“Al Qaeda es el único que está ganando con la política de ‘drones”

ENTREVISTA | VÍCTIMA DE ATAQUES CON ‘DRONES’ EN YEMEN

“Al Qaeda es el único que está ganando con la política de ‘drones”

Faisal bin Ali vio cómo parte de su familia fallecía en una batida de la CIA

Está en Washington para alertar sobre la política antiterrorista de EE UU en su país

Faisal bin Ali Gaber, víctima de los ataques con ‘drones’ en Yemen. / E.S.E.

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Faisal bin Ali Gaber es un ingeniero yemení de 55 años, de gesto serio, mirada serena y voz suave pero firme. El 29 de agosto del año pasado, mientras se encontraba celebrando el segundo día de la boda de su hijo, una batida de drones mató a su cuñado, Salim bin Ali, y a su sobrino, Waleed bin Ali, un imán que predicaba contra Al Qaeda y un policía, respectivamente. Para las estadísticas son dos nombres más de la larga lista de víctimas inocentes de las batidas con drones -66, según el recuento de The New American Foundation-, para Bin Ali son dos ausencias que han roto a su familia y un recordatorio de la sinrazón de una política antiterrorista que mira para otro lado cuando provoca bajas inocentes.

El 29 de agosto del año pasado, mientras se encontraba celebrando el segundo día de la boda de su hijo, una batida dedrones mató a su cuñado, Salim bin Ali, y a su sobrino, Waleed bin Ali, un imán que predicaba contra Al Qaeda y un policía, respectivamente

“Al principio parecía que estaba dentro de una película, llegué a pensar que lo que estaba viviendo no era real”, dice Bin Ali mientras rememora el ataque. La débil voz del ingeniero se vuelve casi imperceptible cuando explica la angustia que sintió mientras recogía los restos de los cadáveres de su cuñado, de 43 años, y de su sobrino, de 27. Además de los familiares de Bin Ali, otras tres personas murieron en la incursión. “Nadie del pueblo sabemos quiénes eran”, señala.

Hasta el momento, ése el único ataque con aviones no tripulados que ha sufrido su aldea, Khashamir, en el este de Yemen, pero, desde entonces, sus habitantes luchan por adaptarse a convivir con el pánico y la incertidumbre de que volver a padecer otra incursión. Bin Ali se ha trasladado a Washington para transmitir a los miembros del Capitolio y los ciudadanos de Estados Unidos lo que supone vivir con miedo, pendiente siempre del cielo, pero, sobre todo, para encontrar a quién se responsabilice del crimen que se cometió contra su familia y la localidad en la que reside y para advertir sobre las terribles consecuencias que de la estrategia de drones pueden derivarse para EE UU y para Yemen.

“Lo primero que quiero saber es quien es el responsable de la muerte de Salim y de Waleed, y una vez que se sepa, quién va a asumir la atención de sus familias”, cuenta Bin Ali a EL PAÍS, sentado en el hall del hotel de Washington en el que se hospeda desde que el jueves pasado aterrizara en la capital de EE UU. Es la segunda vez que este país autoriza el visado a víctimas de ataques con drones, después de que hace unas semanas permitiera la entrada a parte de la familia Rehman, procedente de Pakistán, para que pudieran explicar a los congresistas cómo una incursión de aviones no tripulados de la CIA asesinó a la matriarca.

Al principio parecía que estaba dentro de una película, llegué a pensar que lo que estaba viviendo no era real”

Durante su estancia en Washington, Bin Ali se ha entrevistado con varios congresistas y con responsables del gabinete de algunos senadores, ha visitado el Departamento de Estado y tiene previsto reunirse con miembros del comité de Servicios Jurídicos y Armados del Senado y con funcionarios de Inteligencia de EE UU. En sus encuentros, los legisladores le han transmitido “su pesar y sus condolencias”, pero, de acuerdo con el ingeniero yemení, “no tienen muy claro cómo hacer para cambiar este tipo de política o cuál sea la estrategia alternativa que deban adoptar en el futuro”.

Bin Ali tiene varias ideas al respecto que le gustaría compartir con el presidente Barack Obama, a quien ha solicitado poder ser recibido en la Casa Blanca. “Le diría que los métodos antiterroristas que está usando son más contraproducentes y dañinos que efectivos o beneficiosos”, señala. Perfectamente consciente de que es prácticamente imposible que llegue a compartir sus ideas con el presidente, Bin Ali, sin embargo, tiene claro que la política de ataques con drones que EE UU comenzó a emplear en Yemen en 2002 y que ha explotado la Administración Obama no es eficaz.

“Los yemeníes podríamos ser un activo muy importante en la lucha contra Al Qaeda porque la mayoría estamos ideológicamente en contra de la organización. Pero basar la lucha únicamente en la estrategia militar y en las batidas con aviones no tripulados, que matan a civiles inocentes, no está haciendo ningún bien ni a EE UU ni a Yemen”, advierte.

El ingeniero está de acuerdo con aquellos que opinan que las incursiones con drones están fomentado la radicalización de los jóvenes de su país, favoreciendo su reclutamiento por parte de Al Qaeda y el surgimiento del odio hacia EE UU. “El ataque a mi aldea es un ejemplo. Salim era un imán que cinco días antes de su asesinato estaba predicando en contra de Al Qaeda. Ahora hay un hombre menos que ofrece sermones y alerta a la población contra la agrupación terrorista. ¿Quién ganó la batalla ese día? Al Qaeda, desde luego, no EE UU”, se lamenta.

