong Kong a Moscú hace ocho días. WikiLeaks ha publicado la declaración de Snowden desde Moscú.
“Hace una semana hui de Hong Kong después de que quedara claro que mi libertad y mi seguridad estaban amenazadas por haber revelado la verdad. Mi libertad se ha mantenido debido a los esfuerzos de mis nuevos y viejos amigos, familiares y otras personas, a las cuales nunca he conocido y probablemente nunca conoceré. Les confié mi vida y ellos confiaron en mí, algo por lo que siempre les estaré agradecido.
El jueves el presidente Obama declaró ante todo el mundo que no iba a permitir que ningún diplomático “entrara en tejes y manejes” sobre mi caso. Sin embargo, ahora se ha reportado que después de haber prometido no hacerlo, el presidente ordenó a su vicepresidente presionar a los líderes de las naciones en las que he solicitado protección para que negaran mis peticiones de asilo.
Este tipo de engaño de un líder mundial no es justicia, tampoco es un castigo ilegal de expatriación. Estas son las antiguas malas herramientas de la agresión política. Su propósito es asustar y no a mí, sino a los que quieren venir a reemplazarme.
Durante décadas EE.UU. ha sido uno de los más fuertes defensores del derecho humano de solicitar asilo. Lamentablemente este derecho diseñado y aprobado por EE.UU. en el artículo 14 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, está siendo rechazado por el actual Gobierno de mi país. La Administración Obama ha adoptado la estrategia de utilizar a la ciudadanía como arma.
Aunque estoy condenado por no hacer nada, se ha revocado unilateralmente mi pasaporte, dejándome como un apátrida sin ningún tipo de orden judicial, y la administración pretende ahora privarme de un derecho fundamental. Un derecho que pertenece a todo el mundo: El derecho a solicitar asilo.
Al final, el Gobierno de Obama no teme a los informantes como yo, Bradley Manning o Thomas Drake. Somos apátridas, encarcelados o impotentes. No, la Administración Obama no tiene miedo de uno. Tiene miedo de una sociedad informada, enojada que exige un Gobierno constitucional que le fue prometido y que debería tener.
Soy firme en mis convicciones y estoy impresionado por los esfuerzos aplicados por muchos.
Edward Joseph Snowden
Lunes 1 de julio de 2013″.
Fuente: http://www.contrainjerencia.com/?p=70119

 
El precio de la verdad
 
Mientras la prensa internacional presenta las informaciones de Edward Snowden como revelaciones sobre el programa PRISM y finge descubrir lo que todo el mundo sabe desde hace tiempo, Thierry Meyssan se interesa más bien en el sentido de este acto de rebelión. Y otorga por ello mucha más importancia al caso del general Cartwright, también acusado de espionaje.
Ex comandante de las fuerzas nucleares de Estados Unidos, ex jefe del Estado Mayor Conjunto, ex consejero militar del presidente Obama, el general Cartwright está siendo acusado de espionaje. Se le imputa haber entregado al New York Times información sobre la guerra secreta contra Irán para evitar así una guerra inútil.
¿Qué son los funcionarios estadounidenses, civiles o militares, que se exponen a un mínimo de 30 años de cárcel por haber revelado a la prensa secretos de Estado de su país? ¿Son «denunciantes» que ejercen un contrapoder dentro de un sistema democrático o se trata de «miembros de la resistencia contra la opresión» dentro una dictadura militaro-policiaca? La respuesta no depende de nuestras propias opiniones políticas sino de la naturaleza misma del Estado estadounidense. Y esa respuesta cambia por completo si nos centramos en el caso de Bradley Manning, el joven soldado izquierdista de Wikileaks, o si incluimos el caso del general Cartwright, consejero militar del presidente Obama, sometido a investigación desde el jueves 27 de junio de 2013 bajo la acusación de espionaje.
Se impone aquí un regreso atrás en el tiempo para entender cómo funciona el paso del «espionaje» a favor de una potencia extranjera a la «deslealtad» hacia la organización criminal en la que uno ha trabajado.
Peor que la censura:
la criminalización de las fuentes
El presidente de Estados Unidos y Premio Nobel de la Paz Woodrow Wilson trató de poner en manos del ejecutivo estadounidense el poder de censurar la prensa cuando están en juego la «seguridad nacional» o la «reputación del gobierno». En su discurso sobre el Estado de la Unión correspondiente al 7 de diciembre de 1915, Wilson declaró: «Hay ciudadanos de Estados Unidos … que han vertido el veneno de la deslealtad en las arterias mismas de nuestra vida nacional, que han tratado de arrastrar al desprecio de la autoridad y de la buena reputación de nuestro gobierno … de destruir nuestras industrias … y de denostar sobre nuestra política en beneficio de intrigas extranjeras … Carecemos de leyes federales adecuadas … Os exhorto a no hacer menos que salvar el honor y el respeto de la nación por sí misma. Esas criaturas de la pasión, de la deslealtad y de la anarquía deben ser aplastadas.» [1]
A pesar de ese discurso, el Congreso no siguió de inmediato la exhortación del presidente Wilson. Como consecuencia de la entrada en guerra de Estados Unidos, el Congreso votó la Espionage Act, que retomaba los elementos fundamentales de la Official Secrets Act británica. Ya no se trata de censurar la prensa sino de cortarle el acceso a la información, prohibiendo a los depositarios de los secretos del Estado revelar lo que saben. Ese dispositivo legal permite a los anglosajones presentarse como «defensores de la libertad de expresión», cuando en realidad son los peores violadores del derecho democrático a la información, derecho que sin embargo defienden las Constituciones de los países escandinavos.
