La CIA pagó a presos de Guantánamo para que fueran agentes dobles

La CIA pagó a presos de Guantánamo para que fueran agentes dobles

El programa, conocido como Penny Lane, infiltraba a miembros de Al Qaeda en sus países de origen para que reportaran de vuelta a Langley

Fotografía satélite de la instalación de la CIA en Guantánamo conocida como Penny Lane. / AP

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No muy lejos de las oficinas administrativas del centro de detención de Guantánamo, la CIA construyó ocho pequeñas viviendas que fueron bautizadas como El Marriot, debido a las comodidades que ofrecían frente a las condiciones y régimen espartano impuesto en las celdas de los presos comunes. Con cientos de presos llegando a la base naval militar de EEUU en Cuba –que pasarían los días languideciendo en sus celdas-, la CIA diseñó un programa para convertir en agentes dobles a algunos de los más peligrosos terroristas de Al Qaeda y lo bautizó como Penny Lane (la famosa canción de los Beatles).

El plan –ejecutado entre 2003 y 2006- era infiltrar a esos presos -a sueldo de la CIA- en las células terroristas en las que participaban en sus respectivos países y convertirles en informantes del Gobierno norteamericano, según han relatado funcionarios retirados y en activo a la agencia Associated Press.

El plan no estaba exento de riesgos, altos riesgos, ya que siempre existía la posibilidad de que una vez puestos en libertad en sus países, esos hombres traicionaran a la agencia de inteligencia y conspirasen contra EEUU. El programa se creo durante los años de George W. Bush en la Casa Blanca y también entrañaba el peligro de que esos agentes decidieran dar otra vuelta de tuerca a su estatus y convertirse en agentes triples, o sencillamente acabaran pasando información falsa a Langley que provocara ataques con drones erroneos sobre poblacion civil en Yemen y Afganistán.

El programa se creo durante los años de George W. Bush en la Casa Blanca y también entrañaba el peligro de que esos agentes decidieran dar otra vuelta de tuerca a su estatus y convertirse en agentes triples

No existen cifras exactas sobre el número total de presos que fueron reclutados para la operación Penny Lane, pero se estima que tan solo una docena fueron considerados y una pequeña fracción de ese número acabó trabajando para la CIA. En el mayor pico de ocupación del centro de detención, Guantánamo llegó a albergar a 779 presos. Hoy en día son 166 los hombres encerrados.

Las ocho pequeñas viviendas estaban ocultas detrás de un pequeño cerro y quedaban fuera de la vista debido a la maleza y altos cáctus. Penny Lane era la contraparte de otra instalación secreta de Guantánamo conocida como Strawberry Fields –otra canción de la mítica banda británica-, donde se encerraba a los presos “de alto valor” y cuyas probabilidades de abandonar en algún momento la isla eran nulas y estarían por siempre jamás encerrados, algo que indicaba la canción con el añadido de Forever (Strawberry Fields Forever).

Quienes formaron parte del programa tuvieron una existencia que se puede considerar privilegiada dentro del gulag que es Guantánamo, ya que vivían con lujos tan simples como tener una cama, algo de lo que carecen los presos regulares, que duermen en catres. Los bungalós tenían cocinas privadas, duchas, sus propias televisiones y un pequeño patio. Según informa AP, algunos prisioneros solicitaron –y recibieron- material pornográfico.

Aunque la cifra de agentes dobles reclutados fue muy pequeña, el programa atrajo la atención del presidente Bush que se entrevistó con un joven que había regresado de Afganistán, donde generalmente la CIA se reunía con sus agentes. Barack Obama también tuvo conocimiento del plan de la CIA, aunque en su caso fue después de asumir el cargo en 2009 y ordenar que se investigase a todos esos expresos que eran agentes dobles y se analizase la información que pasaban para usarse en los ataques con los drones Predator, según relató un alto funcionario a AP.

Quienes formaron parte del programa tuvieron una existencia que se puede considerar privilegiada en el ‘gulag’ que es Guantánamo,ya que vivían con lujos tan simples como tener una cama, algo de lo que carecen los presos regulares, que duermen en catres. Los bungalós tenían cocinas privadas, duchas, sus propias televisiones y un pequeño patio. Algunos prisioneros solicitaron –y recibieron- material pornográfico

La infiltración de Al Qaeda ha sido una de las metas a la que más esfuerzo ha dedicado la CIA. Los candidatos a engrosar las filas de Penny Lane –todavía hoy visibles sus instalaciones a través de fotos satélite- tenían que tener vínculos legítimos con el terrorismo y, para ser de valor para la CIA, tenían que poder reestablecer esos vínculos con la red terrorista que entonces lideraba Osama Bin Laden.

El gobierno de Estados Unidos tenía tales esperanzas en Penny Lane que un ex funcionario de inteligencia recordó discusiones sobre si incluso liberar en secreto a un par de paquistaníes dentro de Estados Unidos con visas de estudiante o de empresario, con la esperanza de que establecieran vínculos con Al Qaeda y condujeran a las autoridades a miembros de una célula en Estados Unidos. Otro ex alto funcionario de inteligencia dijo que eso nunca sucedió, siempre según la agencia de noticias.

Los prisioneros aceptaban ser captados por la CIA por diferentes razones, pero entre ellas estaba el hecho de que se prometía seguridad y holgura económica para sus familias –la CIA pagó a esos agentes millones de dólares de la cuenta bautizada como Pledge (Compromiso)-. A pesar de la costosa inversión se desconoce si esos dobles agentes llegaron a proporcionar información de valor para el espionaje norteamericano o si concluyó con algún miembro  de Al Qaeda capturado o muerto. Con el tiempo, algunos agentes, sencilamente, dejaron de pasar información y desaparecieron del radar de Langley, sede de la Agencia en Virginia.

Los funcionarios entrevistados reconocen que Al Qaeda siempre tuvo en cuenta que tal programa se podía poner en marcha, por lo que desconfiaban de todos aquellos que regresaban a sus filas con las credenciales de haber pasado por Guantánamo, lo que amenazaba el éxito de Penny Lane.

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