Basar la lucha únicamente en la estrategia militar y en las batidas con aviones no tripulados, que matan a civiles inocentes, no está haciendo ningún bien ni a EE UU ni a Yemen”

El ataque con aviones pilotados a distancia se ha convertido en la forma más efectiva y menos vulnerable que ha encontrado EE UU para mermar a los miembros de esa organización. Desde su inicio en 2002, se han contabilizado 93 batidas, que se han cobrado la vida de entre 684 y 891, entre ellos, alrededor de 66 civiles, según New American Foundation. Las operaciones con drones en Yemen están dirigidas por la CIA y el Mando Conjunto de Operaciones Especiales de EE UU, pero se ejecutan en coordinación con el Gobierno de Yemen y el de Arabia Saudí.

Bin Ali es consciente de la connivencia de su país y también ha tratado de exigir responsabilidades al régimen de Saná. “A las dos horas del ataque recibí una llamada de un funcionario del Gobierno en la que se me aseguraba que ni Salim ni Waleed eran objetivos y que su muerte fue un error”, recuerda Bin Ali. “Le pregunté si el Gobierno iba a comenzar una investigación sobre el asunto, pero me dijo que eso no estaba en su mano y que había que preguntar al presidente”. Desde entonces la familia Bin Ali ha tratado de que el gobernador de la región o el jefe de Estado yemení se involucren en el caso. “El gobernador ha estado receptivo y hemos tratado de obtener algún tipo de compensación para las familias, pero hasta ahora solo hemos recibido promesas escritas en papeles, pero nada concreto, después de más de un año”, explica.

Para Bin Ali la diferencia entre el Gobierno de Yemen y el de EE UU es que el primero sí ha tratado de darles explicaciones sobre la muerte de sus familiares frente al silencio de Washington. Bin Ali, sin embargo, se lleva una impresión positiva de su viaje a este país. “Me ha sorprendido lo receptivos que se han mostrado los estadounidenses en mi caso y en apoyarme. Y éste es un mensaje que debo transmitir a la gente de mi pueblo, que EE UU no es sólo un país que se dedica a matar a la gente con drones, sino que es una nación que comparte nuestras preocupaciones y nuestros miedos y que está interesada por el futuro de nuestro pueblo”.

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EE UU, ante su mayor reto desde la desaparición de la Unión Soviética

EE UU, ante su mayor reto desde la desaparición de la Unión Soviética

Con el acuerdo obtenido con Irán, Obama acaricia el mayor éxito en política exterior de su presidencia. O todo lo contrario

REUTERS/LIVE

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Con el acuerdo temporal obtenido con Irán en Ginebra, Barack Obamaacaricia el mayor éxito de política exterior de su presidencia y Estados Unidos la mejor oportunidad de un rediseño de la geopolítica mundial desde la caída del Muro de Berlín. O todo lo contrario.

Las enormes repercusiones de la posible reconciliación con Irán son comparables con el tamaño de los obstáculos que se interponen aún en su consolidación. EE UU y particularmente Obama, que encabezó este proceso con su conversación en septiembre con el presidente iraní, Hasan Rohaní, tienen por delante una tarea titánica para ratificar en los próximos meses el éxito inicial alcanzado este fin de semana.

“Hoy la diplomacia ha abierto un nuevo camino hacia un mundo más seguro”, manifestó Obama en una comparencia nocturna, pocos minutos después de que se anunciase el compromiso en la ciudad suiza. “Aunque esto es solo un primer paso, se alcanza un gran acuerdo. Por primera vez en una década, hemos detenido el programa nuclear iraní y se postergan algunas partes importantes de ese programa”.

Ahora hay seis meses por delante para convertir ese acuerdo provisional en uno definitivo que acabe con el peligro de armas atómicas en Irán, ponga fin a las sanciones que aíslan a ese país y arruinan su economía y, en última instancia, permita la reincorporación de Irán a la comunidad de naciones civilizadas. Eso significa nuevas opciones de negocio con Irán, que China y Europa esperan ansiosamente, y, sobre todo, la colaboración de ese histórico poder regional en la pacificación y el reordenamiento de la región más explosiva del mundo.

Para EE UU, que desde hace más de tres décadas identificó a Irán como su mayor enemigo internacional desde la desaparición de la Unión Soviética, esta es una oportunidad de reivindicar su autoridad en Oriente Medio en un momento en que es puesta constantemente en duda. Después de todo, así como la presión económica acabó rindiendo a la URSS, Washington podrá reclamar que fue su persistencia en las sanciones lo que terminó doblegando a los ayatolas.

Para EE UU esta es una oportunidad de reivindicar su autoridad en Oriente Medio en un momento en que es puesta constantemente en duda

Las primeras reacciones demuestran, sin embargo, lo difícil que va a ser para Obama conseguir que, tanto el Congreso como los aliados estratégicos de EE UU en el área, todos ellos imprescindibles para que este acuerdo provisional llegue a buen puerto, compartan esa visión optimista. En el Congreso, la mayoría de los republicanos ven este acuerdo más bien como una derrota, una concesión inadmisible. Y los aliados, especialmente Israel y Arabia Saudí, lo han recibido como una amenaza, no como un motivo de regocijo.

Irán utilizará este acuerdo para obtener la capacidad de fabricar armas nucleares”, ha declarado el senador Marco Rubio, resumiendo el espíritu de sus compañeros de partido. En las filas demócratas, aunque por ahora domina la cautela, la situación no es mucho más favorable. Varios de los habituales y más fieles aliados de Obama en el Senado son también amigos y defensores de Israel.

Obama ya tuvo que reunirse en vísperas del inicio de las conversaciones de Ginebra con los senadores para evitar que aprobasen un nuevo paquete de sanciones contra Irán. Esa gestión retrasó la iniciativa por unos días, pero no se sabe por cuánto tiempo más. Los enemigos del acuerdo, entre ellos el propio Israel, van a utilizar todos sus recursos en el Senado para hacer descarrilar este proceso.