El silencio, más eficaz que el secreto
Los anglosajones viven así mucho menos informados que los extranjeros sobre lo que sucede en sus propios países. Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá lograron mantener en secreto –en su propio territorio– el Proyecto Manhattan, destinado a la concepción de la bomba atómica, a pesar de que 130 000 personas trabajaron en ese proyecto durante 4 años y de que los servicios secretos extranjeros lo habían penetrado ampliamente.
 ¿Por qué pudieron mantenerlo en secreto? Porque Washington no estaba preparando aquella arma para la guerra que estaba librando en aquel momento sino para la siguiente, o sea para la guerra contra la Unión Soviética. Como ya lo han demostrado los historiadores rusos, en Japón se pospuso la capitulación hasta que se concretó la destrucción de Hiroshima y Nagasaki, como advertencia dirigida a la URSS. Si los estadounidenses hubiesen sabido que su país disponía de aquella arma, sus dirigentes habrían tenido que utilizarla para acabar con Alemania y no para amenazar al aliado soviético a costa de los japoneses. En realidad, la guerra fría comenzó antes del fin de la Segunda Guerra Mundial [2].
En materia de secreto, es importante señalar que Stalin y Hitler tuvieron conocimiento sobre la existencia delProyecto Manhattan desde el momento mismo de su inicio, porque ambos tenían agentes donde había que tenerlos. Truman, sin embargo, en su calidad de vicepresidente de Estados Unidos, no fue informado hasta el último momento, o sea después del fallecimiento del presidente Roosevelt.
La verdadera utilidad de la Espionage Act
En todo caso, el espionaje ocupa un lugar secundario en la Espionage Act, como queda demostrado por su forma de aplicación.
En tiempo de guerra, la Espionage Act sirve más bien para castigar las opiniones disidentes. Por ejemplo, en 1919, la Corte Suprema determinó –al pronunciarse sobre los casosSchrenck contra Estados Unidos y Abrams contra Estados Unidos– que el hecho de llamar a la insumisión o a la no intervención en contra de la Revolución Rusa se incluía entre los comportamientos penados por la Espionage Act.
En tiempo de paz, esa misma ley sirve para impedir que los funcionarios hagan público un sistema de fraudes o crímenes cometidos por el Estado, incluso aunque revelen hechos de los que el público ya tenía conocimiento previo pero que no han podido comprobarse hasta el momento de las revelaciones impugnadas.
Bajo la administración Obama ya se ha recurrido a la Espionage Act en 8 ocasiones, lo cual es todo un record en tiempo de paz. No abordaremos en este trabajo el caso de John Kiriakou, el oficial de la CIA que reveló el arresto de Abu Zoubeida y las torturas a las que este fue sometido. Lejos de ser un héroe, Kiriakou es en realidad un agente provocador de la propia CIA cuya misión consiste en hacer creer a la opinión pública la leyenda de las supuestas confesiones arrancadas a Zoubeida, para justificar a posteriori la «lucha contra el terrorismo» [3].
Tampoco abordaremos el caso de Shamal Leibowitz, en la medida en que sus revelaciones nunca se dieron a conocer a la opinión pública. Nos quedan así 6 casos profundamente instructivos sobre el sistema militaro-policiaco estadounidense.
Stephen Jin-Woo Kim confirmó a Fox News que Corea del Norte estaba preparando un ensayo nuclear, a pesar de las amenazas de Estados Unidos contra Pyongyang, una confirmación que en nada perjudicaba a Estados Unidos, aparte de subrayar su incapacidad para imponer obediencia a Corea del Norte. Esa información ya había sido divulgada, en otro contexto, por el célebre periodista estadounidense Bob Woodward sin provocar ningún tipo de reacción.
Thomas Andrew Drake reveló a un miembro de la Comisión de la Cámara de Representantes encargada de los servicios de inteligencia el despilfarro del programa Trailblazer. O sea, se le reprochó haber informado a los parlamentarios encargados de vigilar a las agencias de inteligencia que la NSA (National Security Agency) estaba tirando secretamente por la ventana miles de millones de dólares. El objetivo del programa Trailblazerera buscar la manera de implantar virus informáticos en cualquier computadora o teléfono móvil. Algo que nunca prosperó.