Pese a todo eso, Obama tiene argumentos para defender un compromiso que le puede dar el oxígeno y el brillo que su presidencia necesita urgentemente. El control real y prolongado del programa nuclear iraní es, a largo plazo, una mejor garantía para la seguridad de Israel que un ataque militar de efectos y consecuencias imprevisibles. En todo caso, este es un momento para medir la estatura de Obama y su capacidad para imponer su política.

Con ese propósito, la Administración explota la comparación con las negociaciones que condujeron al desmantelamiento de la Unión Soviética. “Como se decía de Gorbachov y Reagan, confía pero verifica. La verificación es la clave. El presidente Obama y yo siempre hemos dicho desde el principio que no vamos solo a confiar y verificar, vamos a verificar, verificar y verificar”, declaró este domingo el secretario de Estado, John Kerry, en una de sus entrevistas en televisión.

Efectivamente, este proceso puede darle a Obama un triunfo similar al de Reagan. Pero Irán, que ya fue la tumba de Jimmy Carter, puede ser también el golpe de gracia para el presidente si las promesas de hoy se convierten en burla y las expectativas actuales concluyen en un gran fiasco.

Los ‘lobbies’ (grupos de presión) alargan su poder en la sombra en Washington

Los ‘lobbies’ alargan su poder en la sombra en Washington

El número de grupos de presión y su inversión se ha disparado en la última década

El Capitolio y la avenida Pensilvania en Washington DC. / SAUL LOEB (AFP)

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Que Washington ha sido desde hace mucho tiempo una ciudad plagada de lobbies no solo lo difunde la leyenda sino que lo atestiguan las cifras. Se suele decir que el famoso término lo acuñó aquí Ulysess S. Grant, quien tras ser nombrado presidente de Estados Unidos en 1869 visitaba con frecuencia el elegante Hotel Willard, situado a escasos metros de la Casa Blanca, en cuya entrada –lobby en inglés- se relajaba degustando brandy y fumando cigarros. El mito popular asegura que, cansado de que cada vez más personas quisieran invitarle a bebidas o se le acercaran para pedirle un trabajo o un favor legislativo, Grant los tildó un día de “esos malditos lobistas”. La leyenda ayuda a enaltecer el aura poderosa de Washington, pero resulta del todo falsa. Es cierto que Grant solía ir al Willard pero, según los historiadores, el concepto nació dos siglos antes: en 1640 en los pasillos del Parlamento británico.

Sea como sea, la palabra lobby apareció por primera vez publicada en EE UU en 1830 y con el paso del tiempo fue adentrándose en el imaginario colectivo del país y sobre todo en su engranaje político. La arquitectura del sistema político norteamericano promueve la iniciativa individual de cada senador o congresista, que puede impulsar por su cuenta un proyecto de ley y que sabe que para garantizarse la reelección necesita satisfacer las demandas concretas de los votantes de su circunscripción, lo que diluye intensamente la disciplina de partido. Así, en cada decisión confluyen muchos intereses de por medio y, como siempre, nadie quiere perder. Esto ha atraído históricamente a la capital federal a numerosos grupos de presión de toda índole, para defender desde causas sociales o políticas hasta otras de calado internacional. En los últimos años, sin embargo, esta tendencia se ha disparado con creces.

Desde 1990 pero especialmente a partir del año 2000 los lobbies han multiplicado enormemente su presencia y su presupuesto en Washington, engrasando una poderosa maquinaria aparentemente invisible a la sombra de la clase política pero que en realidad ejerce una influencia mayúscula y bien palpable. Entre 1999 y 2010 la inversión de estos grupos más que se duplicó, pasando de 1.400 millones de dólares a 3.500 millones de dólares, según las estadísticas del Senado recopiladas por el Center for Responsive Politics (CRP). Entretanto, el número de lobbies registrados en la ciudad llegó en 2007 a su máximo histórico (14.837), muy por encima de las 10.406 firmas que había en 1998 y el doble que en 1981. En los últimos dos años, estas cifras se han reducido ligeramente pero, según los expertos, se debe a factores coyunturales y a cambios normativos.

Entre 1999 y 2010 la inversión de estos grupos pasó de 1.400 millones de dólares a 3.500 millones de dólares

¿Qué explica un aumento de tal calibre en tan poco tiempo? Lee Drutman, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Johns Hopkins y especialista en el auge dellobby corporativo, lo achaca principalmente a un cambio de mentalidad en la relación entre la élite empresarial y la clase política. Su tesis es que históricamente las grandes corporaciones habían tenido poco acceso al Capitolio, por lo que no veían demasiados beneficios en granjearse la cercanía de los políticos. No obstante, a mediados de los años 90, con unas cámaras más proclives al mundo de los negocios, los empresarios empezaron a ser requeridos para opinar en los grandes debates legislativos. Y fue a partir de entonces cuando descubrieron cómo se beneficiaban inmensamente de algunas decisiones políticas, como la normalización de las relaciones comerciales con China o la liberalización de las telecomunicaciones.

“Es el efecto bola de nieve. Poco a poco las empresas han ido siendo más agresivas al darse cuenta que cuanto más lobby hacen en más asuntos están involucradas, tienen más intereses en juego y por tanto hacen más lobby”, apunta Drutman en conversación telefónica. Pero el verdadero punto de inflexión es que han constatado que se trata de una inversión muy pero muy rentable: “Una compañía que se gasta 30 millones anuales en hacer lobby en Washington, puede ahorrarse o ganar miles de millones con un simple cambio regulatorio”.

Avalancha de grupos en la calle ‘K’

Pero más allá de este descubrimiento sobre el “valor del coste-beneficio” de involucrarse más en los círculos políticos de Washington, Daniel Auble, investigador del CRP, sostiene que algunos importantes debates legislativos en los últimos años, que amenazaban con trastocar de arriba abajo algunos sectores -como la reforma sanitaria o los nuevos reglamentos del sistema financiero tras el estallido de la crisis en 2008-, han empujado a muchos más grupos de presión a abrir una oficina en la calle K de la capital, la arteria principal del ejército de lobistas. Según Auble, también han ejercido de imán los debates sobre los subsidios a la producción de etanol, la reforma agrícola o la educativa.

Las estadísticas así lo certifican: el gran salto en la inversión de loslobbies se produce en 2008 y se consolida en 2009, coincidiendo con la entrada de Barack Obama a la Casa Blanca. Ese año la industria farmacéutica y sanitaria batió su récord en su gasto en lobby, hasta los 273 millones de dólares (201 millones de euros), aunque ya desde 1999 había sido y lo sigue siendo el sector que más dinero ha destinado en ganar influencia. Y desde 2003 la firma que más lobby ha hecho, como intermediaria, para las grandes compañías ha sido Patton Bogas. En 2011 alcanzó su pico, con un gasto de 47 millones de dólares (34,6 millones de euros), según el recuento oficial del Senado.

Kevin O’Neill, vicepresidente del departamento de Políticas Públicas de Patton Bogas, también atribuye buena parte del auge de su negocio a la creciente demanda en los ámbitos financieros y sanitarios. Su argumentación oficial es la siguiente: “Al debatirse en la última década decisiones políticas extraordinariamente complicadas e importantes, ha habido una necesidad creciente de asegurar que todos los puntos de vista sobre esas decisiones se contemplan en el proceso”.

Las empresas han ido siendo más agresivas al darse cuenta que cuanto más ‘lobby hacen en más asuntos están involucradas, tienen más intereses en juego y por tanto hacen más‘lobby‘”

El directivo, sin embargo, rehuye comentar, alegando política de empresa, los “métodos” cómo hacenlobby ni a qué destinan sus suculentos contratos. Según el investigador Auble, los millones que pagan las grandes empresas a firmas como Patton Bogas cubren el coste de esos contratos y de todo tipo de actuaciones, como celebrar reuniones con congresistas, inversión en publicidad o redactar informes para sus clientes, por ejemplo, textos alternativos a proyectos de ley.

Desde 1946, la legislación norteamericana regula la actuación de los grupos de presión y acota su campo de acción. Por ejemplo, impide a los senadores aceptar regalos de lobistas y limita el presupuesto de sus comidas con ellos. “Se suele decir que ‘si no estás en la mesa estás fuera del menú’. Muchos lobistas solo quieren asegurarse de estar en el máximo número de mesas, hablando con todo el mundo que tiene poder en el juego político”, explica el profesor Drutman, que añade que las reglas se suelen cumplir y que no se “compra” a los congresistas simplemente con “una cena o una botella de vino”.

Su tesis es que todo es más sutil y el objetivo mucho más profundo: “Se busca moldear el ambiente intelectual, en el sentido de qué es políticamente posible. Y eso requiere mucho trabajo”. Drutman lo describe como una tarea de resistencia y de confianza, pues muchos de los lobistas han trabajado antes en el Capitolio y mantienen allí muy buenos contactos. Los lobistas tratan de buscar a sus “mejores aliados” y darles “munición”, de hablar con el máximo número de congresistas que presentarán leyes o las votarán para hacerles ver que no están en el “lado correcto de la discusión”, y marearlos una y otra vez con una retahíla de datos sobre los efectos desastrosos de una ley (por ejemplo, en puestos de trabajo) y con testimonios de personas en las que confía ese representante político. “Y eventualmente todo esto causa un efecto”, subraya.

Pero, obviamente, también hay mucho juego sucio en la sombra. Este experto habla de “amenazas implícitas” de los grupos de presión a los líderes políticos, como sacar a la luz algunos trapos sucios. Y también compra de favores, por ejemplo de la mano de suculentas donaciones a la campaña electoral de un congresista. Estas contribuciones no quedan recogidas en las estadísticas del Senado, que solo incluyen las interacciones de las empresas y sus representantes con las instituciones públicas. Por tanto, los tentáculos indirectos de los lobbies son mucho más largos de lo que muestran las estadísticas oficiales.

La transparencia del Senado es máxima. Su registro detalla el dinero exacto que destina cada organización y sector, y cuántos informes redactan y a qué instituciones públicas van dirigidos. El año pasado había en Washington 12.432 lobistas -equivalentes al nivel previo a 2003- que gastaron 3.310 millones de dólares (unos 2.400 millones de euros), por encima de la inversión de 2008. Tanto en 2012 como hasta el tercer trimestre de 2013, la entidad que más ha gastado en hacerlobby -ya sea directamente o subcontratando a firmas intermediarias- ha sido la Cámara de Comercio, con un presupuesto, respectivamente, de 136 millones de dólares (100 millones de euros) y 51 millones de dólares (37 millones de euros). Completan el podio la Asociación Nacional Inmobiliaria y la aseguradora de salud Blue Cross-Blue Shield. Entre las diez primeras, hay también entidades del sector médico, tecnológico o eléctrico.