En ese mismo campo, Edward Snowden, empleado de la firma jurídica Booz Allen Hamilton, hizo públicos diversos documentos de la NSA que demostran el espionaje estadounidense contra China… y también contra los invitados al G20 organizado en Reino Unido. Lo más importante es que demostró la envergadura del sistema militar de escuchas de las comunicaciones telefónicas y a través de Internet, escuchas a las que nadie escapa, ni siquiera el presidente de Estados Unidos. Ahora la clase política estadounidense describe a Snowden como «un traidor a eliminar», únicamente porque sus documentos impiden que la NSA pueda seguir negando ante el Congreso la realización de una serie de actividades de todos conocidas desde hace mucho tiempo.
Bradley Manning, un simple soldado, transmitió a Wikileakslos videos de dos crímenes cometidos por el ejército estadounidense, 500 000 informes de inteligencia de las bases militares estadounidenses en Irak y 250 000 cables sobre los datos de inteligencia recogidos por los diplomáticos estadounidenses durante sus conversaciones con políticos extranjeros. Nada de especialmente importante, pero se trata de una documentación que da al público una idea de los burdos chismes que recoge el Departamento de Estado y que sirven de base a la «diplomacia» de Estados Unidos.
Jeffrey Alexander Sterling es un empleado de la CIA que reveló al New York Times la «Operación Merlin». Pero más sorprendente resulta el caso del general James Cartwright, ex número 2 de las fuerzas armadas de Estados Unidos, ya que fue jefe adjunto del Estado Mayor Conjunto, y también consejero del presidente, tan cercano a este último que en Washington llegaron a llamarlo «el general de Obama». Ahora resulta que este militar de alto rango reveló el año pasado al New York Times la «Operación Juegos Olímpicos» y acaba de abrirse una investigación en su contra, según CNN.
Sterling y Cartwright no creen en el mito israelí sobre «la bomba atómica de los ayatolas». Así que trataron de contrarrestar los intentos israelíes de arrastrar Estados Unidos a la guerra contra Irán. La «Operación Merlin» consistía en hacer llegar a Irán información falsa sobre la fabricación de la bomba atómica. En realidad se trataba de una provocación para que Irán emprendiera un programa nuclear de carácter militar, lo cual justificaría a posteriori la acusación israelí [4]. En cuanto a la «Operación Juegos Olímpicos», esta consistía en introducir los virus informáticos Stuxnet y Flame en los ordenadores de la central iraní de Natanz para provocar problemas en el funcionamiento de esa instalación, específicamente en las centrifugas [5]. El objetivo era, por lo tanto, sabotear el programa nuclear civil iraní. Así que esas revelaciones no perjudicaron los intereses de Estados Unidos sino las ambiciones de Israel.
Una forma de resistencia
Cierta oposición de salón nos presenta a las personas encausadas bajo la Espionage Act como «denunciantes» (whistleblower), como si Estados Unidos fuese hoy una verdadera democracia en la que es posible denunciar ante la ciudadanía los pocos errores que hay que corregir.
Lo que en realidad nos demuestran estos ejemplos es que, en Estados Unidos, desde el simple soldado (Bradley Manning) hasta el número 2 de las fuerzas armadas (el general Cartwright), existen hombres que tratan de luchar como pueden contra un sistema dictatorial cuando se dan cuenta de que forman parte del mecanismo. Ante un sistema monstruoso, lo justo es catalogarlos entre los ejemplos más conocidos de una forma de resistencia, como el almirante Canaris o el conde Stauffenberg.
Thierry Meyssan      
[1] “There are citizens of the United States … who have poured the poison of disloyalty into the very arteries of our national life; who have sought to bring the authority and good name of our Government into contempt … to destroy our industries … and to debase our politics to the uses of foreign intrigue… [W]e are without adequate federal laws… I am urging you to do nothing less than save the honor and self-respect of the nation. Such creatures of passion, disloyalty, and anarchy must be crushed out.”
[2] «La Segunda Guerra Mundial podía haber terminado en 1943», «Si no fuera por la toma de Berlín…» y «La Conferencia de Yalta ofrecía una oportunidad que no fue aprovechada», entrevista de Viktor Litovkine con Valentin Faline, Ria-Novosti/Red Voltaire, 30 de marzo, 1º y 12 de abril de 2005.
[4] State of War: The Secret History of the CIA and the Bush Administration, por James Risen, Free Press, 2006.
[5] «Obama Order Sped Up Wave of Cyberattacks Against Iran» por David E. Sanger, The New York Times, 1º de junio de 2012. «Did America’s Cyber Attack on Iran Make Us More Vulnerable?» por Marc Ambinder, The Atlantic, 5 de junio de 2012. «The rewards (and risks) of cyber war»,por Steve Call, The New Yorker, 7 de junio de 2012. «U.S., Israel developed Flame computer virus to slow Iranian nuclear efforts, officials say», por Ellen Nakashima, Greg Miller y Julie Tate, The Washington Post, 19 de junio de 2012.
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