Los más influyentes

Por sectores, tras el primer puesto de la industria farmacéutica y sanitaria, se sitúan este año la aseguradora, y la de petróleo y gas. El año pasado las asociaciones empresariales fueron el segundo sector que más gastó en lobby, por delante de las aseguradoras. En cuanto al número de informes, el liderazgo de 2012 también lo ostentó la Cámara de Comercio, que elaboró 126 documentos sobre proyectos legislativos que se debatían en la Cámara de Representantes y 118 en el Senado.

Este año la Cámara de Comercio ha centrado buena parte de sus esfuerzos, con 14 informes, en la modificación de una ley sobre los procedimientos judiciales en los procesos de bancarrota empresarial. El cambio legal, que se aprobó hace unos días, recibió alegaciones de un total de 19 organizaciones. Y como es previsible la polémica reforma sanitaria ha despertado un gran interés de la aseguradora de salud Blue Cross-Blue Shield, que en lo que llevamos de año ha presentado 28 informes a la ley. Según el profesor Drutman, el reciente cambio administrativo que ha hecho la Casa Blanca a la reforma, que permitirá a los ciudadanos que lo deseen mantener en 2014 sus planes médicos, ha supuesto una “victoria tremenda” para la industria médica.

Pese a victorias como ésta, la maquinaria de los lobbies ha perdido un poco de fuelle desde 2011. El investigador Auble atribuye el descenso al endurecimiento de las incompatibilidades para los lobistas introducidas por la Administración Obama, pero sobretodo a la parálisis legislativa en que se ha sumido el Capitolio en los últimos años. “Sin embargo, cuando aflora un asunto particular el gasto se dispara”, apunta. Como prueba de ello, el crecimiento espectacular del gasto de los grupos a favor y en contra de endurecer el control de las armas de fuego a raíz del intenso debate generado por la matanza de Newtown en diciembre pasado. Entre julio y septiembre de este año, el lobby a favor de restringir el acceso a las armas ha incrementado su inversión un 875% en relación al mismo período de 2012; mientras que el que aboga por el mantenimiento del status quo lo ha hecho bastante menos, un 75%, aunque su gasto es cinco veces superior al de su rival.

Aparte de este caso coyuntural, el actual calendario político está generando un incipiente renacer del vigor de los lobbies. Los grupos están multiplicando sus esfuerzos para evitar que sus variopintos clientes se vean afectados por los recortes automáticos del gasto federal que podrían tener lugar el próximo enero. De mientras, seguramente habrá más de un lobista, que en su cruzada por ganar influencia en Washington, se tome de vez en cuando una copa con un representante político en el Hotel Willard y recuerde la falsa leyenda del presidente Grant hace ya más de 140 años. El mito parece que persiste intacto.

La Casa Blanca pide la aprobación de la reforma migratoria “cuanto antes”

La Casa Blanca pide la aprobación de la reforma migratoria “cuanto antes”

El presidente Obama pide a la Cámara de Representantes que pacte la legislación “cuanto antes”

El presidente Obama durante su discurso en San Francisco. / JEWEL SAMAD (AFP)

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El presidente Obama defendió este lunes una vez más la necesidad de aprobar “cuanto antes” una reforma del sistema de inmigración de Estados Unidos durante un discurso en San Francisco. La legislación, pendiente de aprobación en la Cámara de Representantes tras obtener el respaldo del Senado, es una de las prioridades de Obama para este segundo mandato en la Casa Blanca.

Hace ya tiempo que caducó el plazo para arreglar el sistema de inmigración. Es el momento de acabar el trabajo que empezamos”, dijo el presidente. Obama ha defendido en los últimos meses que la aprobación de la reforma solo depende de la voluntad de los republicanos, que cuentan con una mayoría de representantes en la Cámara. “Si no la aprobamos ahora, estaremos quebrantando nuestro futuro”.

Obama defendió durante su discurso en el Centro Betty Ong de San Francisco que la reforma migratoria tendría un impacto especialmente positivo en la economía de EE UU, reduciendo el déficit en 850.000 millones de dólares y aportando 1.400 billones de dólares en un plazo de dos décadas. El presidente intervino después de que pronunciara unas palabras Geetha Vallabhaneni, una inmigrante india que llegó a EE UU hace 15 años y que creó su propia empresa en Silicon Valley diez meses después de conseguir su permiso de residencia, según informó la Casa Blanca.

“Demasiadas veces el debate sobre inmigración se centra en nuestra frontera sur”, dijo Obama, que prefirió recalcar los beneficios que aportan los inmigrantes que se incorporan a la economía estadounidense. El presidente aseguró que San Francisco, donde un 35% de las empresas han sido creadas por extranjeros, es un buen ejemplo de ese impacto.

No hay razón por la que no podamos aprobarla ahora”

La reforma migratoria se ha visto obstaculizada por la falta de voluntad de los republicanos y por otros asuntos como la implementación del nuevo sistema de salud, la crisis en Siria o el debate sobre el déficit y el cierre de la administración en octubre. Obama criticó la insistencia de la oposición en asuntos como la reforma sanitaria, asegurando que los intereses políticos no siempre contribuyen a la seguridad nacional, como sí lo haría un nuevo sistema de inmigración.

Obama recordó el apoyo de la sociedad estadounidense a la reforma y el respaldo que obtuvo de parte de los dos partidos en el Senado. “No hay razón por la que no podamos aprobarla ahora”, aseguró. El mandatario mencionó iniciativas como la de un grupo de activistas en ayuno desde hace dos semanas y les aseguró que “todo el país les escucha”. “Yo les he escuchado”, afirmó, reiterando que considera que el sistema actual es “injusto” porque 11 millones de personas no cuentan con una vía para cumplir con la ley.

El discurso de Obama se vio interrumpido por la petición de uno de los jóvenes del público, que pidió al presidente que interrumpiera las deportaciones de indocumentados y que utilizara sus poderes presidenciales para ello. El mandatario, que escuchó su intervención y pidió a las fuerzas de seguridad que no le expulsaran, contestó que aprobar una ley “no es tan fácil como gritar” en público, sino que requiere la iniciativa de activistas y grupos de presión. “Por eso estamos aquí”, contestó Obama. “Estoy listo para trabajar con vosotros”.

A pesar del éxito de las negociaciones en el Senado, que culminaron el pasado mes de junio con el respaldo de los dos partidos a una reforma que incluye la regularización de 11 millones de indocumentados, los líderes republicanos de la Cámara han reiterado que no considerarán ese mismo texto y que prefieren crear uno nuevo.

El proceso de debate de la reforma en la Cámara de Representantes ha provocado una gran división entre los republicanos, que prefieren dividirlo en varias leyes, y los demócratas, que apuestan por someter a votación directamente el texto del Senado. La opción de los republicanos permitiría a los legisladores respaldar opciones menos comprometedoras con su electorado -de cara a las legislativas de 2014- como el aumento de la seguridad en la frontera o los controles a empresarios, mientras rechazan la regularización de ‘sin papeles’.

Obama defendió en un principio que este planteamiento no era el adecuado, ya que arriesgaba una reforma que no incluya un elemento que él considera imprescindible: la vía para que los indocumentados logren la ciudadanía estadounidense. Sin embargo, en las últimas semanas el presidente se ha mostrado más flexible en un gesto recibido positivamente por los republicanos.

“Si quieren partirlo en cinco piezas, mientras logren aprobar las cinco partes, no me importa cómo sea”, declaró Obama durante una entrevista en un foro organizado por The Wall Street Journal. “Lo que no queremos hacer es simplemente ocuparnos de una parte y dejar otras atrás que también tienen que ser resueltas”.

El presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, respondió entonces a las palabras de Obama asegurando que se alegraba de que por fin hubiera accedido a ese planteamiento. “Me anima saber que el presidente dijera que no va a bloquear una reforma por partes. Como ya saben ese es el método que han adoptado los republicanos de la Cámara”, dijo su líder, Boehner.

Obama se queda solo en la defensa del acuerdo con Irán

ANÁLISIS

Obama se queda solo en la defensa del acuerdo con Irán

La Casa Blanca se enfrenta a la posible aprobación de sanciones en el Congreso y a una revuelta de sus aliados en Oriente Medio

El presidente Obama a su llegada a Seattle este domingo. / JEWEL SAMAD (AFP)

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Barack Obama afronta el reto más importante de la política exterior de su presidencia, la reconciliación con Irán, en absoluta soledad, sin apoyos claros ni dentro ni fuera de Estados Unidos, obligado a demostrar en poco tiempo que existen garantías verificables de mantener el programa nuclear iraní bajo control y que no existe peligro inmediato para los principales aliados norteamericanos en Oriente Medio.

La posición de Obama tras la firma de acuerdo interino es bastante más incómoda que la de sus colegas europeos en Ginebra. El presidente norteamericano, no solo se enfrenta a una dura oposición de ambos partidos, incluido el suyo propio, en casa, sino que ve amenazada la arquitectura tradicional de influencia de EE UU en la región. Israel y Arabia Saudí, los dos pilares sobre los que se ha asentado la estrategia norteamericana, están en contra del pacto con Irán y reconsiderando sus relaciones con Washington.

En realidad, ambos focos de oposición están vinculados. El rechazo al acuerdo en el Congreso estadounidense es, en parte, reflejo de las quejas de Arabia Saudí y, sobre todo, de Israel. Al mismo tiempo, ambos países están decididos a plantar cara a Obama porque saben que cuentan con poderosos amigos en el Capitolio.

Aunque el compromiso firmado en Ginebra abre un periodo de seis meses para consolidar los acuerdos todavía provisionales, Obama no tiene un plazo tan largo para vencer la resistencia detectada en el Senado. Varios senadores, tanto demócratas como republicanos, han expresado su intención de discutir un nuevo paquete de sanciones a Irán a comienzos del mes próximo, en cuanto acabe el actual receso de Thanksgiving (Acción de Gracias).

Fueron las fuertes sanciones, no el buen corazón de los líderes iraníes, lo que llevó a Irán a la mesa de negociaciones”, recordó Schumer

Uno de los que se ha manifestado a favor de considerar esa opción es uno de los habituales aliados de Obama en otros aspectos de su agenda, el senador demócrata Charles Schumer, quien se ha quejado de que el acuerdo de Ginebra “carece de la necesaria proporcionalidad” y, por tanto, “aumenta la posibilidades de que demócratas y republicanos actuemos juntos para aprobar nuevas sanciones en diciembre”. “Fueron las fuertes sanciones, no el buen corazón de los líderes iraníes, lo que llevó a Irán a la mesa de negociaciones”, recordó Schumer.

De parte de los republicanos, la oposición al pacto con Irán estaba ya garantizada desde antes de anunciarse. El senador Mark Kirk, que encabeza la política de su partido en este asunto, ha declarado que el régimen islámico ha hecho solo “concesiones cosméticas” y que no puede aceptarse nada que no sea el “completo congelamiento del programa nuclear”. El senador John McCain ha calificado la política exterior de esta Administración como la peor que ha conocido en toda su vida.

Si la oposición del Congreso se concreta en la aprobación de nuevas sanciones contra Irán en los próximos días, Obama podría verse obligado a vetarlas para impedir que descarrile todo el proceso en marcha. Uno de los instrumentos de la Casa Blanca para evitar llegar a ese punto es tratar de aplacar la ira de Israel, lo que ha ya ha empezado a hacer con una llamada telefónica de Obama al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.

El senador McCain ha calificado la política exterior de esta Administración como la peor que ha conocido en toda su vida

El argumento principal de la Administración es el de que, a largo plazo, la seguridad de Israel se verá mejor garantizada por un acuerdo verificable que impida la construcción de armas atómicas en Irán que por un ataque militar que podría desencadenar duras represalias contra Israel sin asegurar que fuera destruida por completo la capacidad nuclear iraní.

Además de los beneficios para la seguridad en Oriente Medio, EE UU tiene por delante, en el caso de que este acuerdo prospere, una opción para remodelar la región, como se pretendió antes con la guerra de Irak, pero desde una posición mucho más realista y viable. Al margen de la alianza con Israel, que es irreversible y está fundamentada en principios que desbordan los intereses nacionales, EE UU lleva tiempo detectando un debilitamiento de su posición en Oriente Medio. La dependencia de Arabia Saudí se ha agudizado en los últimos años, al tiempo que otros aliados importantes, como Egipto, perdían relevancia por culpa de sus revueltas internas.

La necesidad de un reajuste de la posición de EE UU parece evidente, con o sin acuerdo con Irán. El acuerdo obtenido en Ginebra podría permitir abordar ese reajuste con la colaboración de Teherán. La posibilidad debería ser lo suficientemente atractiva como para que Obama pudiese encontrar aún aliados en el camino.

Los iraníes reciben como héroes a los negociadores

Los iraníes reciben como héroes a los negociadores

La población espera mejorar sus condiciones de vida tras la reducción de las sanciones de Occidente

El pacto nuclear, en las portadas de la prensa saudí. / FAYEZ NURELDINE (AFP)

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Como si del equipo nacional de fútbol se tratara, varios cientos de iraníes recibieron en la madrugada de ayer a su ministro de Exteriores, Mohamed Javad Zarif, y el resto de los negociadores nucleares en el aeropuerto de Teherán. “Saludos a los embajadores de la paz”, rezaban las pancartas. Aunque en general ha habido más alivio que euforia, su júbilo expresaba el respaldo popular al acuerdo alcanzado 24 horas antes en Ginebra para limitar el programa atómico a cambio de una reducción de las sanciones internacionales. También la prensa, con la excepción de la más ultraconservadora, compartía el entusiasmo.

“Zarif se ha ganado una medalla de oro”, titulaba el diario reformistaArman junto a una fotografía del ministro nada más llegar a Teherán, junto a la hija de uno de los cinco científicos nucleares asesinados en los últimos años. Otros periódicos iban más lejos y sacaban en portada su apretón de manos con el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, algo que solo hace cuatro meses hubiera sido impensable. “El apretón que ha permitido salir del atolladero”, encabezaba Etemad.

El apoyo del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, al acuerdo nuclear amortigua en buena medida el malestar de los ultraconservadores, que en todo momento han equiparado la menor concesión con capitular ante EE UU. No obstante, su portavoz más establecido, el Kayhan que dirige Hosein Shariatmadari, aprovechaba la distinta interpretación que iraníes y estadounidenses hacen en lo relativo al enriquecimiento de uranio para asegurar que el pacto “no duró ni una hora” porque Kerry declaró que no reconocía ese derecho de Irán, en contra de lo asegurado por Zarif. “América no es de fiar”, advertía en su portada.

Pero la mayor parte de los iraníes no se paraba tanto en esas disquisiciones interpretativas como en el hecho de que por primera vez en muchos años su país establece una relación constructiva con el mundo exterior. Ese paso abre las puertas al desarrollo y la mejora de las condiciones de vida que durante tres décadas largas se les han negado en aras de la ideología.

“La mayoría de las sanciones impuestas contra Irán estaban afectando a la economía. Lo que hemos conseguido va a permitir que se liberen algunos haberes iraníes. Creo que las cosas van a mejorar, incluso la cotización de la moneda ha subido”, comentaba Mostafa Jafari, uno de los jóvenes que acudió al aeropuerto a recibir al equipo negociador, ante las cámaras de televisión. En efecto, a las pocas horas de conocerse el acuerdo el rial se apreció casi un 3% con respecto al dólar.

A su lado, abrigados contra el frío de la noche, otros jóvenes, chicos y chicas, sujetaban pancartas con la imagen del presidente Hasan Rohaní, el impulsor de la nueva política iraní. En poco más de tres meses al frente del Gobierno, su pragmatismo ha conseguido romper el aislamiento internacional de Irán y alejar el espectro de un ataque militar. Ahora, el compromiso recién alcanzado con las grandes potencias le da margen para ponerse manos a la obra con los problemas que más preocupan a sus ciudadanos: la inflación galopante, las altas tasas de paro y la recesión.

“No me opongo al derecho a enriquecimiento. Pero también tengo otros derechos como el derecho a tener un trabajo o ver el desarrollo de mi país”, escribió recientemente una joven identificada como Saghar en la página de Facebook de Zarif. El ministro, un astuto usuario de los medios sociales a pesar de que siguen prohibidos en Irán, anunció el domingo por esa vía la conclusión del acuerdo. Pocas horas después 169.000 personas habían pulsado el icono de “me gusta”. Muchos de los que añadían comentarios le daban las gracias.

La CIA pagó a presos de Guantánamo para que fueran agentes dobles

La CIA pagó a presos de Guantánamo para que fueran agentes dobles

El programa, conocido como Penny Lane, infiltraba a miembros de Al Qaeda en sus países de origen para que reportaran de vuelta a Langley

Fotografía satélite de la instalación de la CIA en Guantánamo conocida como Penny Lane. / AP

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No muy lejos de las oficinas administrativas del centro de detención de Guantánamo, la CIA construyó ocho pequeñas viviendas que fueron bautizadas como El Marriot, debido a las comodidades que ofrecían frente a las condiciones y régimen espartano impuesto en las celdas de los presos comunes. Con cientos de presos llegando a la base naval militar de EEUU en Cuba –que pasarían los días languideciendo en sus celdas-, la CIA diseñó un programa para convertir en agentes dobles a algunos de los más peligrosos terroristas de Al Qaeda y lo bautizó como Penny Lane (la famosa canción de los Beatles).

El plan –ejecutado entre 2003 y 2006- era infiltrar a esos presos -a sueldo de la CIA- en las células terroristas en las que participaban en sus respectivos países y convertirles en informantes del Gobierno norteamericano, según han relatado funcionarios retirados y en activo a la agencia Associated Press.

El plan no estaba exento de riesgos, altos riesgos, ya que siempre existía la posibilidad de que una vez puestos en libertad en sus países, esos hombres traicionaran a la agencia de inteligencia y conspirasen contra EEUU. El programa se creo durante los años de George W. Bush en la Casa Blanca y también entrañaba el peligro de que esos agentes decidieran dar otra vuelta de tuerca a su estatus y convertirse en agentes triples, o sencillamente acabaran pasando información falsa a Langley que provocara ataques con drones erroneos sobre poblacion civil en Yemen y Afganistán.

El programa se creo durante los años de George W. Bush en la Casa Blanca y también entrañaba el peligro de que esos agentes decidieran dar otra vuelta de tuerca a su estatus y convertirse en agentes triples

No existen cifras exactas sobre el número total de presos que fueron reclutados para la operación Penny Lane, pero se estima que tan solo una docena fueron considerados y una pequeña fracción de ese número acabó trabajando para la CIA. En el mayor pico de ocupación del centro de detención, Guantánamo llegó a albergar a 779 presos. Hoy en día son 166 los hombres encerrados.

Las ocho pequeñas viviendas estaban ocultas detrás de un pequeño cerro y quedaban fuera de la vista debido a la maleza y altos cáctus. Penny Lane era la contraparte de otra instalación secreta de Guantánamo conocida como Strawberry Fields –otra canción de la mítica banda británica-, donde se encerraba a los presos “de alto valor” y cuyas probabilidades de abandonar en algún momento la isla eran nulas y estarían por siempre jamás encerrados, algo que indicaba la canción con el añadido de Forever (Strawberry Fields Forever).

Quienes formaron parte del programa tuvieron una existencia que se puede considerar privilegiada dentro del gulag que es Guantánamo, ya que vivían con lujos tan simples como tener una cama, algo de lo que carecen los presos regulares, que duermen en catres. Los bungalós tenían cocinas privadas, duchas, sus propias televisiones y un pequeño patio. Según informa AP, algunos prisioneros solicitaron –y recibieron- material pornográfico.

Aunque la cifra de agentes dobles reclutados fue muy pequeña, el programa atrajo la atención del presidente Bush que se entrevistó con un joven que había regresado de Afganistán, donde generalmente la CIA se reunía con sus agentes. Barack Obama también tuvo conocimiento del plan de la CIA, aunque en su caso fue después de asumir el cargo en 2009 y ordenar que se investigase a todos esos expresos que eran agentes dobles y se analizase la información que pasaban para usarse en los ataques con los drones Predator, según relató un alto funcionario a AP.

Quienes formaron parte del programa tuvieron una existencia que se puede considerar privilegiada en el ‘gulag’ que es Guantánamo,ya que vivían con lujos tan simples como tener una cama, algo de lo que carecen los presos regulares, que duermen en catres. Los bungalós tenían cocinas privadas, duchas, sus propias televisiones y un pequeño patio. Algunos prisioneros solicitaron –y recibieron- material pornográfico

La infiltración de Al Qaeda ha sido una de las metas a la que más esfuerzo ha dedicado la CIA. Los candidatos a engrosar las filas de Penny Lane –todavía hoy visibles sus instalaciones a través de fotos satélite- tenían que tener vínculos legítimos con el terrorismo y, para ser de valor para la CIA, tenían que poder reestablecer esos vínculos con la red terrorista que entonces lideraba Osama Bin Laden.

El gobierno de Estados Unidos tenía tales esperanzas en Penny Lane que un ex funcionario de inteligencia recordó discusiones sobre si incluso liberar en secreto a un par de paquistaníes dentro de Estados Unidos con visas de estudiante o de empresario, con la esperanza de que establecieran vínculos con Al Qaeda y condujeran a las autoridades a miembros de una célula en Estados Unidos. Otro ex alto funcionario de inteligencia dijo que eso nunca sucedió, siempre según la agencia de noticias.

Los prisioneros aceptaban ser captados por la CIA por diferentes razones, pero entre ellas estaba el hecho de que se prometía seguridad y holgura económica para sus familias –la CIA pagó a esos agentes millones de dólares de la cuenta bautizada como Pledge (Compromiso)-. A pesar de la costosa inversión se desconoce si esos dobles agentes llegaron a proporcionar información de valor para el espionaje norteamericano o si concluyó con algún miembro  de Al Qaeda capturado o muerto. Con el tiempo, algunos agentes, sencilamente, dejaron de pasar información y desaparecieron del radar de Langley, sede de la Agencia en Virginia.

Los funcionarios entrevistados reconocen que Al Qaeda siempre tuvo en cuenta que tal programa se podía poner en marcha, por lo que desconfiaban de todos aquellos que regresaban a sus filas con las credenciales de haber pasado por Guantánamo, lo que amenazaba el éxito de Penny Lane.